Tercera edad: ¿edad madura o edad basura?

Bien sabido es que, en las sociedades tradicionales, a los ancianos se les consideraba auténticos sabios. Se les tenía a estos como la personificación de la experiencia; de la sapiencia adquirida tras el largo y sinuoso camino que supone la senda de la vida. Incluso era en ellos en donde recaían las responsabilidades políticas del lugar. El hombre siempre ha sido un ser de crecimiento irrestricto: nunca termina de crecer. Por tanto, no resultaba, ni debería resultar hoy, complicado darse cuenta de cuánta grandeza podía llevar consigo una persona de edad avanzada, y, por ello, se les respetaba y admiraba hasta la extenuación. Eran otros tiempos.

Hoy día, empero, ya nadie aprecia esas particularidades, no se sabe muy bien por qué. Es inevitable suponer que la avanzada tecnología desempeña un papel principal en la desafortunada situación. Actualmente, gracias a esos nuevos conocimientos, a esas ciencias aplicadas, el hombre tiene un número de posibilidades en exceso mayor que el que se le presentaba en aquella época: Hoy se puede llevar a cabo toda clase de acciones en un tiempo infinitamente menor. Una persona es capaz de aprender de todo en un tiempo récord. Ya nadie necesita escuchar los interminables discursos de los “abueletes”, si uno se puede enterar de más asuntos y de un modo mejor, a través de Internet, o viendo por la televisión el programa o la serie de turno. Resulta paradójico, por otra parte, que ahora que se cuenta con más tiempo, se les dedique menos a nuestros mayores. Sin embargo, hay que pensar que existe una cantidad infinitamente mayor de distracciones; Y, claro, uno no va a dejar de ir al cine por ir a ver a su abuela, que ya la verá otro día. Está claro que el mundo ha alcanzado un ritmo frenético al que las personas mayores ya no pueden adaptarse, porque ni siquiera tienen cabida. Un mundo de distinta naturaleza al suyo, en el que, a pesar de ello, se ven obligadas a vivir.

Vivimos, además, en una sociedad despersonalizada, completamente alienada. Los individuos ya no son personas, sino meros números o clientes. Pero lo más triste es que no vivimos en esta sociedad porque nos haya tocado en suerte (que, por otra parte y bien mirado, hubiese sido pésima), sino porque nosotros la hemos construido así. Se trata de un funcionalismo práctico, en donde una persona es alguien en la medida en la que tiene una función en la sociedad. ¿Y en qué lugar, me pregunto yo, quedan entonces los ancianos? ¿Cuál es su función? El sistema anónimo que hemos creado ya se encarga de ofrecer una respuesta: está claro que la de estorbar.

No se puede dejar de señalar, también, y ya que forma parte de nuestra “magistral” obra social, el materialismo con el que se funciona continuamente en nuestros días. Por alcanzar el bienestar físico, se es capaz de dejar de lado todo tipo de esfuerzos. Antaño, nadie hubiese osado levantar la voz a una persona mayor. Hogaño, se les levanta la casa, y buen viaje al asilo. Ya verás qué bien vas a estar, cuánto vas a hablar y ¡cómo te van a escuchar! Es una realidad: La edad madura se ha tornado basura. Parece que va a tener razón Hemingway al decir en una ocasión, en boca de Santiago, aquel viejo pescador: “Nadie debiera estar solo en su vejez, pero es inevitable”.

Por otro lado, la ancianidad va pareja con la tradición; y ésta, sin duda, constituye una realidad que permite conectar al hombre con su pasado: un valioso y colosal depósito de experiencias. Ese tiempo pretérito forma parte de la identidad de cada uno. Sin pasado no existe futuro, y, por ello, uno no debe ignorar lo acontecido. No es posible que crezcan hojas, si se maltratan las raíces. O quizá sea posible, pero esas hojas, sin lugar a dudas, crecerán nefastamente. Para nuestra desgracia, el respeto consiste en una virtud justa: si uno no respeta a las generaciones pasadas, las venideras no respetarán a las actuales. Y esos somos nosotros.

Que esa edad considerada otrora madura se haya convertido en basura supone un hecho. Pero ¿por qué no reciclarla? Dejemos que Hemingway se equivoque.

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