José María Álvarez-Cascos: “Soy feliz con lo que he conseguido en esta vida; no me siento frustrado, porque no tenía mayores aspiraciones”

Cascos

Entrevista a don José María Álvarez-Cascos, padre de don Francisco Álvarez-Cascos, realizada en 2002

Álvarez-Cascos: Un apellido que corresponde a tres generaciones de políticos; José María, se encuentra entre dos. Es padre del actual (en el momento de realizar esta entrevista) Ministro de Fomento Francisco Álvarez-Cascos, y con su afable apariencia, pero haciendo gala de una arrolladora personalidad, explica la historia de los comienzos políticos de su familia, y cuenta cómo era la época en la que fue concejal del Ayuntamiento de Gijón, en la postguerra española.

Sumarios:

Los políticos de antes éramos unos aficionados; ahora son profesionales”.

“En la década de los cincuenta había más libertad que ahora: podías mandar al Alcalde a freír espárragos”.

En la prensa sólo se informa de lo terrible que fue la persecución de Franco durante la Guerra Civil española, pero hubo barbaridades por ambas partes: las guerras son así”.

Mi hijo Francisco es un entusiasta: cuando se mete en algo se emplea a fondo. No tiene término medio”.

Su padre: político y empresario

José María nació en Luarca (Asturias) en 1918. Su padre, Fernando, fue diputado provincial, y concejal de Luarca; Y fundó, junto con un reducido grupo de luarqueses, en 1925, Alsa (Automóviles Luarca, S.A.: Una gran empresa asturiana de autobuses, que hoy día tiene dependencias en todo el mundo). Además, publicó varios escritos.

R.F: ¿Qué estudió su padre?

A-C: Derecho en Oviedo, hasta obtener la licenciatura, y luego se fue a Madrid. En la Universidad Central obtuvo el grado de Doctor. Después volvió a Luarca.

R.F: Era un hombre muy conocido allí.

A-C: Sí. Siendo político llevó al príncipe de Asturias (Alfonso de Borbón y Battenberg), dos veces, a Luarca. Sin embargo, lo más importante que hizo fue fundar Alsa. Después fue secretario del Consejo de Administración de Alsa, durante muchos años.

Un tío abuelo suyo, César, estudió la carrera de Derecho; Otro, Alfredo, Ingeniería de Caminos; Su abuelo, Godofredo, ambas; su padre y él, Derecho; y su hijo, Ingeniería de Caminos, también.

R.F: Pertenece usted a una familia de abogados, políticos e ingenieros. ¿Eligieron su camino por tradición o por vocación?

A-C: En realidad, si miramos más atrás en el tiempo, mi bisabuelo era comerciante, el padre de éste, marinero…

José María: Un político contestatario

R.F: Cuando comenzó la Guerra, tenía usted dieciocho años. ¿Empezó a estudiar cuando terminó el conflicto?

A-C: Sí. Derecho en Oviedo. Fue una época muy complicada. Los primeros años estudiaba con unos cursos que se impartían después de la Guerra.

R.F: ¿Cuáles fueron sus primeros pasos en la vida laboral?

A-C: Primero trabajé en Alsa una temporada. Luego me fui a Madrid a hacer oposiciones, y comencé a trabajar en el Banco Exterior de España. Después me independicé, y fundé una sociedad con unos amigos, relacionada con las artes gráficas.

R.F: ¿Cómo se hizo concejal del Ayuntamiento de Gijón?

A-C: Fue algo espontáneo. Me dirigí a Gijón con muchas inquietudes y me hice miembro de la Asociación de Consignatarios de buques; Hubo unas elecciones y unos amigos  me presentaron por el tercio sindical.

R.F: Estuvo dos años con ese cargo.

A-C: Estuve hasta que me echaron [risas], porque el Alcalde (don Cecilio Olivier) y yo, no estábamos de acuerdo en algunas cosas. Estaba un poco desfasado.

R.F: ¿Podría decirme alguna diferencia entre la política de antes y la de ahora?

A-C: La principal es que, antes, nosotros éramos unos aficionados, y, ahora, son profesionales. Ahora hay sueldos; antes, la única remuneración era para el Alcalde, que recibía unas cincuenta o sesenta mil pesetas. Era una barbaridad para la época.

R.F: ¿El Ayuntamiento no les pagaba nada?

A-C: Cuando fui segundo Teniente-Alcalde y presidente de la comisión de Urbanismo teníamos que desplazarnos a ver obras en un coche, pagábamos las comidas entre todos… y para qué te voy a contar más. Era una diferencia total.

R.F: ¿Hay cosas que siguen igual hoy día?

A-C: Si las  hay, son pocas. Existe una gran diferencia entre ambas épocas.

R.F: ¿Le gustaría que hubiese sido todo como ahora?

A-C: No, no ¡Ni hablar! Había mucha más libertad entonces; podías mandar al  Alcalde a freír espárragos, porque, como digo, todo era más informal.

Al igual que su padre, a José María le gusta escribir. A finales de noviembre, se publicó en La Nueva España (diario de mayor tirada en Asturias) un artículo suyo, titulado “La Revolución de octubre de 1934”, en el que critica el hecho de que se tome esta revolución como ejemplarizante. Comenta, además, que las nuevas generaciones tienen una mala opinión sobre la Guerra Civil, porque la información que se les da va en la misma línea, con la que se presenta tal revolución.

R.F: ¿En qué lo nota?

A-C: Es muy sencillo. Se ve en la prensa, en la que sólo se informa de lo terrible que fue la persecución de Franco a los republicanos. Y lo fue, pero la otra parte tampoco se quedó corta. Nosotros hicimos una guerra a la fuerza, la ganamos y nos fuimos a casa, tranquilamente. Cada uno se buscó la vida como pudo. De acuerdo. Pero hubo barbaridades por ambas partes, y es que las guerras son así; sobre todo, las fraticidas.

R.F: Y le molesta, además, que la gente hable sin saber…

A-C: Además de que eso me molesta, cuentan sólo una parte.

R.F: Sin embargo, cuando tuvo lugar la Revolución de 1934 usted tenía dieciséis años; era muy joven, ¿se enteró bien de todo?

A-C: Sí. Yo estaba bastante politizado, al estar mi padre en ese mundo. También hay que tener en cuenta que yo ahora tengo 84 años, y las cosas se ven mejor con perspectiva. Veo todo diferente a como lo veía cuando tenía dieciocho.

R.F: ¿Su padre le enseñaba política?

A-C: No, no, yo tenía mis inquietudes y estaba al tanto de todo.

R.F: ¿Ha escrito algo serio o sólo como aficionado?

A-C: Yo era un aficionado más: empecé con crónicas deportivas en la Universidad de Oviedo. Lo que pasaba era que mis crónicas del Distrito universitario de Oviedo no coincidían con las que hacían los periodistas madrileños, porque yo decía que el equipo ovetense iba en primer lugar, y, ellos, decían que estaba en el cuarto. Yo creo que eso no era demasiado importante (comenta, mirando hacia otro lado).

R.F: Parece que era usted muy resuelto y un poco rebelde.

A-C: ¡No! [risas] Yo siempre fui muy pacífico.

R.F: ¿Está contento por haber llegado a donde lo ha hecho, o ambicionaba más?

A-C: No, no quería más. Yo soy feliz: tengo doce nietos, cuatro hijos… Con eso me conformo. No me siento frustrado. En los cargos que he tenido, he puesto muchísimo interés, un gran entusiasmo. No tenía mayores aspiraciones.

Su hijo Francisco: De político a ingeniero

Francisco Álvarez-Cascos ocupó los cargos de Vicepresidente primero y Ministro de la Presidencia del Gobierno español, desde mayo de 1996 hasta abril de 2000. En esa fecha pasó a hacerse cargo del Ministerio de Fomento.

R.F: ¿Cómo era su hijo de pequeño?

A-C: Fue un buen estudiante, y un entusiasta de todo: cuando se mete en algo, se emplea a fondo. Por ejemplo, una de sus aficiones es la pesca del salmón, y no paró hasta ser el mejor. Cuando empezó a jugar a balonmano, se dedicaba a entrenar, intensamente. Francisco no tiene término medio: o se mete o no se mete.

R.F: Usted también pesca ¿no?

A-C: Sí, pero yo soy muy malo. Él me da mil vueltas.

R.F: ¿Cuándo decidió estudiar Ingeniería de Caminos?

A-C: Cuando era pequeño. Mi padre quería que yo hubiese elegido ese camino, pero  tuve la suerte de coincidir con la Guerra. Cuando nació Francisco, que es el mayor de mis hijos, aprovechó y, quién sabe, a lo mejor le lavó el cerebro y todo. Algo de culpa sí tuvo, creo yo.

R.F: ¿Le atraía ya el mundo de la política?

A-C: No, no. Además, él nunca se imaginó siendo político. Ya digo que cuando se dedicaba a una cosa, se metía en ella todo el tiempo, y, mientras estudiaba la carrera, no pensaba en otra cosa.

R.F: ¿Qué pensaba usted cuando su hijo iba escalando peldaños?

A-C: Al principio, me disgustaba bastante el rumbo que tomaba su vida, aunque esto nunca se lo expresé; ya que siempre fui muy respetuoso con mis hijos. Sin embargo, su camino no me convencía mucho: prefería que hubiera sido secretario general de fulano y construcciones, que secretario general del Partido Popular.

R.F: Y ahora, al ver donde está ¿qué es lo que pasa por su cabeza?

A-C: Estoy muy orgulloso, porque creo que lo está haciendo bien. Aunque yo no soy el más indicado para hablar de su trabajo.

R.F: ¿Qué siente el padre de un ministro?

A-C: Yo no siento nada. Cuando alguien me dice algo de mi hijo, el Ministro, yo no soy consciente de que lo es. Cuando viene a casa nunca hablamos de política. Yo no me hago a la idea todavía. Y es que antes el padre de un Ministro era una persona importante; ahora no somos nadie.

R.F: ¿Tiene miedo de un posible ataque terrorista?

A-C: Yo espero que Dios nos siga protegiendo, que continuemos saliendo adelante… Y si viene una desgracia de ese tipo, se tiene que aceptar.

R.F: Mucha gente dice que a Francisco Álvarez-Cascos le va mejor el Ministerio de Fomento, por haber estudiado Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. ¿Está de acuerdo? ¿Cree que se trata de una mejor forma de aprovechamiento de su carrera?

A-C: Sí… aunque cuando era Vicepresidente primero también hacía las cosas bien. Yo siempre le vi contento con lo que hacía, porque, como he dicho, se mete a fondo en todo, y disfruta; pero creo que ahora está más feliz aún.

R.F: Se dice que su hijo es un ministro claro y rotundo. Además, usted dice que es muy exigente consigo mismo. ¿Todo eso lo aprendió de usted?

A-C: No. Cada uno tiene su propia escuela. Algo que pudo aprender en casa es el tema de la honradez, pero lo demás forma parte de su carácter; como su tenacidad.

Entrevista a don José María Álvarez-Cascos, padre de don Francisco Álvarez-Cascos, realizada en 2002

Álvarez-Cascos: Un apellido que corresponde a tres generaciones de políticos; José María, se encuentra entre dos. Es padre del actual (en el momento de realizar esta entrevista) Ministro de Fomento Francisco Álvarez-Cascos, y con su afable apariencia, pero haciendo gala de una arrolladora personalidad, explica la historia de los comienzos políticos de su familia, y cuenta cómo era la época en la que fue concejal del Ayuntamiento de Gijón, en la postguerra española.

Sumarios:

Los políticos de antes éramos unos aficionados; ahora son profesionales”.

“En la década de los cincuenta había más libertad que ahora: podías mandar al Alcalde a freír espárragos”.

En la prensa sólo se informa de lo terrible que fue la persecución de Franco durante la Guerra Civil española, pero hubo barbaridades por ambas partes: las guerras son así”.

Mi hijo Francisco es un entusiasta: cuando se mete en algo se emplea a fondo. No tiene término medio”.

Su padre: político y empresario

José María nació en Luarca (Asturias) en 1918. Su padre, Fernando, fue diputado provincial, y concejal de Luarca; Y fundó, junto con un reducido grupo de luarqueses, en 1925, Alsa (Automóviles Luarca, S.A.: Una gran empresa asturiana de autobuses, que hoy día tiene dependencias en todo el mundo). Además, publicó varios escritos.

R.F: ¿Qué estudió su padre?

A-C: Derecho en Oviedo, hasta obtener la licenciatura, y luego se fue a Madrid. En la Universidad Central obtuvo el grado de Doctor. Después volvió a Luarca.

R.F: Era un hombre muy conocido allí.

A-C: Sí. Siendo político llevó al príncipe de Asturias (Alfonso de Borbón y Battenberg), dos veces, a Luarca. Sin embargo, lo más importante que hizo fue fundar Alsa. Después fue secretario del Consejo de Administración de Alsa, durante muchos años.

Un tío abuelo suyo, César, estudió la carrera de Derecho; Otro, Alfredo, Ingeniería de Caminos; Su abuelo, Godofredo, ambas; su padre y él, Derecho; y su hijo, Ingeniería de Caminos, también.

R.F: Pertenece usted a una familia de abogados, políticos e ingenieros. ¿Eligieron su camino por tradición o por vocación?

A-C: En realidad, si miramos más atrás en el tiempo, mi bisabuelo era comerciante, el padre de éste, marinero…

José María: Un político contestatario

R.F: Cuando comenzó la Guerra, tenía usted dieciocho años. ¿Empezó a estudiar cuando terminó el conflicto?

A-C: Sí. Derecho en Oviedo. Fue una época muy complicada. Los primeros años estudiaba con unos cursos que se impartían después de la Guerra.

R.F: ¿Cuáles fueron sus primeros pasos en la vida laboral?

A-C: Primero trabajé en Alsa una temporada. Luego me fui a Madrid a hacer oposiciones, y comencé a trabajar en el Banco Exterior de España. Después me independicé, y fundé una sociedad con unos amigos, relacionada con las artes gráficas.

R.F: ¿Cómo se hizo concejal del Ayuntamiento de Gijón?

A-C: Fue algo espontáneo. Me dirigí a Gijón con muchas inquietudes y me hice miembro de la Asociación de Consignatarios de buques; Hubo unas elecciones y unos amigos  me presentaron por el tercio sindical.

R.F: Estuvo dos años con ese cargo.

A-C: Estuve hasta que me echaron [risas], porque el Alcalde (don Cecilio Olivier) y yo, no estábamos de acuerdo en algunas cosas. Estaba un poco desfasado.

R.F: ¿Podría decirme alguna diferencia entre la política de antes y la de ahora?

A-C: La principal es que, antes, nosotros éramos unos aficionados, y, ahora, son profesionales. Ahora hay sueldos; antes, la única remuneración era para el Alcalde, que recibía unas cincuenta o sesenta mil pesetas. Era una barbaridad para la época.

R.F: ¿El Ayuntamiento no les pagaba nada?

A-C: Cuando fui segundo Teniente-Alcalde y presidente de la comisión de Urbanismo teníamos que desplazarnos a ver obras en un coche, pagábamos las comidas entre todos… y para qué te voy a contar más. Era una diferencia total.

R.F: ¿Hay cosas que siguen igual hoy día?

A-C: Si las  hay, son pocas. Existe una gran diferencia entre ambas épocas.

R.F: ¿Le gustaría que hubiese sido todo como ahora?

A-C: No, no ¡Ni hablar! Había mucha más libertad entonces; podías mandar al  Alcalde a freír espárragos, porque, como digo, todo era más informal.

Al igual que su padre, a José María le gusta escribir. A finales de noviembre, se publicó en La Nueva España (diario de mayor tirada en Asturias) un artículo suyo, titulado “La Revolución de octubre de 1934”, en el que critica el hecho de que se tome esta revolución como ejemplarizante. Comenta, además, que las nuevas generaciones tienen una mala opinión sobre la Guerra Civil, porque la información que se les da va en la misma línea, con la que se presenta tal revolución.

R.F: ¿En qué lo nota?

A-C: Es muy sencillo. Se ve en la prensa, en la que sólo se informa de lo terrible que fue la persecución de Franco a los republicanos. Y lo fue, pero la otra parte tampoco se quedó corta. Nosotros hicimos una guerra a la fuerza, la ganamos y nos fuimos a casa, tranquilamente. Cada uno se buscó la vida como pudo. De acuerdo. Pero hubo barbaridades por ambas partes, y es que las guerras son así; sobre todo, las fraticidas.

R.F: Y le molesta, además, que la gente hable sin saber…

A-C: Además de que eso me molesta, cuentan sólo una parte.

R.F: Sin embargo, cuando tuvo lugar la Revolución de 1934 usted tenía dieciséis años; era muy joven, ¿se enteró bien de todo?

A-C: Sí. Yo estaba bastante politizado, al estar mi padre en ese mundo. También hay que tener en cuenta que yo ahora tengo 84 años, y las cosas se ven mejor con perspectiva. Veo todo diferente a como lo veía cuando tenía dieciocho.

R.F: ¿Su padre le enseñaba política?

A-C: No, no, yo tenía mis inquietudes y estaba al tanto de todo.

R.F: ¿Ha escrito algo serio o sólo como aficionado?

A-C: Yo era un aficionado más: empecé con crónicas deportivas en la Universidad de Oviedo. Lo que pasaba era que mis crónicas del Distrito universitario de Oviedo no coincidían con las que hacían los periodistas madrileños, porque yo decía que el equipo ovetense iba en primer lugar, y, ellos, decían que estaba en el cuarto. Yo creo que eso no era demasiado importante (comenta, mirando hacia otro lado).

R.F: Parece que era usted muy resuelto y un poco rebelde.

A-C: ¡No! [risas] Yo siempre fui muy pacífico.

R.F: ¿Está contento por haber llegado a donde lo ha hecho, o ambicionaba más?

A-C: No, no quería más. Yo soy feliz: tengo doce nietos, cuatro hijos… Con eso me conformo. No me siento frustrado. En los cargos que he tenido, he puesto muchísimo interés, un gran entusiasmo. No tenía mayores aspiraciones.

Su hijo Francisco: De político a ingeniero

Francisco Álvarez-Cascos ocupó los cargos de Vicepresidente primero y Ministro de la Presidencia del Gobierno español, desde mayo de 1996 hasta abril de 2000. En esa fecha pasó a hacerse cargo del Ministerio de Fomento.

R.F: ¿Cómo era su hijo de pequeño?

A-C: Fue un buen estudiante, y un entusiasta de todo: cuando se mete en algo, se emplea a fondo. Por ejemplo, una de sus aficiones es la pesca del salmón, y no paró hasta ser el mejor. Cuando empezó a jugar a balonmano, se dedicaba a entrenar, intensamente. Francisco no tiene término medio: o se mete o no se mete.

R.F: Usted también pesca ¿no?

A-C: Sí, pero yo soy muy malo. Él me da mil vueltas.

R.F: ¿Cuándo decidió estudiar Ingeniería de Caminos?

A-C: Cuando era pequeño. Mi padre quería que yo hubiese elegido ese camino, pero  tuve la suerte de coincidir con la Guerra. Cuando nació Francisco, que es el mayor de mis hijos, aprovechó y, quién sabe, a lo mejor le lavó el cerebro y todo. Algo de culpa sí tuvo, creo yo.

R.F: ¿Le atraía ya el mundo de la política?

A-C: No, no. Además, él nunca se imaginó siendo político. Ya digo que cuando se dedicaba a una cosa, se metía en ella todo el tiempo, y, mientras estudiaba la carrera, no pensaba en otra cosa.

R.F: ¿Qué pensaba usted cuando su hijo iba escalando peldaños?

A-C: Al principio, me disgustaba bastante el rumbo que tomaba su vida, aunque esto nunca se lo expresé; ya que siempre fui muy respetuoso con mis hijos. Sin embargo, su camino no me convencía mucho: prefería que hubiera sido secretario general de fulano y construcciones, que secretario general del Partido Popular.

R.F: Y ahora, al ver donde está ¿qué es lo que pasa por su cabeza?

A-C: Estoy muy orgulloso, porque creo que lo está haciendo bien. Aunque yo no soy el más indicado para hablar de su trabajo.

R.F: ¿Qué siente el padre de un ministro?

A-C: Yo no siento nada. Cuando alguien me dice algo de mi hijo, el Ministro, yo no soy consciente de que lo es. Cuando viene a casa nunca hablamos de política. Yo no me hago a la idea todavía. Y es que antes el padre de un Ministro era una persona importante; ahora no somos nadie.

R.F: ¿Tiene miedo de un posible ataque terrorista?

A-C: Yo espero que Dios nos siga protegiendo, que continuemos saliendo adelante… Y si viene una desgracia de ese tipo, se tiene que aceptar.

R.F: Mucha gente dice que a Francisco Álvarez-Cascos le va mejor el Ministerio de Fomento, por haber estudiado Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. ¿Está de acuerdo? ¿Cree que se trata de una mejor forma de aprovechamiento de su carrera?

A-C: Sí… aunque cuando era Vicepresidente primero también hacía las cosas bien. Yo siempre le vi contento con lo que hacía, porque, como he dicho, se mete a fondo en todo, y disfruta; pero creo que ahora está más feliz aún.

R.F: Se dice que su hijo es un ministro claro y rotundo. Además, usted dice que es muy exigente consigo mismo. ¿Todo eso lo aprendió de usted?

A-C: No. Cada uno tiene su propia escuela. Algo que pudo aprender en casa es el tema de la honradez, pero lo demás forma parte de su carácter; como su tenacidad.

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