“Érase una mujer a un tumor pegado…”

“Érase una mujer a un tumor pegado… Érase una pirámide de Egito, Los doce tribus de tumores era…”

 

Pero ésta no es ninguna crítica cómica a un enemigo literario. Ésta es la realidad. Así es como se siente ella, desde hace un mes. Esto es lo que dice a su gente, intentando reírse del problema,  parafraseando a Quevedo, pero no haciéndole esto ninguna gracia.

 

Olía que algo no iba bien. O, mejor dicho, veía que su sien derecha era desigual a la izquierda ya desde hacía un tiempo. Pero ¿desde hace cuánto? “¿Meses?”. “No, mamá. Un año seguro. Acuérdate que en la boda de Mar me lo comentaste en el baño”. “Tienes razón. Quizá sean dos…”. Como ahora me fijo, las fotos me dicen que unos cinco.

 

Pero pensaba que el hueso se estaba deformando, por cuestiones de edad, porque la vida es así, porque patatín, porque patatán. Nunca pensó ella, nunca pensé yo, nunca nadie pensó que sería un tumor. Uno no piensa en esas cosas. Las ve lejanas, las ve ajenas, las ve imposibles. Pero ocurren. ¿Cómo va a pensar uno que algo no va bien? En realidad, hasta el más pesimista es optimista en salud. Uno no quiere ni pensar que le puede tocar a él, quizá por miedo a que por fin le toque la loto, pero justo la que uno no quiere que entre en su casa. La de la desgracia.

 

Un tumor en la cara, justito, justito debajo del cerebro. No parece grave. Es benigno. Eso no es nada. Vete por  lo público. Hazte la punción. No hagas resonancia, no hace falta. Tampoco tac; eso no es necesario. Vete a este otro médico. Eso lo opera un maxilofacial cualquiera. Es muy simple, pero yo no lo opero. Vete a este otro, es muy majo. (No me vale que sea majo ¿es bueno?). Mujer, es una operación muy fácil. Muy fácil muy fácil. Es un tumor benigno, lo dice la punción. 2 por 2 y por 1. (Me duele mucho tras el pinchazo. Está más grande tras el pinchazo). Es normal que duela, que esté más grande; eso no es nada. No duele. (¿Lo habrá tenido él alguna vez?). Vete a este médico y pregunta que cuál de las dos te recomienda: resonancia o tac. (Creía que no hacían falta más pruebas). Bueno, cuanta más información mejor, la verdad, para cuando se tenga que extraer. (Tengo miedo al líquido de contraste, me puede dar alergia. ¿Es yodo? Me da angustia meterme en un tubo por ¿cuánto exactamente? Hora y cuarto. Sin música. Me han dicho que en el Rúber ponen música. Además es menos tiempo. Cuento ovejas, lloro, me falta el oxígeno. Entro en mi cabeza, veo el bulto lo agarro y lo tiro bien lejos).

La prueba ha salido muy bien, lo mismo: Hemangioma. Benigno, bla bla bla. Vaya al cirujano maxilofacial público. Le dará cita para verla de nuevo y ya extraerlo de una vez. (Sí, sí, sí. Gracias a Dios… Llevo un mes sin pegar ojo).

 

Uy, esto es complicadísimo. Es benigno, pero aquí dice que al poner el líquido de contraste hubo una reacción que suele aparecer cuando el tumor es de nervios o de vasos.. (¿Y eso qué coño quiere decir? En cristiano, por favor). Esto… puf… Cuando lo extraiga, voy a tocar el nervio porque esto está lleno de nervios y la frente quedará paralizada, no podrá mover las cejas, y el párpado también quedará paralizado. (¿¿Perdone??). No podrá cerrar nunca  el párpado, pero se hacen unas operaciones ahora en las que se ponen unos pesos en los párpados… (Esto no me puede estar pasando a mí). Si quiere, puede ir a un privado, pero no por pagar se lo van a hacer mejor o le van a decir otra cosa… (Lloro por dos días enteros. Voy a un privado). Nadie sabe en el mundo más de tumores que YO. No tiene sentido nada de lo que te han dicho. Hay que ir a uno de plástica. Ni Suárez, ni Colmenero ni nada de nada, porque  esto no está en el cerebro. De PLÁSTICA…

 

Érase una mujer, una bonita mujer a un tumor pegado, érase un tumor superlativo, un bulto al que nadie dio vela aquí. Unas células asquerosas reproducidas de no se sabe dónde ni por qué que han robado la sonrisa a mi madre. Si el cuerpo humano es tan imperfecto, que a la que el cáncer no la afecta por arriba, le afecta por abajo o por los lados, ¿por qué carajo no se inventa algo? ¿Por qué hay tan pocos privilegiados que pueden hacerlo y por qué aún siendo brillantes tardan tanto en descubrir curas y tienen que hacerlo en grandes grupos? ¿Por qué somos tan cortos de mente, que ni siquiera entendemos nuestro propio cuerpo? ¿Por qué nuestro más preciado bien está cubierto por algo tan endeble? ¿Por qué mi madre? ¿Por qué, por qué, por qué?

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