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¿Necesito contratar a un editor para que revise mi manuscrito tras terminar de escribirlo?

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No te pierdas la respuesta, y los errores de ortografía más típicos

Cuando uno escribe una novela se concentra en la historia; en que esta transcurra, en que pase lo que debe ocurrir. En nuestra cabeza todo suena maravilloso, pero, de ahí a que los términos se transcriban como uno imagina, hay un trecho abismal. Es normal. Todos cometemos errores. De hecho, no es recomendable para un escritor pararse a leer y a releer continuamente lo que se ha escrito, porque si no, no hay manera de avanzar en la historia. Hay que seguir escribiendo, dejarlo dormir, y olvidarse de ello por un tiempo. Uno, además, ha de escribir sin miedo de qué pensará fulanito o menganito por haber escrito eso y esto otro. Tú, simplemente, escribe.

Pero un buen día terminarás tu novela, y entonces habrá llegado el momento de la edición; de sacar esa vocecita crítica que todos llevamos dentro; de limpiar de porquería tu libro. Porque, en estos meses (o años) se ha cubierto de polvo y basurilla, como lo hace tu propia casa día tras día.

Y, ahora, la pregunta del millón. ¿Necesito contratar a un profesional para editar mi novela? La respuesta es . A no ser que tú seas editor o amante de las letras, y seas de los que no comete ni una falta (los hay). Pero pocos son los casos en los que el escritor es, además, un erudito de la lingüística. Escribir bien no es tarea fácil. En inglés hay varios programas que ayudan a pulir los textos (incluso documentos tan extensos como una novela). Con ProWritingAid y Grammarly es facilísimo escribir una pieza de texto potable en el mencionado idioma. 

En español… es otra historia. El procesador de textos de Word te va a ayudar en lo más básico. Si pones «andé» en lugar de «anduve» sí te lo va a corregir. Solo faltaba. De hecho, ahora mismo he tenido que escribirlo tres veces, porque me lo ha corregido dos. Pero el Word no caza todos los errores, porque en español hay palabras que a veces van con tilde y otras, sin ella, e igualmente, en cuanto a identificar problemas de estilo, de eso, el programa no sabe nada de nada. 

Los programas que he sugerido para el idioma inglés son realmente una maravilla, y no solo corrigen faltas básicas, sino que te recomiendan cómo puedes mejorar el texto para hacerlo más rico, directo y atractivo. Por si esto fuera poco, también te informan sobre las veces que has repetido expresiones o palabras, si has plagiado a alguien, y un largo etcétera. Es injusto; debería haber una versión de estos programas en español. Pero demos tiempo al tiempo. Ya aparecerán.

Por otro lado, una cosa es escribir una redacción o un pequeño artículo, y otra muy diferente es escribir un libro entero. Si no te importa gastar, entonces, siempre será una buena idea contratar a un editor antes de enviar tu libro a una editorial o a un agente literario. Lo sé, da pereza. Sobre todo, gastar. Más que pereza, da reparo; con lo caro que es todo en esta vid; con la crisis que hay. Pero es tremendamente fácil cometer errores. Yo aún sigo releyendo mi primera novela y siempre, SIEMPRE, encuentro algo. Son cosas pequeñas, de las que mucha gente no se daría cuenta, pero mejorables. 

Quizá tengas un buen amigo amante de la gramática a quien no le importe hacerte este magnífico favor. Sin embargo, corregir una novela, déjame decirte, no es agradable para nadie: supone mucho esfuerzo y dedicación, y, si quieres que otros hagan bien un trabajo tan importante (como tú te mereces), entonces deberías pagar a un profesional, pues es una inversión que vale la pena hacer.

Si no tienes dinero para contratar a un profesional, entonces deberás convertirte tú en uno. Con tiempo y dedicación, tú puedes hacerlo. Pero, antes de continuar, déjame pedirte algo: No te sientas mal si tienes errores en tus escritos. Eres escritor, sí; pero porque escribes historias. El trabajo de escritor es el trabajo de escritor, y el de editor es otro completamente diferente. Un editor o una persona que lee tu libro y te señala todos tus errores quizá pueda escribir un libro, pero lo usual es que no sean capaces de tal hazaña. Si lo fueran, ellos mismos también habrían publicado un libro, ¿no crees? Es decir, siéntete orgulloso de saber crear historias de la nada y contarlas. No te vengas abajo por tener faltas de ortografía y gramática. Con el tiempo y con la práctica, lo cierto es que el número de fallos que cometas irá disminuyendo. 

Escribir bien es un arte, y dominar un arte conlleva un proceso de aprendizaje largo. Pero la buena noticia es que tu escritura tan solo puede ir a mejor con los años (legal disclaimer: a no ser que tengas un problema de salud). 

De acuerdo; voy a editar mi propia novela. ¿Por dónde empiezo?

En primer lugar, concéntrate en corregir TODAS tus faltas de ortografía. Es normal que tengamos algunas, porque, aunque sepas dónde van las tildes, al escribir rápidamente, se te van a escapar inevitablemente muchas de ellas. También habrá erratascomas mal puestas, muchas comas, pocas comas… Quizá tengas que leer tu libro dos o tres veces, una vez hayas terminado, para asegurarte de que todos estos errores desaparecen. 

Incluso si vas a enviar tu manuscrito a un profesional para que lo corrija y sugiera cambios, esta es mi recomendación: Siempre has de pulir el texto, tanto como puedas. Porque, de esa manera, el editor podrá concentrarse en cosas más importantes, que solo él puede ver; porque tú no quieres que esta persona pierda su tiempo poniendo o quitando tildes. Sencillamente, no te conviene.

Si dejas todo ese trabajo para este profesional, entonces, no te va a hacer ninguna aportación valiosa extra. Simplemente, va a gastar todo su tiempo y energía en corregir cosas que tú mismo puedes cambiar, con un poco de esfuerzo por tu parte. «¿Qué? ¿Me estás diciendo que tengo que leer mi novela tres veces tras terminarla? ¡Ay, no, estoy cansado de ver siempre la misma historia!» Si eres de los que piensan así, te diré que, si tú no encuentras tu historia tan emocionante como para leerla dos o tres veces seguidas, entonces otros van a aburrirse al leerla, también; algo le debe de faltar a tu historia. ¡Ponte a reescribir y a editar ya!

La dificultad viene cuando un escritor comete faltas porque ni siquiera conoce las reglas de la gramática española. Hay escritores que tienen muchas; a veces, demasiadas, y eso es porque ignoran muchas normas de escritura. Así que, si quieres ser escritor, deberás aprender a escribir correctamente. Lee. Léete el diccionario, si hace falta. Lee a los buenos; clásicos y contemporáneos; lee lo que tú has escrito. Léelo en voz alta, y vuelve a leerlo tantas veces como sea necesario.

Pare reducir el número de faltas que cometes, asegúrate de leer libros sobre cómo escribir mejor. Hay un ciento. También debes acceder a la RAE e informarte. ¿Ha aceptado nuevos términos? Que a tu escrito le falten o sobren tildes es imperdonable. Yo era de las que seguía escribiendo «sólo» con tilde cuando se trata de adverbio, hasta que en la editorial con la que publiqué mi primer libro me contaron que la RAE ahora prefería que dejásemos de usar tinta en tildes, si podíamos prescindir de ellas. Los pronombres “esa, ese, esta, este, aquella, aquel» solían llevar tilde para que no se confundiesen con los determinantes, pero ahora también son preferibles siempre sin tilde. 

Los errores más típicos que debemos evitar

~Para empezar, estos cuatro tipos a veces son algo impertinentes:

 «Por qué»– Secuencia formada por la preposición «por» y el interrogativo o exclamativo «qué». Es la de las preguntas. «¿Por qué me haces esto?» (¿por qué motivo?)

 «Porque» –Conjunción causal; la de las contestaciones: «¡porque me da la gana! ¡Porque sí!»

 «Porqué» –Sustantivo; sinónimo de causa, motivo «¡Pero al menos explícame el porqué!»

 «Por que» – Se usa cuando la preposición «por» es seguida por la conjunción «que», e introduce una oración subordinada. «Estaba ansioso por que su padre llegara» o «rezó por que él nunca más apareciese».

También tiene un uso menos común y más poético:  cuando se puede sustituir por «por lo cual», «por lo que», «por el que». La vía por que pasaba el tren estaba oxidada.

~El queísmo es la supresión (indebida) de la preposición «de» delante de la conjunción «que». «Me alegro que vengas» es un queísmo y debería decirse: «Me alegro de que vengas» o «me alegra que vengas». Es un error muy típico, porque uno no quiere caer en el dequeísmo, que suena tan mal, y que es el perturbador uso de la preposición «de» delante de la conjunción «que» con verbos que no la necesitan. Ejemplo: «Pienso de que…»; resulta hasta difícil de escribir. Se piensa algo, no se piensa de algo. 

~El leísmo es otro gran problema de los hispanohablantes (ocurre con mayor frecuencia en ciertas partes de España, como Madrid). Surge al utilizarse el pronombre «le» cuando, en realidad, debería usarse «lo» o «la». Es un fenómeno súper extendido en nuestro país, y en mi opinión, la RAE ha contribuido a ello por admitir varios tipos de leísmo (el de masculino, en tercera persona de singular, el más común.): «A Manuel le vi ayer», cuando, en realidad debería ser «Lo vi ayer» o «A Manuela la vi ayer».

Cuando el pronombre es complemento directo, deben usarse las formas lolos para el masculino (singular y plural, respectivamente) y lalas para el femenino (singular y plural, respectivamente). Cuando el pronombre desempeña la función de complemento indirecto, deben usarse las formas le, les (singular y plural, respectivamente), con independencia del género de la palabra a la que se refiera el pronombre:

Le (CI) pedí un libro (CD) a mi padre (el libro es el directo y a él le pedí, así que el «le» es indirecto.)

El otro día estaba viendo «El Inocente» en Netflix, que por cierto está bastante bien, y José Coronado y casi todos los actores españoles dijeron más leísmos que días tiene un año. Lo gracioso es que, en los subtítulos, la persona a cargo de escribirlos, los corrigió todos. No me preguntéis por qué tenía los subtítulos puestos. Bueno, venga, va: porque, hoy en día, la dicción de algunos actores españoles, es bastante vaga.

Algo menos extendidos están el laísmo y el loísmo. El laísmo consiste en emplear «la» o «las» del pronombre personal como objeto indirecto, en lugar de «le» o «les».

Ejemplo:  «La traje un libro». INCORRECTO.

«Le traje un libro» CORRECTO

El loísmo me parece realmente complicado. Es emplear «lo» o «los» como objeto indirecto, en lugar de «le» o «les».

«A Manuel lo salió una nuez pasada».

Si quieres aprender más sobre los leísmos, y, sobre todo, librarte de ellos ¡lee este artículo!

~Por otra parte, si eres de los que dicen «detrás tuyo», «delante mío» o «enfrente suya», en lugar de «detrás de ti», «delante de mí» y «enfrente de él/ella», entonces quizá te falten unas horillas de cocción. Y es que hay que evitar el uso de adverbios (cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente) con adjetivos posesivos (mío, tuyo, suya…)

~Hay gente que dice «no puedo dar más de sí», cuando deberían decir: «no puedo dar más de mí», «no puedes dar más de ti»o «él/ella ya no da más de sí». Es necesario que el pronombre concuerde con el pronombre reflexivo.

~El «deber + infinitivo» y «deber de + infinitivo» muchas veces crea confusión entre la gente. Deber + infinitivo indica obligación/deber: «Debes marcharte». Deber de + infinitivo indica Suposición/probabilidad: «Debes de ser bobo, amigo». 

¿Cuántas veces escuchamos cosas como esta? «El animal debía de ser sacrificado cuanto antes, porque de aquella manera estaba sin duda sufriendo». INCORRECTO.

«El animal debía ser sacrificado cuanto antes, porque de aquella manera debía de estar sufriendo». CORRECTO.

Cuando puedas sustituirlo por «tiene que ser» (obligación, deber), entonces es deber + infinitivo. Cuando alguien no está seguro de algo se pone ese «de». «Debe de ser lunes mañana, ¿no?»

Se dice que la expresión «deber + infinitivo» también se puede usar como suposición: «debe ser martes hoy»,pero a mí no me gusta. Además, permitir esto es lo que hace que la gente se confunda. Es igual que lo que ocurre con el leísmo; la RAE permite varios leísmos y así nos luce el pelo, porque luego vamos por la vida diciendo cosas como: «le vi ayer». 

Si tú no estás seguro de que hoy es martes, entonces usa el «deber de + infinitivo». «No sé… debe de ser martes, ¿no?»

Estos son los errores más básicos, que debes aprender a atajar. Una vez que hayas corregido estas cositas, deberás mejorar tu estilo. Siempre hay posibilidad de mejorar nuestro estilo. ¡Nadie puede alcanzar la perfección! 

Por eso, lee este artículo, en donde podrás leer consejos prácticos para mejorar tu estilo.

17 Consejos prácticos para editar tu propia novela

Ejercicios de gramática y ortografía

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Así es. A veces, sentimos que lo que hemos escrito es basura; digno de ser quemado y reducido a cenizas, para que el viento se lleve nuestro manuscrito a lejanas tierras. Pero no hace falta ser tan extremo. Todo se puede arreglar (menos la muerte).

En primer lugar, tendrás que comprobar que no has cometido faltas de ortografía. El programa de Word ha mejorado bastante con los años, pero sobre todo, como se explica en este artículo (https://lovelydew.com/2021/05/23/necesito-contratar-a-un-editor-para-que-revise-mi-manuscrito-tras-terminar-de-escribirlo/ ), lee. Lee mucho, y aprende las reglas básicas del idioma español. Si quieres ser escritor, o si ya lo eres, deberás dominar la ortografía española.

Una vez que has aniquilado las faltas básicas, las de ortografía, ha llegado el momento de que te concentres en la gramática, y en el estilo de tu escritura. Espera, antes vamos a recordar qué es cada cosa. ¿Cuál es la diferencia entre ortografía y gramática? ¿Lo sabes?

La ortografía es un conjunto de normas del lenguaje con el fin de que todos hablemos bien y consistentemente.

La gramática estudia la estructura de las palabras, cómo estas se mezclan y forman frases.

Como llegados a este punto, seguramente seas un experto en ortografía, vamos a hablar ahora sobre cómo mejorar nuestra gramática; nuestro modo de plasmar historias; nuestro estilo.

Lo cierto es que cada escritor tiene el suyo propio; una capacidad única de captar la realidad, y una voz característica e implagiable (esta palabra no existe, pero yo creo que debería existir; por eso la pongo en cursiva, porque es de mi diccionario particular). Sin embargo, a veces, nuestro estilo está algo recargado, o no es claro, o es demasiado parco, o no tiene alma… Siempre hay posibilidad de mejora, y alcanzar la perfección es prácticamente imposible. Así que, si te gustaría mejorar tu estilo, sigue esta guía de consejos prácticos para escribir mejor:

  1. Olvídate de los adverbios

Espera, ¿me vas a decir que los adverbios están mal? ¡Pero si están en el diccionario de la RAE! A ver, no es que estén mal, pero si quieres reforzar tu narrativa, ir al grano, hacer que el lector comprenda rápidamente lo que quieres contarle, entonces tendrás que reducir su uso.

Lo cierto es que hay un verbo para cada ocasión, y, como no los conocemos todos, entonces nos empeñamos en usar uno débil, uno común, y al lado le ponemos un adverbio porque nos damos cuenta de que ese no es el verbo de nuestra vida; de que este verbo no expresa lo que queremos decir con exactitud.


Débil: «Manolo fue rápidamente a la oficina»
Fuerte: «Manolo se apresuró a la oficina»
Débil: «Sonia habló bajito a su hija»
Fuerte: «Sonia susurró a su hija»
Débil: «Se agarró fuertemente»
Fuerte: «Se aferró»
Débil: «Cerró la puerta fuertemente»
Fuerte: «Aporreó la puerta»
Débil: «Fue hacia allí»
Fuerte: «Se dirigió»
Débil: «Pedro le habló enfadado»
Fuerte: «Pedro le reprendió o le riñó»


¿No es mejor usar solo una palabra en lugar de dos?
Los adverbios hacen que todo se entienda peor, o más tarde, y el lector a veces tiene que leer las frases dos veces. Así, cuando escribas un verbo, piensa: ¿Es este el verbo adecuado? ¿Refleja con claridad lo que quiero decir? Si no lo hace, ¡sigue buscando! ¡Hay muchos!

  1. ¡Deja de repetir la misma palabra!

    Verbos como «saber», «decir», «sentir», «ver» o «saber» son usados hasta la saciedad. ¿Te has dado cuenta de la repetición?

    Cuando termines de escribir tu novela, pulsa «Control F» y haz una búsqueda de estos abusados verbos. Verás cuántas repeticiones encuentras.

    Mi hermana me puso verde cuando puse la palabra «semejante» diez veces en mi primera novela. Yo ni me di cuenta, pero ahora, la utilizo solo nueve. Es broma, trato de ponerla una sola vez, porque me quedé algo traumatizada.

  2. Repeticiones cercanas

    A veces, ¡duplicamos una misma palabra (o un derivado de ella) que acabamos de escribir hace una línea o dos! Al hacer esa búsqueda con «Control F», asegúrate de que las palabras o frases repetidas mantienen una distancia de seguridad prudencial, como cuando vas en coche.

    «Se cansó de esperar porque llevaba esperando una hora».

    ¿Por qué no pruebas a decir lo siguiente?:

    «Se cansó de esperar porque llevaba así una hora».

  3. Elimina los clichés

    Olvídate de metáforas, símiles y frases hechas por otros. Las frases o expresiones cliché se han repetido hasta la saciedad y ya apestan. Hay mil maneras con las que te puedes expresar. Piensa, usa tu imaginación y tu capacidad de observación. Eres escritor; seguramente tengas un mundo interior riquísimo, así que cuando tengas un pensamiento original, apúntalo en una libreta y úsalo más tarde en tus historias. Pasado un tiempo, con la práctica, verás que tu voz se deja escuchar con más facilidad.

    Ejemplos de frases cliché:

    «El tiempo o el amor lo curan todo» (esto, además, ¡es mentira cochina!)
    «En la guerra y en el amor todo vale».
    «Un clavo saca a otro clavo».
    «El tiempo vuela».

    Y un largo etcétera.

  4. ¡Atento a esas odiosas redundancias!

    Los pleonasmos son palabras que no necesitas, porque esa información ya la estás dando con otro vocablo. Ahorra en papel. Salvarás árboles.

    «Empezó por primera vez en Agosto». «Empezar» ya indica «por vez primera».

    Los famosos «Subí arriba», «bajé abajo», «entré dentro», y «Salí afuera». Estos verbos ya clarifican por sí solos adónde has subido o bajado. Es decir, no se puede subir abajo o bajar arriba.

    «Lo vi con mis propios ojos». (Me preocuparía que lo hubieses visto con los del vecino, la verdad).

    «Le tocó un regalo gratis» (¿no me digas? ¿De verdad fue gratis el regalo? Qué cosa, oye).

    «En un supuesto hipotético». Un supuesto es siempre hipotético.

    «La blanca nieve» (A ver, bueno, si han matado a alguien en la nieve seguro que esta es roja, pero por regla general, es blanquísima).

Estos son ejemplos reales de una novela publicada:

«Entonces… Miró hacia arriba poniendo los ojos en blanco».

(¿Por qué no pruebas a decir, simplemente: «Puso sus ojos en blanco»? Si estás poniendo los ojos en blanco, estos siempre mirarán hacia arriba).

«Uno de los nuestros, incluso mató a uno de nuestros propios soldados».

(Aquí hay repetición y pleonasmo. Tan solo, di: Uno de los nuestros mató a un camarada).

6. Usa formas pasivas, pero con cuidadín

A veces suenan mejor, pero normalmente, entorpecerán la lectura. Una forma verbal activa suena más directa y se entiende mejor.

«Las calles estaban abarrotadas de alegres gentes».
Cámbialo por «Alegres gentes abarrotaban las calles».
«La pelota fue golpeada por Martín».
«Martín golpeó la pelota».

Por supuesto, hay veces en las que suena mejor utilizar la forma pasiva del verbo, porque si decimos:

«Manolo fue arrojado por los aires tras el impacto del coche».

Queda mejor decir eso que «el coche de Manolo lo arrojó por los aires», porque la acción principal es que Manolo fue arrojado por la fuerza del impacto. Y es cierto que la fuerza del impacto (sujeto) fue quien arrojó a Manolo (verbo en forma activa); pero en este caso es mejor decir esta información en forma pasiva, porque el coche es un objeto, y lo importante no es el coche sino Manolo.

Las pasivas, a veces, quedan mejor. Pero, normalmente, nos pasamos y abusamos de ellas.

7. Añade transiciones

Transiciones son pequeñas palabras que relacionan dos frases, como por ejemplo «de igual manera/modo», «Por lo tanto», «por ello», «consecuentemente», «Así»; «de este modo»… hay un ciento de ellas.

Estas palabras ordenan el texto y ayudan al lector a comprender mejor el mensaje. Cuando escribes “por ello”, entendemos que lo que acabamos de leer es la causa de lo que vamos a leer a continuación. En definitiva, hacen que el lector comprenda antes el mensaje, o que no abandone tu libro por pereza, de lo mucho que le está costando entender los conceptos que se describen en él.

8. Reduce las frases pegajosas

¿Qué es una frase pegajosa? Son frases llenas de términos vacíos, como determinantes (el, la, le, los, las, les) pronombres (yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos), verbos vagos (ser, haber), adverbios (allí, así), preposiciones (a, ante, cabe, bajo, de, desde, para, por, según, sin, so, sobre, tras… ¿te suenan?)

Todos estos términos son necesarios, pero cuando pones un puñado de ellos pueden convertir la frase en pegajosa. Las palabras pegamento son las que llevan al lector a comprender las ideas, la acción, pero es que a veces nos pasamos de pegajosos.

Pegajoso: «Susana caminó por el patio trasero, para ver si por allí había una bicicleta que pudiera utilizar en su clase».

Más claro: «Susana recorrió el patio trasero tratando de encontrar una bicicleta para su clase».

Pegajoso: «Tomás era el propietario de un hotel en el cual había mucho trabajo que hacer todos los días»

Más claro: «Tomás regentaba un hotel que requería mucha dedicación».

Pegajoso: «Medía por lo menos tres metros de diámetro por lo que no era para nada claustrofóbico».

Mejor: «Medía tres metros de diámetro por lo que no era claustrofóbico»

9. Trata de escribir las palabras completas: no uses abreviaturas

No pongas abreviaturas, como «ud» en una novela. Haz el favor de escribir «usted». ¡No seas vago! Hay escritores que lo hacen.

10. Mejora tus diálogos

~Los diálogos poco naturales pueden hacer que alguien deje de leer tu libro. Yo lo he hecho con miles. Ten en cuenta quién habla, ¿es un niño o un adulto? ¿Hombre o mujer? ¿Educado o es un cafre? ¿Es de otro país?
Asegúrate de utilizar la raya, y no el guion. Hay muchas novelas de escritores noveles que llegan a las editoriales con guiones, en lugar de rayas. ¡Estamos escribiendo en español!

—Lo cierto es que no sabría qué decirte. Me asombra lo que me cuentas —dijo el niño.

Es un poco irreal que un niño hable así, ¿no crees?

—Me apasionaría ir a cenar contigo, y, a continuación, quizá podamos pasear de la mano mientras observamos las estrellas. Tengo entendido que hoy va a hacer una noche espectacular —dijo el obrero de la construcción.

La verdad es que no es muy probable que un obrero se exprese así.

~Por otro lado, a veces los diálogos resultan extraños por los verbos declarativos que usamos. Algunos escritores noveles quieren hacer ver al editor que tienen un vocabulario rico y emplean verbos diferentes todo el tiempo: «especificó él», «declaró ella», «exclamó el chico». Esto no está bien. El verbo decir funciona bastante bien, y no distrae de lo que está ocurriendo en el diálogo.

Sin embargo, usar la forma pretérita del verbo decir («dijo él/dijo ella»), como verbo declarativo, todo el santo tiempo, tampoco está bien. De vez en cuando hay que alternar, porque si no, el diálogo puede acabar sonando estúpido. No satures tu diálogo ni con verbos difíciles y cambiantes, ni con «dijo él/dijo ella».

A veces no hace falta poner nada. Muchas veces se sabe quién está hablando, sin necesidad de especificar. El lector no es tonto.
Lee lo que has escrito con atención, y en voz alta, ya que esto te ayudará a ver si hace falta especificar quién ha dicho algo en ese diálogo.


~Además, recuerda que al lector le gusta más que el escritor le muestre y no que le diga todo continuamente.

Bien: —No vas a ir —dijo su madre enfadada.
Mejor: Su madre golpeó la mesa —No vas a ir y punto.

Como puedes ver, en el segundo ejemplo, hay solo una raya de diálogo en lugar de dos, y eso es preferible, porque el lector comprenderá más rápidamente el mensaje, y, además, se formará su propia idea con la imagen que le has proporcionado.

Lo que ha de hacer el narrador es contar lo que ocurre, pero no describir cómo se sienten los personajes todo el rato. Es decir, no me lo digas todo; déjame ver a la madre golpeando la mesa y yo decidiré si está enfadada o no. Probablemente, sea una obviedad decir que su madre está enfadada; lo sabremos por el contexto (por lo que quiera que haya pasado en la historia) pero el lector querrá ver, además, cómo reacciona este personaje. ¿Cómo muestra su enfado la madre? Ya juzgaré yo si me parece una reacción adecuada, dependiendo de lo que haya hecho su hijo. Quizá sea tan grave lo que hizo, que yo, no solo hubiera golpeado la mesa, sino también la pared. En cualquier caso, quiero ver la reacción de la madre; no que me digas cómo se siente, porque su reacción me va a contar qué siente y cuan enfadada está.

  1. No te pases con los pronombres

    Ten cuidado con los pronombres; especialmente con los del comienzo de la frase.

    «Ella sabía de qué hablaba él. Ella le conocía bien y sabía que él siempre comenzaba sus relatos de aquella manera tan suya».

    El porcentaje de pronombres debería ser del 4 al 15% (eso dicen). A ver, claro, no vas a ponerte a contar todos tus pronombres y calcular el porcentaje utilizado, pero yo te doy la información, por si te sirve.

    De nada.

  2. Varía tus frases

    Es importante variar la composición de tus frases para mantener el interés del lector. Si siempre escribes la típica frase de sujeto más verbo más predicado, misma longitud y mismo todo, tu texto se hará tedioso. Alterna una frase corta aquí, una media allá. La media suele ser de once a dieciocho palabras por oración.

    «La fachada de la casa era roja. La puerta del portal era grande. Había una escalera de mármol dentro. También tenía ascensor».

    Por el amor de Dios, ¡me duermo! Zzzzzz.

    Prueba a mezclar estructuras: «La casa, de roja fachada, tenía una gran puerta de entrada. Ya dentro, una escalera de mármol llevaba a los visitantes al ascensor».

  3. ¿Tus frases parecen párrafos?

    Esto es algo súper común en muchos escritores. Uno se embala, y sigue con su historia, pero no se ha dado cuenta de que su frase es como un día sin Netflix; es decir largo y aburrido (nota: cliché de reciente creación). Y la cuestión es que las frases tan largas no suelen tener sentido, porque te has ido de paseo por los cerros de Úbeda, y has empezado a hablar de otro tema. Lo mejor para evitar frases largas es leer el texto en voz alta.
    Hay veces en las que algunas frases largas (bien escritas) funcionan. Pero, normalmente, trata de evitarlas.

    «Rara vez lloraba, pero ese fin de semana era la tercera vez que lo hacía, por creer que había perdido a su hermano; después, tras la confirmación de aquellas revelaciones que la ayahuasca le había sugerido, y cuyo recuerdo no había querido recuperar, pero estas lágrimas, sin duda, sabían más amargas que ninguna otra, porque había conocido a una persona maravillosa, había disfrutado de una aventura apasionante con ella, y, después, había sido traicionado por la chica».

    ¿A que te ha agotado leerlo? Quizá incluso hayas dejado de leer este artículo. ¡No me extrañaría nada!

    Haz las frases más cortas. Usa puntos, y puntos y comas.

    «Rara vez lloraba, pero ese fin de semana era la tercera vez que lo hacía. Primero, por creer que había perdido a su hermano. Después, tras la confirmación de aquellas revelaciones que la ayahuasca le había sugerido, y cuyo recuerdo se había negado a recuperar. Pero estas lágrimas, sin duda, sabían más amargas que ninguna otra. Había conocido a una persona maravillosa; había disfrutado de una aventura apasionante con la chica; y, después, había sido traicionado por ella».

En mi opinión, José Saramago en su libro «Las intermitencias de la muerte», escribió una frase (la segunda), que es como un día sin pan. ¡Después de «justificado» tiene que haber un punto! Y, después de «semejante», una de mis palabras favoritas, un punto y coma. Quizá esto sea cosa de la editorial, porque recordemos que en 1998 Saramago fue premio Nobel de Literatura.

14. Utiliza tus cinco sentidos

Cada persona tiene una manera diferente de entender el mundo. Unos somos más visuales, otros más auditivos y otros, kinestésicos (sí, sí, como lo oyes; es un término de esos raros de la programación neurolingüística – PNL- que está tan de moda). Si eres kinestésico significa que eres más primitivo; de toquetear, de oler y de probar. Algunas personas son visuales y auditivas, o visuales y kinestésicas, o auditivas y kinestésicas. Por supuesto, todos tenemos una mezcla de los tres tipos, y (casi) todos usamos nuestros cinco sentidos, pero lo común es que predomine uno de estos tres modos de ver el mundo.

La cuestión es que si uno es visual y además es escritor pues tendrá una tendencia a usar el sentido de la vista sobre el oído o el tacto en su descripción.

Gráfico sacado del curso de Comunicación de la Escuela de Negocios de Barcelona (ENEB)

Por ello, a pesar de esas tendencias naturales tuyas (cualesquiera que estas sean), lo ideal es que describas la realidad usando los cinco sentidos. Por ello, antes de empezar a escribir, o en su defecto, una vez hayas terminado, piensa en tus personajes. ¿Cómo los describirías? Si lo has hecho con descripciones visuales, trata de imaginar cómo suenan. ¿Qué les gusta comer? ¿Tienen cosquillas? ¿Qué siente tu protagonista al oler comida? ¿Y si de pronto alguien está fumando? ¿Le gusta el olor a tu personaje o siente náuseas? ¿Ha fumado él alguna vez? ¿Cómo es su piel?; suave, áspera?

Además, tus personajes no son tú. Pueden tener trazas de tu personalidad, pero son diferentes; únicos. Así, tú quizá seas visual, pero tu personaje puede que sea auditivo o kinestésico. Por ello, has de pensar cómo perciben tus personajes la realidad que los rodea. Te puede ayudar a saber qué tipo son, pensando en su profesión. Por ejemplo, si se trata de un músico, es normal que su forma predominante de captar la realidad sea a través de los sonidos del mundo y de la música.

Si tienes en cuenta los cinco sentidos para describir la realidad, harás que tus personajes sean más reales, más humanos. Ponte en los zapatos de tu personaje.

  1. El ritmo no solo ha de tenerse en la pista de baile

    La buena escritura contiene descripción (de escenas, o eventos pasados que ayuden a explicar la historia que se está narrando) aunque también debe tener secciones con más ritmo, como acción o diálogo.
    Las diversas partes de tu novela deben ir alternándose, complementándose, para enganchar y hacer que la historia transcurra.

    Una novela enteramente descriptiva hará a tu lector dormirse, aunque una en la que tan solo hay acción, sin ninguna explicación, sin profundizar en los personajes, sin crear el ambiente necesario, que ha de ir in crescendo, para que la acción cobre sentido, echará para atrás.

    ¿Habéis visto alguna vez una película que empiece con una persecución? Yo sí, y dejé de verla ipso facto, porque la acción debe crearse de forma gradual para que tenga un significado. Si no, ¿a mí qué me importa que estén persiguiendo a uno?

  2. No seas coloquial, por el amor de Dios. ¡Estás escribiendo un libro!

    Una cosa es ser coloquial en el diálogo, algo totalmente permitido y recomendado, si la persona que habla no es una erudita, pero de ahí a utilizar expresiones como: «uhuhuhu», «blablabla», «para nada», «ajajá» pues hay un trecho.

    Veamos este ejemplo de una novela publicada:

    Coloquial: «Jajajaja. Mi gente son unos frikis increíbles y, aún así, nos ha costado mucho trabajo llegar a esto. Fulanito, por favor, hágame un favor y dígame que recuerda donde (dónde) está y que va a colaborar».

    Yo en lugar de poner «jajaja». pondría algo así como: «rio él». En segundo lugar, no diría «frikis». ¿Quieres decir que hacen bien su trabajo? Puntualiza.

El que habla es un miembro de la guardia civil. Probablemente sea coloquial hablando, pero hay que evitar redundancias y expresiones demasiado coloquiales incluso en el diálogo.

Mejor: «Mi gente es dedicada (o muy capaz)», o, si quieres hacerlo más coloquial, puedes decir «mis chicos son muy capaces y, aun así, les ha costado mucho trabajo llegar a esto. Fulanito, hágame el favor de decirme que recuerda donde (dónde) está y que va a colaborar».

17. Escribir números es complicadillo

Recuerda; ante todo, sé consistente. Si escribes «hace mil años», y más tarde dices «hace 200 años», pues como que no. Ante todo, has de ser consistente.

Pero a ver, ¿debo escribir los números o poner solo el número?

Pues depende del número. Si va a ser más fácil para el lector entender la cifra con un número, entonces ve con el número.

No pongas que hace 1000 años, ¿por qué no pones mil? ¡Es más corto!

Normalmente, si estamos hablando de grados centígrados, pondríamos número («23ºC»), porque no vas a poner «veintitrés grados centígrados». Si hablamos de edad, lo escribiríamos con letras. «Tengo catorce años», en lugar de «tengo 14 años». Por supuesto, todo dependerá de si estamos escribiendo un artículo periodístico o una novela. En un artículo periodístico sería más normal poner la cifra. También dependerá de la edad (del número en concreto), porque si escribo que Manolo tenía sesenta y nueve años, quizá sea mejor poner 69 años. En cualquier caso, sé consistente con la opción que elijas.

¿Se ponen puntos, comas o espacios en las cifras de más de cuatro dígitos?

-Si el número tiene cuatro dígitos, no se pone ni punto, ni coma, ni espacio.

Es como cuando ponemos que «estamos en el 2021».

-Si el número tiene cinco dígitos, ya puedes dejar un espacio.

Ejemplo: 10 000.

Porque si ponemos 10000, hacemos que el lector se ponga a contar con los dedos los ceros. Lo importante es hacerle la vida más fácil al lector. Porque este ha venido a pasárselo bien; no a sufrir…

-Si el número tiene más de cinco dígitos, siempre se ponen espacios (ni puntos, ni comas, ni cosas raras).

Sí: 100 000
Sí: 1 000 000
Sí: 1 000 000 000

NO: 1.000.000.000 1,000,000,000 1´000´000´000 1’000’000’000

Por otra parte, si digo que «hace catorce mil millones de años» hubo un asteroide que cayó en La Tierra, a lo mejor me entiendes mejor que si te digo «hace 14.000.000.000 de años», ¿no? Siempre dependerá del número.

Y, ahora, a trabajar.

¿Qué corregirías en los siguientes párrafos?

«La casa era marrón. Los árboles eran de varias clases y se alineaban en hilera a lo largo de la finca. La hierba era alta. En los árboles había columpios. Algunos niños jugaban en ellos».

Totalmente de acuerdo. Un párrafo sin pies ni cabeza (expresión cliché, lo sé).

Hay demasiadas cosas mal incluso ya en la primera frase. Las oraciones del comienzo son monótonas. Acuérdate de mezclar frases cortas con medias. Además, hay repeticiones, no es un texto ordenado, carece de transiciones y veo un pleonasmo.

«La casa era marrón. Los árboles eran de varias clases y se alineaban en hilera a lo largo de la finca. La hierba era alta. No se veía con claridad. En los árboles había columpios. Los niños jugaban».

Probemos algo diferente:

«La casa era marrón. Los árboles, de varias clases, se alineaban a lo largo de la finca. De algunos de ellos, colgaban columpios en los que algunos niños jugaban. Aun así, la hierba era tan alta que no dejaba adivinar la propiedad».

¿Qué cambiarías aquí?

Marta entró dentro de la casa y subió escaleras arriba. Besó a su padre y le dijo contundentemente —Me gustaría hacer las paces contigo, papá. Sé que no me he portado como debiera.

Veo dos redundancias, un verbo vago, y un diálogo poco natural, que cuenta más que muestra.

Marta entró a la casa y corrió a ver a su padre.
Tras besarlo, miró hacia abajo con el rostro enrojecido. —Papi, perdóname. No está bien lo que hice.

¿No suena más natural? ¿No ves, de esta manera, más? Yo veo a una niña revoltosa, simpática, pero tan mona que hay que perdonarla.

¿Y en estas frases qué podríamos mejorar?

«Su padre estaba orgulloso de ella. Ella era una niña que solía portarse bien, pero en aquella ocasión se había distraído un poco. Quizá fue por todo lo que le estaba ocurriendo en el colegio».

Mejor: «Su padre estaba orgulloso de ella; solía portarse bien, aunque estaba visto que se había distraído un poco, tal vez por lo que ocurría en el colegio».

Bien: «Un día, no hacía demasiado tiempo, tuvo un jaleo con una niña de su clase, Ana, que se había enfadado con ella porque esta no le había dejado una goma de borrar amarilla, que por otro lado era su preferida desde siempre. Pero ¿cómo iba a dejarle la goma, si cuando miró el cuaderno de Ana este estaba todo emborronado? Si le dejaba la goma, esta se mancharía y ya no podría utilizarla nunca más».

Mejor: «No hacía demasiado, había tenido un jaleo con Ana, una niña de su clase, que se enfadó con ella porque no le dejó una goma de borrar amarilla. Pero ¿cómo iba a dejársela, si el cuaderno de Ana estaba todo emborronado? Si se la prestaba, esta se mancharía y ya no podría utilizarla. De ninguna manera; aquella era su goma favorita».

Solo se reduce un poco, pero tiene más fuerza, más gancho. El punto y coma (;), muchas veces, tiene una fuerza increíble.

Si tienes en cuenta todos estos consejos, tu novela se verá limpia, y el editor o el agente a quien le mandes tu manuscrito podrá concentrarse en si la historia merece la pena o no; si estás diciendo algo que nadie le haya dicho ya.

Si el editor recibe un documento en el que tenga que invertir su tiempo corrigiendo errores de ortografía y de gramática básicos, entonces tu historia tendrá muchas menos posibilidades de tener éxito.

¿Qué consejo te ha gustado más?

¿Qué otro consejo le darías a un escritor para que su prosa mejore?

¿Hay alguna parte de la gramática española que te cueste más?

¡Cuéntanos!