17 Consejos prácticos para editar tu propia novela

Ejercicios de gramática y ortografía

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Así es. A veces, sentimos que lo que hemos escrito es basura; digno de ser quemado y reducido a cenizas, para que el viento se lleve nuestro manuscrito a lejanas tierras. Pero no hace falta ser tan extremo. Todo se puede arreglar (menos la muerte).

En primer lugar, tendrás que comprobar que no has cometido faltas de ortografía. El programa de Word ha mejorado bastante con los años, pero sobre todo, como se explica en este artículo (https://lovelydew.com/2021/05/23/necesito-contratar-a-un-editor-para-que-revise-mi-manuscrito-tras-terminar-de-escribirlo/ ), lee. Lee mucho, y aprende las reglas básicas del idioma español. Si quieres ser escritor, o si ya lo eres, deberás dominar la ortografía española.

Una vez que has aniquilado las faltas básicas, las de ortografía, ha llegado el momento de que te concentres en la gramática, y en el estilo de tu escritura. Espera, antes vamos a recordar qué es cada cosa. ¿Cuál es la diferencia entre ortografía y gramática? ¿Lo sabes?

La ortografía es un conjunto de normas del lenguaje con el fin de que todos hablemos bien y consistentemente.

La gramática estudia la estructura de las palabras, cómo estas se mezclan y forman frases.

Como llegados a este punto, seguramente seas un experto en ortografía, vamos a hablar ahora sobre cómo mejorar nuestra gramática; nuestro modo de plasmar historias; nuestro estilo.

Lo cierto es que cada escritor tiene el suyo propio; una capacidad única de captar la realidad, y una voz característica e implagiable (esta palabra no existe, pero yo creo que debería existir; por eso la pongo en cursiva, porque es de mi diccionario particular). Sin embargo, a veces, nuestro estilo está algo recargado, o no es claro, o es demasiado parco, o no tiene alma… Siempre hay posibilidad de mejora, y alcanzar la perfección es prácticamente imposible. Así que, si te gustaría mejorar tu estilo, sigue esta guía de consejos prácticos para escribir mejor:

  1. Olvídate de los adverbios

Espera, ¿me vas a decir que los adverbios están mal? ¡Pero si están en el diccionario de la RAE! A ver, no es que estén mal, pero si quieres reforzar tu narrativa, ir al grano, hacer que el lector comprenda rápidamente lo que quieres contarle, entonces tendrás que reducir su uso.

Lo cierto es que hay un verbo para cada ocasión, y, como no los conocemos todos, entonces nos empeñamos en usar uno débil, uno común, y al lado le ponemos un adverbio porque nos damos cuenta de que ese no es el verbo de nuestra vida; de que este verbo no expresa lo que queremos decir con exactitud.


Débil: «Manolo fue rápidamente a la oficina»
Fuerte: «Manolo se apresuró a la oficina»
Débil: «Sonia habló bajito a su hija»
Fuerte: «Sonia susurró a su hija»
Débil: «Se agarró fuertemente»
Fuerte: «Se aferró»
Débil: «Cerró la puerta fuertemente»
Fuerte: «Aporreó la puerta»
Débil: «Fue hacia allí»
Fuerte: «Se dirigió»
Débil: «Pedro le habló enfadado»
Fuerte: «Pedro le reprendió o le riñó»


¿No es mejor usar solo una palabra en lugar de dos?
Los adverbios hacen que todo se entienda peor, o más tarde, y el lector a veces tiene que leer las frases dos veces. Así, cuando escribas un verbo, piensa: ¿Es este el verbo adecuado? ¿Refleja con claridad lo que quiero decir? Si no lo hace, ¡sigue buscando! ¡Hay muchos!

  1. ¡Deja de repetir la misma palabra!

    Verbos como «saber», «decir», «sentir», «ver» o «saber» son usados hasta la saciedad. ¿Te has dado cuenta de la repetición?

    Cuando termines de escribir tu novela, pulsa «Control F» y haz una búsqueda de estos abusados verbos. Verás cuántas repeticiones encuentras.

    Mi hermana me puso verde cuando puse la palabra «semejante» diez veces en mi primera novela. Yo ni me di cuenta, pero ahora, la utilizo solo nueve. Es broma, trato de ponerla una sola vez, porque me quedé algo traumatizada.

  2. Repeticiones cercanas

    A veces, ¡duplicamos una misma palabra (o un derivado de ella) que acabamos de escribir hace una línea o dos! Al hacer esa búsqueda con «Control F», asegúrate de que las palabras o frases repetidas mantienen una distancia de seguridad prudencial, como cuando vas en coche.

    «Se cansó de esperar porque llevaba esperando una hora».

    ¿Por qué no pruebas a decir lo siguiente?:

    «Se cansó de esperar porque llevaba así una hora».

  3. Elimina los clichés

    Olvídate de metáforas, símiles y frases hechas por otros. Las frases o expresiones cliché se han repetido hasta la saciedad y ya apestan. Hay mil maneras con las que te puedes expresar. Piensa, usa tu imaginación y tu capacidad de observación. Eres escritor; seguramente tengas un mundo interior riquísimo, así que cuando tengas un pensamiento original, apúntalo en una libreta y úsalo más tarde en tus historias. Pasado un tiempo, con la práctica, verás que tu voz se deja escuchar con más facilidad.

    Ejemplos de frases cliché:

    «El tiempo o el amor lo curan todo» (esto, además, ¡es mentira cochina!)
    «En la guerra y en el amor todo vale».
    «Un clavo saca a otro clavo».
    «El tiempo vuela».

    Y un largo etcétera.

  4. ¡Atento a esas odiosas redundancias!

    Los pleonasmos son palabras que no necesitas, porque esa información ya la estás dando con otro vocablo. Ahorra en papel. Salvarás árboles.

    «Empezó por primera vez en Agosto». «Empezar» ya indica «por vez primera».

    Los famosos «Subí arriba», «bajé abajo», «entré dentro», y «Salí afuera». Estos verbos ya clarifican por sí solos adónde has subido o bajado. Es decir, no se puede subir abajo o bajar arriba.

    «Lo vi con mis propios ojos». (Me preocuparía que lo hubieses visto con los del vecino, la verdad).

    «Le tocó un regalo gratis» (¿no me digas? ¿De verdad fue gratis el regalo? Qué cosa, oye).

    «En un supuesto hipotético». Un supuesto es siempre hipotético.

    «La blanca nieve» (A ver, bueno, si han matado a alguien en la nieve seguro que esta es roja, pero por regla general, es blanquísima).

Estos son ejemplos reales de una novela publicada:

«Entonces… Miró hacia arriba poniendo los ojos en blanco».

(¿Por qué no pruebas a decir, simplemente: «Puso sus ojos en blanco»? Si estás poniendo los ojos en blanco, estos siempre mirarán hacia arriba).

«Uno de los nuestros, incluso mató a uno de nuestros propios soldados».

(Aquí hay repetición y pleonasmo. Tan solo, di: Uno de los nuestros mató a un camarada).

6. Usa formas pasivas, pero con cuidadín

A veces suenan mejor, pero normalmente, entorpecerán la lectura. Una forma verbal activa suena más directa y se entiende mejor.

«Las calles estaban abarrotadas de alegres gentes».
Cámbialo por «Alegres gentes abarrotaban las calles».
«La pelota fue golpeada por Martín».
«Martín golpeó la pelota».

Por supuesto, hay veces en las que suena mejor utilizar la forma pasiva del verbo, porque si decimos:

«Manolo fue arrojado por los aires tras el impacto del coche».

Queda mejor decir eso que «el coche de Manolo lo arrojó por los aires», porque la acción principal es que Manolo fue arrojado por la fuerza del impacto. Y es cierto que la fuerza del impacto (sujeto) fue quien arrojó a Manolo (verbo en forma activa); pero en este caso es mejor decir esta información en forma pasiva, porque el coche es un objeto, y lo importante no es el coche sino Manolo.

Las pasivas, a veces, quedan mejor. Pero, normalmente, nos pasamos y abusamos de ellas.

7. Añade transiciones

Transiciones son pequeñas palabras que relacionan dos frases, como por ejemplo «de igual manera/modo», «Por lo tanto», «por ello», «consecuentemente», «Así»; «de este modo»… hay un ciento de ellas.

Estas palabras ordenan el texto y ayudan al lector a comprender mejor el mensaje. Cuando escribes “por ello”, entendemos que lo que acabamos de leer es la causa de lo que vamos a leer a continuación. En definitiva, hacen que el lector comprenda antes el mensaje, o que no abandone tu libro por pereza, de lo mucho que le está costando entender los conceptos que se describen en él.

8. Reduce las frases pegajosas

¿Qué es una frase pegajosa? Son frases llenas de términos vacíos, como determinantes (el, la, le, los, las, les) pronombres (yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos), verbos vagos (ser, haber), adverbios (allí, así), preposiciones (a, ante, cabe, bajo, de, desde, para, por, según, sin, so, sobre, tras… ¿te suenan?)

Todos estos términos son necesarios, pero cuando pones un puñado de ellos pueden convertir la frase en pegajosa. Las palabras pegamento son las que llevan al lector a comprender las ideas, la acción, pero es que a veces nos pasamos de pegajosos.

Pegajoso: «Susana caminó por el patio trasero, para ver si por allí había una bicicleta que pudiera utilizar en su clase».

Más claro: «Susana recorrió el patio trasero tratando de encontrar una bicicleta para su clase».

Pegajoso: «Tomás era el propietario de un hotel en el cual había mucho trabajo que hacer todos los días»

Más claro: «Tomás regentaba un hotel que requería mucha dedicación».

Pegajoso: «Medía por lo menos tres metros de diámetro por lo que no era para nada claustrofóbico».

Mejor: «Medía tres metros de diámetro por lo que no era claustrofóbico»

9. Trata de escribir las palabras completas: no uses abreviaturas

No pongas abreviaturas, como «ud» en una novela. Haz el favor de escribir «usted». ¡No seas vago! Hay escritores que lo hacen.

10. Mejora tus diálogos

~Los diálogos poco naturales pueden hacer que alguien deje de leer tu libro. Yo lo he hecho con miles. Ten en cuenta quién habla, ¿es un niño o un adulto? ¿Hombre o mujer? ¿Educado o es un cafre? ¿Es de otro país?
Asegúrate de utilizar la raya, y no el guion. Hay muchas novelas de escritores noveles que llegan a las editoriales con guiones, en lugar de rayas. ¡Estamos escribiendo en español!

—Lo cierto es que no sabría qué decirte. Me asombra lo que me cuentas —dijo el niño.

Es un poco irreal que un niño hable así, ¿no crees?

—Me apasionaría ir a cenar contigo, y, a continuación, quizá podamos pasear de la mano mientras observamos las estrellas. Tengo entendido que hoy va a hacer una noche espectacular —dijo el obrero de la construcción.

La verdad es que no es muy probable que un obrero se exprese así.

~Por otro lado, a veces los diálogos resultan extraños por los verbos declarativos que usamos. Algunos escritores noveles quieren hacer ver al editor que tienen un vocabulario rico y emplean verbos diferentes todo el tiempo: «especificó él», «declaró ella», «exclamó el chico». Esto no está bien. El verbo decir funciona bastante bien, y no distrae de lo que está ocurriendo en el diálogo.

Sin embargo, usar la forma pretérita del verbo decir («dijo él/dijo ella»), como verbo declarativo, todo el santo tiempo, tampoco está bien. De vez en cuando hay que alternar, porque si no, el diálogo puede acabar sonando estúpido. No satures tu diálogo ni con verbos difíciles y cambiantes, ni con «dijo él/dijo ella».

A veces no hace falta poner nada. Muchas veces se sabe quién está hablando, sin necesidad de especificar. El lector no es tonto.
Lee lo que has escrito con atención, y en voz alta, ya que esto te ayudará a ver si hace falta especificar quién ha dicho algo en ese diálogo.


~Además, recuerda que al lector le gusta más que el escritor le muestre y no que le diga todo continuamente.

Bien: —No vas a ir —dijo su madre enfadada.
Mejor: Su madre golpeó la mesa —No vas a ir y punto.

Como puedes ver, en el segundo ejemplo, hay solo una raya de diálogo en lugar de dos, y eso es preferible, porque el lector comprenderá más rápidamente el mensaje, y, además, se formará su propia idea con la imagen que le has proporcionado.

Lo que ha de hacer el narrador es contar lo que ocurre, pero no describir cómo se sienten los personajes todo el rato. Es decir, no me lo digas todo; déjame ver a la madre golpeando la mesa y yo decidiré si está enfadada o no. Probablemente, sea una obviedad decir que su madre está enfadada; lo sabremos por el contexto (por lo que quiera que haya pasado en la historia) pero el lector querrá ver, además, cómo reacciona este personaje. ¿Cómo muestra su enfado la madre? Ya juzgaré yo si me parece una reacción adecuada, dependiendo de lo que haya hecho su hijo. Quizá sea tan grave lo que hizo, que yo, no solo hubiera golpeado la mesa, sino también la pared. En cualquier caso, quiero ver la reacción de la madre; no que me digas cómo se siente, porque su reacción me va a contar qué siente y cuan enfadada está.

  1. No te pases con los pronombres

    Ten cuidado con los pronombres; especialmente con los del comienzo de la frase.

    «Ella sabía de qué hablaba él. Ella le conocía bien y sabía que él siempre comenzaba sus relatos de aquella manera tan suya».

    El porcentaje de pronombres debería ser del 4 al 15% (eso dicen). A ver, claro, no vas a ponerte a contar todos tus pronombres y calcular el porcentaje utilizado, pero yo te doy la información, por si te sirve.

    De nada.

  2. Varía tus frases

    Es importante variar la composición de tus frases para mantener el interés del lector. Si siempre escribes la típica frase de sujeto más verbo más predicado, misma longitud y mismo todo, tu texto se hará tedioso. Alterna una frase corta aquí, una media allá. La media suele ser de once a dieciocho palabras por oración.

    «La fachada de la casa era roja. La puerta del portal era grande. Había una escalera de mármol dentro. También tenía ascensor».

    Por el amor de Dios, ¡me duermo! Zzzzzz.

    Prueba a mezclar estructuras: «La casa, de roja fachada, tenía una gran puerta de entrada. Ya dentro, una escalera de mármol llevaba a los visitantes al ascensor».

  3. ¿Tus frases parecen párrafos?

    Esto es algo súper común en muchos escritores. Uno se embala, y sigue con su historia, pero no se ha dado cuenta de que su frase es como un día sin Netflix; es decir largo y aburrido (nota: cliché de reciente creación). Y la cuestión es que las frases tan largas no suelen tener sentido, porque te has ido de paseo por los cerros de Úbeda, y has empezado a hablar de otro tema. Lo mejor para evitar frases largas es leer el texto en voz alta.
    Hay veces en las que algunas frases largas (bien escritas) funcionan. Pero, normalmente, trata de evitarlas.

    «Rara vez lloraba, pero ese fin de semana era la tercera vez que lo hacía, por creer que había perdido a su hermano; después, tras la confirmación de aquellas revelaciones que la ayahuasca le había sugerido, y cuyo recuerdo no había querido recuperar, pero estas lágrimas, sin duda, sabían más amargas que ninguna otra, porque había conocido a una persona maravillosa, había disfrutado de una aventura apasionante con ella, y, después, había sido traicionado por la chica».

    ¿A que te ha agotado leerlo? Quizá incluso hayas dejado de leer este artículo. ¡No me extrañaría nada!

    Haz las frases más cortas. Usa puntos, y puntos y comas.

    «Rara vez lloraba, pero ese fin de semana era la tercera vez que lo hacía. Primero, por creer que había perdido a su hermano. Después, tras la confirmación de aquellas revelaciones que la ayahuasca le había sugerido, y cuyo recuerdo se había negado a recuperar. Pero estas lágrimas, sin duda, sabían más amargas que ninguna otra. Había conocido a una persona maravillosa; había disfrutado de una aventura apasionante con la chica; y, después, había sido traicionado por ella».

En mi opinión, José Saramago en su libro «Las intermitencias de la muerte», escribió una frase (la segunda), que es como un día sin pan. ¡Después de «justificado» tiene que haber un punto! Y, después de «semejante», una de mis palabras favoritas, un punto y coma. Quizá esto sea cosa de la editorial, porque recordemos que en 1998 Saramago fue premio Nobel de Literatura.

14. Utiliza tus cinco sentidos

Cada persona tiene una manera diferente de entender el mundo. Unos somos más visuales, otros más auditivos y otros, kinestésicos (sí, sí, como lo oyes; es un término de esos raros de la programación neurolingüística – PNL- que está tan de moda). Si eres kinestésico significa que eres más primitivo; de toquetear, de oler y de probar. Algunas personas son visuales y auditivas, o visuales y kinestésicas, o auditivas y kinestésicas. Por supuesto, todos tenemos una mezcla de los tres tipos, y (casi) todos usamos nuestros cinco sentidos, pero lo común es que predomine uno de estos tres modos de ver el mundo.

La cuestión es que si uno es visual y además es escritor pues tendrá una tendencia a usar el sentido de la vista sobre el oído o el tacto en su descripción.

Gráfico sacado del curso de Comunicación de la Escuela de Negocios de Barcelona (ENEB)

Por ello, a pesar de esas tendencias naturales tuyas (cualesquiera que estas sean), lo ideal es que describas la realidad usando los cinco sentidos. Por ello, antes de empezar a escribir, o en su defecto, una vez hayas terminado, piensa en tus personajes. ¿Cómo los describirías? Si lo has hecho con descripciones visuales, trata de imaginar cómo suenan. ¿Qué les gusta comer? ¿Tienen cosquillas? ¿Qué siente tu protagonista al oler comida? ¿Y si de pronto alguien está fumando? ¿Le gusta el olor a tu personaje o siente náuseas? ¿Ha fumado él alguna vez? ¿Cómo es su piel?; suave, áspera?

Además, tus personajes no son tú. Pueden tener trazas de tu personalidad, pero son diferentes; únicos. Así, tú quizá seas visual, pero tu personaje puede que sea auditivo o kinestésico. Por ello, has de pensar cómo perciben tus personajes la realidad que los rodea. Te puede ayudar a saber qué tipo son, pensando en su profesión. Por ejemplo, si se trata de un músico, es normal que su forma predominante de captar la realidad sea a través de los sonidos del mundo y de la música.

Si tienes en cuenta los cinco sentidos para describir la realidad, harás que tus personajes sean más reales, más humanos. Ponte en los zapatos de tu personaje.

  1. El ritmo no solo ha de tenerse en la pista de baile

    La buena escritura contiene descripción (de escenas, o eventos pasados que ayuden a explicar la historia que se está narrando) aunque también debe tener secciones con más ritmo, como acción o diálogo.
    Las diversas partes de tu novela deben ir alternándose, complementándose, para enganchar y hacer que la historia transcurra.

    Una novela enteramente descriptiva hará a tu lector dormirse, aunque una en la que tan solo hay acción, sin ninguna explicación, sin profundizar en los personajes, sin crear el ambiente necesario, que ha de ir in crescendo, para que la acción cobre sentido, echará para atrás.

    ¿Habéis visto alguna vez una película que empiece con una persecución? Yo sí, y dejé de verla ipso facto, porque la acción debe crearse de forma gradual para que tenga un significado. Si no, ¿a mí qué me importa que estén persiguiendo a uno?

  2. No seas coloquial, por el amor de Dios. ¡Estás escribiendo un libro!

    Una cosa es ser coloquial en el diálogo, algo totalmente permitido y recomendado, si la persona que habla no es una erudita, pero de ahí a utilizar expresiones como: «uhuhuhu», «blablabla», «para nada», «ajajá» pues hay un trecho.

    Veamos este ejemplo de una novela publicada:

    Coloquial: «Jajajaja. Mi gente son unos frikis increíbles y, aún así, nos ha costado mucho trabajo llegar a esto. Fulanito, por favor, hágame un favor y dígame que recuerda donde (dónde) está y que va a colaborar».

    Yo en lugar de poner «jajaja». pondría algo así como: «rio él». En segundo lugar, no diría «frikis». ¿Quieres decir que hacen bien su trabajo? Puntualiza.

El que habla es un miembro de la guardia civil. Probablemente sea coloquial hablando, pero hay que evitar redundancias y expresiones demasiado coloquiales incluso en el diálogo.

Mejor: «Mi gente es dedicada (o muy capaz)», o, si quieres hacerlo más coloquial, puedes decir «mis chicos son muy capaces y, aun así, les ha costado mucho trabajo llegar a esto. Fulanito, hágame el favor de decirme que recuerda donde (dónde) está y que va a colaborar».

17. Escribir números es complicadillo

Recuerda; ante todo, sé consistente. Si escribes «hace mil años», y más tarde dices «hace 200 años», pues como que no. Ante todo, has de ser consistente.

Pero a ver, ¿debo escribir los números o poner solo el número?

Pues depende del número. Si va a ser más fácil para el lector entender la cifra con un número, entonces ve con el número.

No pongas que hace 1000 años, ¿por qué no pones mil? ¡Es más corto!

Normalmente, si estamos hablando de grados centígrados, pondríamos número («23ºC»), porque no vas a poner «veintitrés grados centígrados». Si hablamos de edad, lo escribiríamos con letras. «Tengo catorce años», en lugar de «tengo 14 años». Por supuesto, todo dependerá de si estamos escribiendo un artículo periodístico o una novela. En un artículo periodístico sería más normal poner la cifra. También dependerá de la edad (del número en concreto), porque si escribo que Manolo tenía sesenta y nueve años, quizá sea mejor poner 69 años. En cualquier caso, sé consistente con la opción que elijas.

¿Se ponen puntos, comas o espacios en las cifras de más de cuatro dígitos?

-Si el número tiene cuatro dígitos, no se pone ni punto, ni coma, ni espacio.

Es como cuando ponemos que «estamos en el 2021».

-Si el número tiene cinco dígitos, ya puedes dejar un espacio.

Ejemplo: 10 000.

Porque si ponemos 10000, hacemos que el lector se ponga a contar con los dedos los ceros. Lo importante es hacerle la vida más fácil al lector. Porque este ha venido a pasárselo bien; no a sufrir…

-Si el número tiene más de cinco dígitos, siempre se ponen espacios (ni puntos, ni comas, ni cosas raras).

Sí: 100 000
Sí: 1 000 000
Sí: 1 000 000 000

NO: 1.000.000.000 1,000,000,000 1´000´000´000 1’000’000’000

Por otra parte, si digo que «hace catorce mil millones de años» hubo un asteroide que cayó en La Tierra, a lo mejor me entiendes mejor que si te digo «hace 14.000.000.000 de años», ¿no? Siempre dependerá del número.

Y, ahora, a trabajar.

¿Qué corregirías en los siguientes párrafos?

«La casa era marrón. Los árboles eran de varias clases y se alineaban en hilera a lo largo de la finca. La hierba era alta. En los árboles había columpios. Algunos niños jugaban en ellos».

Totalmente de acuerdo. Un párrafo sin pies ni cabeza (expresión cliché, lo sé).

Hay demasiadas cosas mal incluso ya en la primera frase. Las oraciones del comienzo son monótonas. Acuérdate de mezclar frases cortas con medias. Además, hay repeticiones, no es un texto ordenado, carece de transiciones y veo un pleonasmo.

«La casa era marrón. Los árboles eran de varias clases y se alineaban en hilera a lo largo de la finca. La hierba era alta. No se veía con claridad. En los árboles había columpios. Los niños jugaban».

Probemos algo diferente:

«La casa era marrón. Los árboles, de varias clases, se alineaban a lo largo de la finca. De algunos de ellos, colgaban columpios en los que algunos niños jugaban. Aun así, la hierba era tan alta que no dejaba adivinar la propiedad».

¿Qué cambiarías aquí?

Marta entró dentro de la casa y subió escaleras arriba. Besó a su padre y le dijo contundentemente —Me gustaría hacer las paces contigo, papá. Sé que no me he portado como debiera.

Veo dos redundancias, un verbo vago, y un diálogo poco natural, que cuenta más que muestra.

Marta entró a la casa y corrió a ver a su padre.
Tras besarlo, miró hacia abajo con el rostro enrojecido. —Papi, perdóname. No está bien lo que hice.

¿No suena más natural? ¿No ves, de esta manera, más? Yo veo a una niña revoltosa, simpática, pero tan mona que hay que perdonarla.

¿Y en estas frases qué podríamos mejorar?

«Su padre estaba orgulloso de ella. Ella era una niña que solía portarse bien, pero en aquella ocasión se había distraído un poco. Quizá fue por todo lo que le estaba ocurriendo en el colegio».

Mejor: «Su padre estaba orgulloso de ella; solía portarse bien, aunque estaba visto que se había distraído un poco, tal vez por lo que ocurría en el colegio».

Bien: «Un día, no hacía demasiado tiempo, tuvo un jaleo con una niña de su clase, Ana, que se había enfadado con ella porque esta no le había dejado una goma de borrar amarilla, que por otro lado era su preferida desde siempre. Pero ¿cómo iba a dejarle la goma, si cuando miró el cuaderno de Ana este estaba todo emborronado? Si le dejaba la goma, esta se mancharía y ya no podría utilizarla nunca más».

Mejor: «No hacía demasiado, había tenido un jaleo con Ana, una niña de su clase, que se enfadó con ella porque no le dejó una goma de borrar amarilla. Pero ¿cómo iba a dejársela, si el cuaderno de Ana estaba todo emborronado? Si se la prestaba, esta se mancharía y ya no podría utilizarla. De ninguna manera; aquella era su goma favorita».

Solo se reduce un poco, pero tiene más fuerza, más gancho. El punto y coma (;), muchas veces, tiene una fuerza increíble.

Si tienes en cuenta todos estos consejos, tu novela se verá limpia, y el editor o el agente a quien le mandes tu manuscrito podrá concentrarse en si la historia merece la pena o no; si estás diciendo algo que nadie le haya dicho ya.

Si el editor recibe un documento en el que tenga que invertir su tiempo corrigiendo errores de ortografía y de gramática básicos, entonces tu historia tendrá muchas menos posibilidades de tener éxito.

¿Qué consejo te ha gustado más?

¿Qué otro consejo le darías a un escritor para que su prosa mejore?

¿Hay alguna parte de la gramática española que te cueste más?

¡Cuéntanos!

2 comentarios en “17 Consejos prácticos para editar tu propia novela”

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