Tercera edad: ¿edad madura o edad basura?

Bien sabido es que, en las sociedades tradicionales, a los ancianos se les consideraba auténticos sabios. Se les tenía a estos como la personificación de la experiencia; de la sapiencia adquirida tras el largo y sinuoso camino que supone la senda de la vida. Incluso era en ellos en donde recaían las responsabilidades políticas del lugar. El hombre siempre ha sido un ser de crecimiento irrestricto: nunca termina de crecer. Por tanto, no resultaba, ni debería resultar hoy, complicado darse cuenta de cuánta grandeza podía llevar consigo una persona de edad avanzada, y, por ello, se les respetaba y admiraba hasta la extenuación. Eran otros tiempos.

Hoy día, empero, ya nadie aprecia esas particularidades, no se sabe muy bien por qué. Es inevitable suponer que la avanzada tecnología desempeña un papel principal en la desafortunada situación. Actualmente, gracias a esos nuevos conocimientos, a esas ciencias aplicadas, el hombre tiene un número de posibilidades en exceso mayor que el que se le presentaba en aquella época: Hoy se puede llevar a cabo toda clase de acciones en un tiempo infinitamente menor. Una persona es capaz de aprender de todo en un tiempo récord. Ya nadie necesita escuchar los interminables discursos de los “abueletes”, si uno se puede enterar de más asuntos y de un modo mejor, a través de Internet, o viendo por la televisión el programa o la serie de turno. Resulta paradójico, por otra parte, que ahora que se cuenta con más tiempo, se les dedique menos a nuestros mayores. Sin embargo, hay que pensar que existe una cantidad infinitamente mayor de distracciones; Y, claro, uno no va a dejar de ir al cine por ir a ver a su abuela, que ya la verá otro día. Está claro que el mundo ha alcanzado un ritmo frenético al que las personas mayores ya no pueden adaptarse, porque ni siquiera tienen cabida. Un mundo de distinta naturaleza al suyo, en el que, a pesar de ello, se ven obligadas a vivir.

Vivimos, además, en una sociedad despersonalizada, completamente alienada. Los individuos ya no son personas, sino meros números o clientes. Pero lo más triste es que no vivimos en esta sociedad porque nos haya tocado en suerte (que, por otra parte y bien mirado, hubiese sido pésima), sino porque nosotros la hemos construido así. Se trata de un funcionalismo práctico, en donde una persona es alguien en la medida en la que tiene una función en la sociedad. ¿Y en qué lugar, me pregunto yo, quedan entonces los ancianos? ¿Cuál es su función? El sistema anónimo que hemos creado ya se encarga de ofrecer una respuesta: está claro que la de estorbar.

No se puede dejar de señalar, también, y ya que forma parte de nuestra “magistral” obra social, el materialismo con el que se funciona continuamente en nuestros días. Por alcanzar el bienestar físico, se es capaz de dejar de lado todo tipo de esfuerzos. Antaño, nadie hubiese osado levantar la voz a una persona mayor. Hogaño, se les levanta la casa, y buen viaje al asilo. Ya verás qué bien vas a estar, cuánto vas a hablar y ¡cómo te van a escuchar! Es una realidad: La edad madura se ha tornado basura. Parece que va a tener razón Hemingway al decir en una ocasión, en boca de Santiago, aquel viejo pescador: “Nadie debiera estar solo en su vejez, pero es inevitable”.

Por otro lado, la ancianidad va pareja con la tradición; y ésta, sin duda, constituye una realidad que permite conectar al hombre con su pasado: un valioso y colosal depósito de experiencias. Ese tiempo pretérito forma parte de la identidad de cada uno. Sin pasado no existe futuro, y, por ello, uno no debe ignorar lo acontecido. No es posible que crezcan hojas, si se maltratan las raíces. O quizá sea posible, pero esas hojas, sin lugar a dudas, crecerán nefastamente. Para nuestra desgracia, el respeto consiste en una virtud justa: si uno no respeta a las generaciones pasadas, las venideras no respetarán a las actuales. Y esos somos nosotros.

Que esa edad considerada otrora madura se haya convertido en basura supone un hecho. Pero ¿por qué no reciclarla? Dejemos que Hemingway se equivoque.

La Transición a través de la Prensa

Prensa en transición

No resulta sencillo precisar una fecha concreta para la determinación del comienzo de la transición política española. Son varios los días clave que contribuyeron a arrancar el proceso, pero no cabe duda de que el 18 de marzo de 1966 ya se dio un gran paso en el arduo camino. El estatuto de la profesión periodística rezaba hasta entonces: “El periodista ha de observar las normas cristianas y guardar fidelidad a los principios del Estado”. Ello implicaba la renuncia a toda crítica de la situación social, política y económica. En 1966, el régimen aceptó la Ley de Prensa e Imprenta promovida por el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, que concedía a todo español “el derecho a expresar libremente sus ideas, mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado”. Por otra parte, se establecían muchas limitaciones a esa libertad de expresión, con graves sanciones para los que criticasen al gobierno, y, por eso, fue aceptada, ya que no entrañaba ningún riesgo para la autoridad. Aun así, era tal la situación en la que España se había visto sumergida durante tantos años, que aquella ligera modificación significó un “cambio apreciable”[1] y bastó para marcar el comienzo de la transición española a la democracia[2]. Con la mencionada ley no surgió el pluralismo, pero sí comenzaron a publicarse diversas opiniones, con “una cierta labor de crítica, al resaltar algunas cosas que resultaban menos agradables para las autoridades”[3]. Lo que resulta indiscutible es que el esfuerzo de algunos periodistas y periódicos de esta época por conseguir más libertad fue lo que hizo posible que la sociedad española evolucionase. Estos “sustituyeron la falta de debate político organizado, prestando sus columnas para ello”[4].

Por aquellas fechas, los periódicos españoles apenas habían sufrido alteraciones desde el final de la Guerra Civil. Los diarios de mayor tirada en Madrid eran ABC, Ya, Pueblo y Madrid; mientras que ArribaInformaciones y El Alcázartenían una difusión muy inferior. Las grandes tiradas de ABC y Ya obedecían a ser el portavoz de la aristocracia monárquica y de las clases medias conservadoras el primero, y el representante del nacional-catolicismo, el segundo. Arriba no llegaba a los veinte mil ejemplares diarios, algo que resultaba curioso, ya que además de ser el órgano oficial del régimen, tenía una buena presentación e impresión; Por otro lado, Informaciones sufría para subsistir, por falta de capital. El Alcázar, por su parte, portavoz del sector más reaccionario del régimen, no destacó nunca por sus ventas e influencia. El diario de mayor tirada de toda España, en aquel momento, era La Vanguardia, de Barcelona[5]. A la muerte de Franco, en 1975, comienza una nueva etapa en la prensa española: “quedan caducos los viejos modos de hacer periodismo, decaen los periódicos tradicionales de ámbito nacional, aparecen nuevos grupos editoriales y se transforma la prensa del Movimiento en prensa del Estado”[6]. En julio de 1976 dimite como jefe de Gobierno, inesperadamente, Arias Navarro, al que don Juan Carlos de Borbón (“cuyas actuaciones en la transición han merecido todo tipo de reconocimientos por parte de todo el mundo”[7]), agradece los servicios prestados con la concesión de un título nobiliario. Nombra entonces a Adolfo Suárez como nuevo jefe de Gobierno, y algunos temen que esto signifique un paso atrás en el proceso de libertad, ya que “procedía del franquismo”[8]. Sin embargo, contra todo pronóstico, Suárez eligió la democracia, hasta el punto de llegar a ser el verdadero “piloto de la transición”[9]: Al poco tiempo de su nombramiento, en julio, pone en libertad a miles de presos políticos, autoriza la publicación de dos nuevos diarios madrileños de carácter liberal (El País, de la mañana, y Diario 16, de la tarde), y, si no legaliza todos los partidos políticos, permite que puedan reorganizarse e incluso celebrar asambleas y congresos. Además, en su labor también destaca el proyecto de reforma política, aprobado por mayoría en el referéndum, celebrado el 15 de diciembre de ese mismo año[10]. Si las elecciones de junio de 1977 abrieron de manera imparable el proceso constituyente culminado en el 78, la crucial intervención del Rey para sofocar el Golpe de Estado del año 81 y la alternancia en el poder de los socialistas al año siguiente mostraron la autenticidad de las nuevas instituciones democráticas[11]. Y es que “la Monarquía ha sido la clave de la reconstrucción social y política de España, por ser una magistratura superior independiente; algo esencial[12]”.

Los siete años transcurridos desde la muerte del caudillo pueden dividirse en tres periodos perfectamente definidos: el primero comprende desde su fallecimiento hasta la aprobación, un año después, de la reforma política. El segundo se inicia en diciembre de 1976, transita por las elecciones generales de junio de 1977 y por el restablecimiento de la Generalitat de Cataluña, y termina en diciembre del año 78, cuando se promulga la Constitución, aprobada por las primeras Cortes de la monarquía restaurada. El tercero y último parte de las elecciones legislativas y municipales de marzo y abril de 1979 hasta 1982, con el Golpe de Estado en febrero del año 81 y el triunfo socialista de Felipe González en el 82. Para la prensa, la primera de estas etapas supuso unos años de luchas teñidas de verde esperanza y una pequeña recuperación de la influencia que antaño llegó a ejercer. Fueron muchos los obstáculos que un franquismo no resignado a desaparecer puso en su camino, con “suspensiones, amenazas y agresiones”. La segunda etapa representa una especie de edad de oro periodística, en la que el número y la calidad de las publicaciones creció en suma medida. Por fin, el ciudadano se mantiene informado y se mueve a pensar y a actuar por un periodismo ágil y polémico: “Se sienten protagonistas de su propio destino”, y es que los españoles son los verdaderos personajes principales de esta transición hacia la democracia. En el tercer periodo mencionado, lamentablemente todo cambia, y por cansancio e indiferencia se expande un desencanto generalizado. La gente está defraudada, porque, aunque se han producido cambios, todo continúa igual: las viejas estructuras sociales, el aumento del desempleo y la inflación…:  Y el gobierno de Suárez no halla el modo de solucionar la crisis. Los periódicos sufren directamente los efectos negativos de la situación: Desciende su tirada tan pronto como se incrementa, no se invierte publicidad en ellos, suben los costes de producción… Y, aunque el precio del diario se incrementa (multiplica 200 veces su precio desde el año 36, pasando de quince céntimos a treinta pesetas),  la crisis continúa y desaparecen cinco de los once periódicos que aparecen en la capital de España, entre ellos, Arriba e Informaciones[13].

Sobre la transición, hay varias posturas, pues “valores emergentes y decadentes afectaban a periódicos con una tradición consolidada en el franquismo y que encontraron complicado acoplarse a la nueva situación”[14]. El director de El País, Juan Luis Cebrián, era de “Izquierda Democrática, rama “progresista” desgajada de la Democracia Cristiana, del ex ministro Ruiz Jiménez”. El periódico salió en el momento idóneo en lo político, ya que sus posibles competidores decaían entonces, lo formaba un equipo entusiasta, un planteamiento moderno, un público apropiado y grandes hechos que contar. ABC mantuvo su “tradición liberal, independiente y monárquica”. Ya, otro de los grandes medios tradicionales, era de Editorial Católica. Fue un periódico “coherente y sólido, doctrinal y seguro, defensor de una derecha moderada y de un prudente conservadurismo, y órgano de opinión para amplios sectores cristianos”, aunque se mantenía independiente. El diario madrileño de la tarde Informaciones consiguió, a partir de 1968, mucho prestigio por los comentarios de sus columnistas y su servicio de documentación. Uno de sus últimos directores fue Emilio Romero, “el comentarista político más tenaz de la historia del periodismo español”, que supo transmitir su personalidad en el diario, y éste se convirtió así en un periódico serio y eficaz. El Alcázar era de extrema derecha y seguía una línea editorial en sintonía con el Movimiento. En 1985 se le tachó de pro-golpista. Arriba fue el punto de arranque de la Prensa del Movimiento. Lo fundó Primo de Rivera, y siempre mantuvo un tono de altura intelectual. Casi todos sus directores fueron falangistas. Sin embargo, con el paso del tiempo, el diario se llenó de gente de izquierdas, y apoyó “decididamente la democracia, aportando su grano de arena a la creación de una conciencia de libertad y respeto”. Por su parte, Diario 16, publicación de trayectoria zigzagueante pero también paradigma del nuevo periodismo que surgía y uno de los diarios emblemáticos de la transición, tuvo en sus comienzos un tono más bien frívolo. Después, con el impulso de Pedro J. Ramírez, adquirió un espíritu de constante innovación periodística, investigación y denuncia. Además, “fue convirtiéndose en enemigo encarnizado del gobierno socialista”[15].  La Vanguardia, diario de la burguesía catalana, ha sido siempre informativamente exhaustivo. Supo mantener, también, “una moderada línea de catalanismo españolista y un talante liberal”. Con la democracia, entró en crisis por la competencia de El PaísEl Periódico de Catalunya fue muy relevante allí, ya que las nuevas realidades sociales rebajaron la importancia de un periodismo burgués para dar paso “al éxito de un diario populista y bien diseñado”. Egin, diario de fuerza nacionalista, surge en el País Vasco el 29 de septiembre del año 76 y constituye el “órgano del abertzalismo extremista y portavoz del partido radical Herri Batasuna”[16]; “es muestra del nuevo sistema autonómico”[17].

Acerca del tratamiento dado por los distintos diarios a la reforma política de diciembre del año 76, Ya habla “del principio de una vida democrática”, de paz, libertad, critica la violencia… Se adivina su personalidad a través de su artículo: los principios fundamentales del catolicismo se encuentran patentes. El diario Arriba, órgano del Movimiento, con un estilo claro, correcto y ameno, analiza los hechos explicando que España “desea el cambio y lo promueve” y que eso significa “voluntad de decisión”. Apoya la democracia y se enorgullece de que “todo haya ido en orden” y con buenos dirigentes. Acepta que ya no hay marcha atrás y que el régimen se ha acabado. El País, con más desparpajo que el anterior diario, estudia los sucesos más exhaustivamente y con un mayor escepticismo. Habla del significado confuso del referéndum, ya que dice que “presentar el sí como única alternativa al continuismo pesa en el éxito obtenido”, y de “comprobar si el Gobierno emprenderá la vía democratizadora”, ver si sabrá ganar y “no abusar de la victoria”. Diario 16, por su parte, también acoge la reforma política con entusiasmo, por supuesto. Habla de “una nueva etapa fundamentalpara la democracia” pero, al igual que El País, lo hace de forma realista, es decir, con “pies de plomo”, señalando que todavía hay muchos problemas que deben ser afrontados: “Fijar las bases de un compromiso constitucional, remediar la grave situación económica, abordar la cuestión de las autonomías regionales…”. No deja de citar, además, términos democráticos como “diálogo, negociar, debate”. El Alcázar, afín al régimen de Franco y con un estilo más ardoroso y valiente que Arriba, habla de su “deseo ferviente de bienestar y ventura” para España y de que, por eso, no hay en él sentimiento de derrota”; Sin embargo, deja bien claro que “no se trata de la Victoria del pueblo, sino de la victoria pírrica de la especulación partidista” (opinando que todo será peor para el vencedor que para el vencido), y deja caer ideas como “espejuelo democrático del Gobierno”, “el pueblo le da su protagonismo a los partidos políticos” o “un empeño democrático que busca más las apariencias formales que los esenciales contenidos democráticos”. Es como si continuamente avisase de que todo va a salir mal, por votar la ley.

En cuanto a la legalización del Partido Comunista de abril de 1977 llevada a cabo por Suárez, La Vanguardia Española la ve como “otro paso en la transición”. Se muestra de acuerdo y dice que lo importante es “legalizar los partidos, porque quiere decir poner dentro de la ley la vida política real, y es una invitación a la responsabilidad pública”, valores que este diario admiraba. Informaciones, con un desenfadado estilo,  habla de “un tanto a favor del Gobierno” por esta “acertada” decisión, y, sobre todo, habla la elección de la democracia por parte de Suárez: “El Gobierno ha rechazado prudentementela tesis de los que propugnaban que la democracia debía construirse eliminando a los no-democráticos”. También prevé que, a partir de ese momento, todos van a vigilar al PCE, pero no por un “anticomunismo cerril”, sino como lo que siempre se hace con “los que quieren influir en la vida pública”. El Alcázar titula su opinión sobre el tema con un Gol, explicando que “el Gobierno lo ha metido en su propia portería, que, se juró, estaba defendida”. También recuerda que “ante las Cortes, casi con lágrimas en los ojos, se aseguró que con la ley del año anterior el Partido Comunista no podría ser legalizado nunca”. Con su característico tono exaltado y sanguíneo, elabora una ardiente crítica al Gobierno de Suárez, acompañada por un símil de un partido de fútbol. ABC lo dice bien claro en el título de su artículo: Discrepa. En primer lugar, cree que “la trascendencia misma del hecho hubiera merecido una extensa declaración justificatoria del Gobierno”; después califica al suceso como “preocupante resolución”, y, al igual que El Alcázar (más bien éste al igual que ABC ya que se publicó un día después El Alcázar), recuerda a los lectores que “desde las Cortes se dijo que era imposible legalizarun partido de perfiles e historia totalitarios”. Además, contrariamente a lo que opina Informaciones, afirma: “No es hacer viable la democracia el condescender con aquellos que no practican sus reglas cuando llegan al poder”. El País califica al hecho como “buena noticia”, porque normaliza y, así, habrá “pluralismo real” y contribuirá a analizar la credibilidad democrática de sus posiciones. El diario demuestra ser objetivo cuando afirma que “sin esta medida, las elecciones de dos meses después no hubieran sido representativas”, aunque después intenta crear ideas y opiniones con frases del tipo: “Por eso, ha de recibirse con satisfacción la resolución del Gobierno” o “la ilegalidad del PCE era injusta y una torpeza…”.

Sobre las elecciones generales del 15 de junio del año 77El País destaca “las provocaciones y anomalías de minorías empeñadas en obstaculizar el parto de la democracia”,  pero, también, que éstas no consiguieron “enturbiar el clima de serenidad que reinó”. Subraya, sobre todo, la “firmeza y determinación de España” al recibir la libertad y la idea, de nuevo, de “saber ganar”: “moderación en las filas de los vencedores”. Ya, al igual que El País, informa de los incidentesocurridos y de que “el país ha votado pacíficamente”, así como también señala la idea de que “los vencedores se den cuenta de que pueden ser minoría” en un futuro. Arriba destaca que “es la primera vez en nuestra historia moderna que toda la nación se moviliza por la paz”, además de hablar, como los anteriores diarios, de paz, libertad, democracia…, señala que “hemos ganado todos”. Diario 16 demuestra ser optimista y esperanzador. Explica los hechos diciendo que España ha ido a las urnas “con alegría y optimismo concientes de estar haciendo algo decisivo para el futuro”. Y, además, informa también de los incidentes ocurridos de “falta de papeletas y urnas sin sellar”, pero haciendo ver que la jornada fue positiva a pesar de todo. Destaca, en resumen, que ha nacido un país.

Acerca del  restablecimiento de la Generalitat de Cataluña en septiembre de ese mismo año, El Alcázar se muestra en desacuerdo y comenta que se trata de “un atropello a la democracia”, ya que “resulta anormal que el Ejecutivo, por su cuenta y riesgo, apruebe una provisionalidad que a nada conduce”. Señala el diario que el pueblo es “teóricamentesoberano, pero sin arte ni parte en la grave decisión”. Diario 16 opina sobre ello que es el “primer paso efectivo de un proceso autonómico; una conquista vital para la democracia”. Incluso lo califica como “solución de un sueño”. Arribainforma del suceso recalcando que el “espíritu de diálogo” estuvo muy presente en todo momento, personificándolo con adjetivos como “protagonista milagroso y certero, conciliador y respetuoso”. El diario deja bien claro que “no ha cambiado el objetivo de España de unidad; simplemente, la perspectiva”.

En cuanto al Referéndum Constitucional del 6 de diciembre del año 78El Alcázar habla de “la desembocadura patéticadel proceso constituyente”. Opinan que “la ruptura tiene un precio” y que “es lo peor que podría suceder: que tras la Constitución sólo esté poco más de la mitad de los españoles”. Dice, además, que el futuro político es “incierto”. El Paísinforma de que “la abstención fue mayor de lo previsto” y Egin titula su artículo con un Fuerte rechazo a la Constitución, por parte de Euskadi. Diario 16 se muestra de nuevo optimista y subtitula: “El pueblo español votó sí a la Constitución, aunque hubo más abstención de la prevista”. El Periódico de Catalunya, por su parte, informa sobre el “grave y dramático” caso vasco, y señala que “la cara opuesta de la moneda ha sido Cataluña”. Además, revela que “en las abstenciones está reflejado el desencanto de los últimos doce meses”.

Acerca de las elecciones municipales del 3 de abril de 1979El Alcázar, en su línea, destaca que “la izquierda alcanzó su objetivo: Madrid tendrá un alcalde marxista”. Egin informa de “la menor afluencia de votantes que en las elecciones generales del pasado uno de marzo. Informaciones también subraya el abstencionismo, como “dato más llamativo” de la jornada. El diario lo achaca a que se ha ido tres veces a las urnas en menos de cuatro meses, y a “la desvalorización que efectuó el franquismo, con su farsa de elecciones municipales”. El Periódico de Catalunya, con un tono crítico y enojado, se decanta por contar los desafortunados incidentes del día anterior: “Caciquismo, prepotencia, picaresca, invención de votos por correo…”. Arriba, por otro lado, habla de los hechos como de “última etapa, recta final del largo y complejo proceso del cambio político que nos ha llevado a la plenitud democrática”. También refleja la menor participación en las urnas que en anteriores ocasiones y hace ver lo importante que son unas elecciones municipales, ya que ahí “se afianzan los pilares más sólidos de la construcción de un Estado libre”.

En cuanto al Golpe de Estado de febrero del año 81El País lo designa “alevoso atentado contra el pueblo español, una humillación para la dignidad y madurez de España y una criminal violación de la Constitución”, con su característico tono crítico y fervoroso que se demuestra en el uso de epítetos. Además, destaca la acertada actitud del Rey, diciendo que “es símbolo de la legitimidad constitucional y democrática” Egin lanza un decálogo antigolpista, mientras que El Alcázar habla de “un proceso político que, por la dimensión de sus errores, ha conducido a tan extremos resultados”. Diario 16relata las “horas amargas” pasadas el día anterior y también alaba la actuación de don Juan Carlos, al que llama “gran faro de esperanza”. El Periódico de Catalunya, por otro lado, describe el suceso del 23-F con “indignación, aunque con esperanza”, esperanza de que la democracia supere los obstáculos que se le presenten en el camino.

Sobre las elecciones generales del 28 de octubre de 1982ABC destaca “el porcentaje más alto que en anteriores convocatorias”, y comparte su “respeto por las opciones individuales y un acatamiento del veredicto de las urnas”. Diario 16 señala la “alegría democrática” percibida en la jornada electoral y que “no apareció por ninguna parte el fantasma de las dos Españas”, algo verdaderamente importante. Egin informa sobre una mesa redonda que tuvo lugar en Bilbao, en la que “se valoraron los resultados globales y particulares” del triunfo socialista. En ella se afirmó que existía “una gran expectación por lo que vaya a hacer el PSOE en la comunidad vasca”. La Vanguardia también destaca la elevada participación en las urnas “incluso en el País Vasco”. Considera este diario el triunfo de González como “un cambio importante en el panorama político”, ya que “una democracia moderna se consolida cuando consigue combinar armónicamente la continuidad con los cambios”.

Lo que resulta evidente, tras este amplio estudio, es que la transición se dio a conocer a través de la prensa, y que ésta contribuyó en suma medida a que aquélla se tornase posible.


[1] Esta expresión es de José Javier Sánchez Aranda, de su libro Breve historia de la comunicación en el mundo contemporáneo, ediciones Newbook, 2000.

[2] Idea obtenida de Historias de la prensa, de Eduardo de Guzmán, ediciones Penthalon, 1982.

[3] Cita de José Javier Sánchez Aranda en el mencionado libro.

[4] Cita de Censura tras la censura, crónica personal de la transición periodística (1970-1975), de Esteban Greciet, editorial Fragua, 1998, Madrid.

[5] Información obtenida de Historias de la prensa, de Eduardo de Guzmán, ediciones Penthalon, 1982.

[6] Cita textual de Censura tras la censura, crónica personal de la transición periodística (1970-1975), de Esteban Greciet, editorial Fragua, 1998, Madrid.

[7] Cita de Raúl Alfonsín, ex presidente de la República Argentina.

[8] Información de Geografía e historia de España, de J. Prats, J. Castelló, R. Fernández, M. García, I. Izuzquiza y M. Loste, ediciones Anaya.

[9] Expresión de Historia gráfica del siglo XX en España, de ABC.

[10] Información obtenida de Historias de la prensa, de Eduardo de Guzmán.

[11] Idea del historiador Javier Pradera, de Internet.

[12] Cita de Julián Marías en el artículo Intrahistoria de la transición, publicado en ABC Madrid el 20 de junio de 2002.

[13] Ideas y cita de Historias de la prensa, de Eduardo de Guzmán, ediciones Penthalon, 1982.

[14] Cita textual de Breve historia de la comunicación en el mundo contemporáneo, de José Javier Sánchez Aranda.

[15] Cita textual de Sánchez Aranda en Breve historia de la comunicación en el mundo contemporáneo.

[16] Información y citas textuales obtenidas de Censura tras la censura (1970-1975), de Esteban Greciet.

[17] Cita de Breve historia de la comunicación en el mundo contemporáneo, de Sánchez Aranda.

El visón europeo: ese gran desconocido

VisonEuropeo

(Reportaje publicado en El Periódico Universitario en 2002)

El visón europeo es nuestro mamífero más amenazado

Quizá nos suene el nombre, por los suaves abrigos que se elaboran con su piel. Sin embargo, su apellido no resulta tan familiar. Es del visón americano de quien se obtiene tan valiosa prenda. Del europeo sólo se conoce, en la actualidad, la existencia de dos núcleos relevantes de población: uno situado en el sureste francés, y el otro, en la zona vasco-navarra, en España. A mediados del siglo pasado, comenzó a desaparecer en Europa Central, a causa, principalmente, de la alteración de su hábitat y de la convivencia con el visón americano, al que tiene que hacer frente. Desde entonces, el número de visones europeos no ha dejado de reducirse. Los especialistas afirman que es motivo de preocupación.

(En el ángulo superior izquierdo de la página, colocaría una foto del visón europeo, y otra, paralela y pegada, del americano. Así, el lector podría ver la diferencia de tamaño que existe entre las dos clases de animal; un distintivo muy relevante, ya que ahí radica la competencia que se da entre los dos).

¿Cómo es?

El visón europeo es un pequeño mamífero carnívoro, totalmente ligado a los medios acuáticos. Sus pies son semipalmeados, lo que le permite nadar y bucear sin ningún problema. Sus patas son cortas, y el cuerpo y la cola, alargados. Es de color marrón, casi negro, con manchas blancas por encima y por debajo de la boca; su longitud varía entre 50 y 60 centímetros; y pesa, aproximadamente, dos kilos. Se trata de una especie muy parecida a la comadreja. Este pequeño animal vive en terrenos húmedos (ríos, marismas, lagunas…), provistos de una buena vegetación, y es muy difícil de ver, ya que sus hábitos son nocturnos.

No se conoce el número de visones existentes, pero se sabe que en la cuenca del Ega, en Belate, y en la Sierra de Aralar, en donde hay un parque natural, en Navarra, éste es relativamente alto.

¿Desaparecerá?

El visón europeo es una especie en regresión; su extinción se viene fraguando desde que la especie fue desapareciendo en el centro de Europa, la antigua U.R.S.S. y Francia. Los motivos son varios: Por un lado, su hábitat se ha visto alterado, profundamente. En Francia, por ejemplo, en los últimos veinte años, se ha perdido casi la mitad de tierras húmedas, para aprovechamiento agrícola. Las obras que se realizan en los cursos de agua, como canalizadores, carreteras, limpieza de riberas… afectan negativamente a la supervivencia del visón. La vegetación también se ha reducido, por deforestaciones.

Otro motivo por el que los visones mueren es la competencia que se da con otros animales de su familia (mustélidos), que habitan en los mismos lugares, y tienen costumbres semejantes. Nos referimos, sobre todo, al visón americano; aunque tampoco hay que olvidar a la nutria y a las grandes aves rapaces diurnas y nocturnas. El visón americano es de mayor tamaño que el europeo, y vive en idénticos nichos ecológicos. Por ello, y por su aparente mayor resistencia a las alteraciones del medio ambiente, el visón americano sustituye al europeo. Además, no hace falta decir que el más fuerte siempre gana. El visón americano llegó a Europa en los años veinte. Hoy día, es un animal común en gran parte del continente.

Por otro lado, la polución y la contaminación de los ríos también influye en la regresión del visón. Lo hace en mayor medida en el caso del americano, que en seguida se ve afectado por ciertos contaminantes, como el metilmercurio; Sin embargo, se han encontrado altos niveles de mercurio en diferentes ríos de Francia, en donde la especie casi ha desaparecido. Por esto, se cree que la contaminación del agua también afecta a los visones europeos.

Se puede hablar de otros factores, como los parásitos que viven en el interior del europeo, que provoca deformaciones importantes en el cráneo; de la caza ilegal de estos animales; de la falta de alimento, sobre todo, en periodos de escasez; o, también, del tráfico rodado. A menudo, el visón europeo atraviesa carreteras, cuando busca nuevas áreas vitales. En España, de un total de 43 ejemplares, el 72,1 por ciento murió por la acción directa del hombre, el 23,3, atropellados, y el 4,6 restante, ahogados de forma accidental.

Para conocer, con mayor profundidad, los factores que inciden negativamente sobre el visón europeo, visite la página: 

http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies-amenazadas/vertebrados/vison.aspx

En cuanto a la contaminación de la que hablábamos, el estado de conservación de nuestros ríos es dispar. Por un lado, destacan por su buen estado los de la mitad norte de Navarra. En el extremo contrario, el Ebro, el Zadorra y los tramos medios-bajos de los ríos cantábricos se encuentran sumamente alterados. Por ahora, el visón siempre ha mostrado una aparente tolerancia, al ocupar ríos característicos de los dos extremos. Sin embargo, el ejemplo citado, antes, sobre la contaminación de los ríos de Francia, y la posterior regresión de la especie allí, provoca que uno se plantee la relevancia de la buena conservación de las aguas de Navarra. Quién sabe si, dentro de algún tiempo, los visones abandonarán, también, esos ríos contaminados, y se asentarán todos en la Comunidad Foral.

¿Cómo se pueden conservar?

Cualquier pronóstico sobre la viabilidad o el futuro del visón europeo, como especie salvaje, ha de ser cauto, ya que la protección integral no es suficiente. La información que ofrece la literatura científica no permite calcular tamaños de población mínima viable, determinar áreas críticas, o elaborar modelos predictivos para la conservación de la especie.

Así y todo, un posible plan de conservación de la especie, podría estar constituido por la vigilancia de la presencia del visón americano. Por otra parte, la protección del hábitat debería centrarse en los ríos, donde ha sido detectada la especie, e incluiría la conservación de la vegetación, la restauración de las márgenes de los ríos y regatas, y la mejora de la calidad del agua. En las áreas donde hubiese visones, deberían prohibirse los cepos para carnívoros, y regularse, estrictamente, el uso de lazos.

En Navarra, se están proponiendo actuaciones que pretenden favorecer la presencia de algunas especies, entre ellas el visón europeo, en las zonas verdes del interior de Pamplona. Por supuesto, no aspiran a su implantación en ella, ya que eso sería imposible sin la reconstitución de los ecosistemas originarios. Son cambios en las diversas capas del paisaje, dirigidas a corregir las fragmentaciones existentes, y a mejorar la capacidad del hábitat. Para el caso del visón, la actuación correspondiente es la regulación de caudales, y el control de escalas. Otros cambios son el establecimiento de franjas de protección en barrancos de cinco metros, favorecer la fauna silvestre mediante el inventario y conservación de setos, y determinados acuerdos entre agricultores y ganaderos, para evitar el pastoreo en las zonas en las que habite el visón.

 Y es que las poblaciones rurales desempeñan un importante papel en este tema que nos ocupa. En el mundo rural no se arrojan residuos industriales a las aguas, ni tienen proyectos de urbanización, tan ambiciosos como en las ciudades. De esa manera, se salva una gran cantidad de espacio, que permanece intacta, para que viva el visón, y otras especies.

Creo que, poco a poco, se va conociendo en mayor medida a este gran desconocido: el visón europeo. Cada vez hay más información sobre él. Sin embargo, sigue siendo elevada la cantidad de interrogantes que existe al respecto. Todavía quedan muchos estudios por hacer y planes que idear, para su conservación. Esperemos que surjan buenas soluciones, y podamos disfrutar de él durante generaciones y generaciones.

11-S: “Estaba en el corazón del mundo, y veía cómo se derrumbaba ante mis ojos. Me sentía realmente impotente”

(Entrevista publicada en El Periódico Universitario en octubre de 2011)

Lourdes Coronel vivió los atentados del 11 de septiembre, desde Washington

Lourdes es una chica ecuatoriana, que estudia en la Universidad de Navarra. Sus padres llevan dos años viviendo en Washington. Por todo ello, viaja a menudo; y el 11 de septiembre se encontraba en la capital de EE.UU. Siempre recordaremos esa fecha; siempre, con un estremecimiento. La sorpresa e incredulidad se apoderaron de cuantos seguíamos los acontecimientos, a distancia. Pero ¿qué es lo que sintieron realmente las personas que lo presenciaron?

R.F: Lourdes, ¿cuándo te fuiste a EE.UU.?¿En qué fecha?

L.C: Llegué a New York el día 8 de septiembre. Fui con mis padres sólo para conocer la oficina en la que trabajaba mi hermano. Por la ventana de su despacho veíamos las Torres. Recuerdo que mi madre comentó, como tantas otras veces: “¡Hay qué lindas que se ven las Torres!”. No se notaba nada, lógicamente. Era un fin de semana como otro cualquiera. El día 10, por la tarde, nos fuimos a Washington.

R.F: ¿Dónde estabas cuando te enteraste del atentado contra las torres gemelas? ¿Qué hora era?

L.C: Pues… Alrededor de las nueve de la mañana; en cuanto se dio en el noticiario. Mi padre se acababa de preparar para ir al Banco Interamericano (en donde trabaja), pero rápidamente se le comunicó desde allí, que no fuera ya que estaban desalojando el edificio.

R.F: A pesar de que todavía no había tenido lugar el atentado contra el pentágono…

L.C: Sí, cierto. En EE.UU. la gente está acostumbrada a hacer simulacros por cualquier cosa, y esto no era para menos.

R.F: Lourdes, ¿qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza? ¿Pensaste que era un accidente, o de inmediato supusiste que se trataba de un atentado?

L.C: Bueno, nadie sabía qué estaba pasando. No daba tiempo a pensar. Los informadores tampoco sabían, y lo único que teníamos en la cabeza era confusión. Al principio me pregunté cómo en el siglo XXI un avión no veía una torre tan imponente, pero luego llegó el otro y lo tuvimos claro: un atentado.

R.F: ¿Llamasteis inmediatamente a tu hermano?

L.C: Era difícil despegarse del televisor, y a los quince minutos llamó él. Tampoco sabía nada. En realidad, los Medios hicieron una labor excelente: todos nos enteramos de las mismas cosas a la vez. Luego, a medida que pasaba el tiempo, las líneas se colapsaban, hasta que nos fue imposible contactar.

R.F: Después, en el pentágono…

L.C: Bueno, ya no nos lo creíamos. Mi casa está a tres cuadras (calles) del pentágono; ¡Se veía el humo! La catástrofe nos estaba tocando a nosotros y sólo pensábamos que se nos iba a caer una bomba encima.

R.F: ¿Saliste ese día a la calle? ¿Se respiraba miedo, histeria…?

L.C: Por la tarde salí a comprar leche porque nos faltaba, ¡y en los supermercados no quedaba nada! La gente ya estaba pensando que se tendría que quedar en casa una buena temporada. Las calles en Washington estaban vacías; las tiendas, cerradas. ¡Era una ciudad fantasma! En New York había más nerviosismo: la destrucción fue más espectacular.

R.F: Supongo, entonces, que sólo habría policías, bomberos…

L.C: Impresionante: ¡En cada esquina había militares con sus tanques de guerra! ¡Me sentía en una película! Había periodistas, también, que me preguntaban cómo me sentía… Todo parecía de ciencia-ficción.

R.F: Lourdes, tú estuviste en Nueva York hace menos de un mes. ¿Cómo está la ciudad?

L.C: Terrible. Todavía huele a humo. A las dos semanas era agobiante, no se podía respirar: Era como meter la cara en un cenicero. Ahora huele a quemado, es impactante. Además todavía quedan restos de las Torres… Ahora es… otro mundo.

R.F: Cuando te fuiste, ¿notaste mucho los cambios en la seguridad de los aeropuertos?

L.C: Sí, pero creo que eran “métodos de última hora”. Quiero decir, que se tomaban medidas extrañas, que no servían de nada. Como si estuviesen mal pensadas. Por ejemplo, hacían un sorteo por cada diez pasajeros, y al que le tocase, le abrían todo el equipaje allí mismo. A mí me quitaron el mechero y la lima de uñas. En los aeropuertos había muchísimos coches de policía.

R.F: ¿Se veía menos gente en los aviones?

L.C: Sí, sí. El vuelo que tomé a Miami iba prácticamente vacío, y eso nunca había pasado antes. Me he dado perfecta cuenta de que si la gente puede evitar los aviones, los evita.

R.F: Lourdes, ¿conoces a alguien que, después de los atentados, no quiera volver a trabajar en Nueva York?

L.C: ¡Muchísima gente! Yo conozco muy bien a un chico que estaba enamorado de su trabajo y de Manhattan; además, qué curioso, salía con una chica judía y sus padres no estaban del todo de acuerdo, por la diferencia cultural. Aunque la relación entre ellos no iba muy bien, éste fue el detonante para que terminasen. Él me dijo que “en ese momento” se dio cuenta de que la diferencia entre culturas es muy importante. Este chico, además, ahora ya no quiere vivir en Nueva York: es impresionante.

R.F: Con la perspectiva del tiempo, ¿con qué sentimiento te quedas?

L.C: Me impactó el estar en el corazón del mundo y ver que dos de sus símbolos más emblemáticos se derrumbaban ante mis ojos, y yo no podía hacer nada. La sorpresa, la confusión, y la impotencia estaban conmigo. Y lo que es realmente triste es que ni siquiera los líderes pueden ni podrán hacer nada, aunque volviera a pasar, porque el terrorismo es así, muy fuerte y capaz de derrumbar tanto lo físico como lo moral.