La prensa de partido frente a la prensa noticiera (el caso navarro)

A lo largo del siglo XIX, la actividad periodística española se mezcló con la política. Ya en la década de los treinta existían organizaciones políticas, se celebraban elecciones de modo regular, y, en esta época isabelina (1833-1874), aunque se sucedieron distintos gobiernos, se dio una estabilidad de fondo marcada por un orden liberal.

El elemento imprescindible para un partido político lo constituía un periódico: por este canal se daban a conocer las campañas electorales, en su sede se reunían los miembros del partido, constituía centro de conspiración, y otras funciones subsidiarias parecidas. Así, el medio impreso se convertía en instrumento de la organización política, confiriéndole cohesión y operatividad, a la vez que se iba configurando de modo peculiar la actividad periodística. A los periódicos les era imprescindible contar con una institución que les apoyase, ya que necesitaban financiación; de modo que estos aún no tenían capacidad de crear sus propios recursos para subsistir, lo que significa y denota una considerable debilidad del periodismo en aquellos tiempos. Todo periódico de información general vivía a la sombra de un partido político, y no existía una idea definida de la profesión de periodista, no había una coherencia profesional: los que elaboraban información eran políticos, escritores o personas que aspiraban a desarrollar estas actividades algún día. El periodismo, para ellos, significaba un paso intermedio en la carrera de sus aspiraciones. Digamos que, como no se daba una verdadera estabilidad política, tampoco surgía la de la actividad periodística, al ser las dos actividades complementarias.

En 1847, Santa Ana, un innovador en la actividad periodística española, comienza a trabajar como secretario de un duque (casado con una hermana de Isabel II), y, en el 48, confecciona para él unas minuciosas cartas sobre la vida política madrileña: así pues, en octubre, nace la Carta Autógrafa, lo que pasará a llamarse, en 1859, La Correspondencia de España. Para algunos estudiosos, un mero servicio de noticias, antecedente de las agencias de prensa; para otros, el primer paso de la prensa noticiera, un periódico informativo, ya que no se encontraba ligado a los intereses de las organizaciones políticas, y financiado por la publicidad inserta en sus páginas, y no por un partido político. Otro de los diarios pionero en desligarse de partidos políticos fue El Imparcial, que alcanzó su máximo desarrollo en los años setenta.

A mediados de siglo, con el desarrollo del correo, del telégrafo y el surgimiento de la idea de salir a la calle a conseguir la noticia, el periodismo parece comenzar, con pequeño paso, la larga etapa hasta su definición. Corto paso, ya que no es hasta 1865 cuando se crea la primera agencia de noticias en España; continúa dándose una escasa elaboración de las noticias; y, además, el telégrafo se encuentra en manos de instituciones, así que está sometido a un control gubernamental, a una censura. Sin embargo, las nuevas tecnologías permiten que esta actividad cobre fuerza. Por ejemplo, en España, las fábricas productoras de papel fueron aumentando en número durante la segunda mitad del XIX y principios del XX.

En 1874 llega la Restauración, periodo que termina en 1885 con la muerte de Alfonso XII y la regencia de María Cristina, su mujer, hasta 1902. En esta época, la prensa va a adquirir una mayor capacidad de influir y crear opinión. El sistema político está conociendo una estabilidad que se asemeja al modelo francés: es el régimen de Cánovas del Castillo, que dio forma al sistema de dos partidos (conservador y liberal), alternándose en el poder bajo el marco legal de la Constitución de 1876. Constitución que asevera que existe ahora una libertad religiosa: el estado deja de ser confesional católico, algo que levantó una gran polémica entre los sectores confesionales.

En 1883 se aprueba la ley de prensa, por la firmeza adquirida de la vida política, una realidad que confirió una mayor estabilidad a la actividad periodística e hizo que el liberalismo se consolidase. Antes de la aprobación de la ley de 1883, se consintió el Decreto de 29 de enero de 1875, que era muy restrictivo. Cánovas se encontraba al frente del Gobierno y la prensa se veía negativamente. Se buscaba con el decreto, sobre todo, la defensa de la monarquía, y, para conceder licencias de publicaciones, el derecho lo ejercía el ministro de gobernación, que censuraba cuanto quería. Con la llegada del partido fusionista liberal al poder, en 1881 con Sagasta, la libertad de la prensa fue aún mayor, aunque se seguían censurando publicaciones. Por otra parte, la Iglesia también ostentaba el poder de censura, e “influía mucho mediante recomendaciones y detracciones” (Historia del Periodismo Español desde los orígenes hasta 1975. de José J. Sánchez Aranda y Carlos Barrera. Eunsa, 1992).

A fines del XIX, comienza a cambiar la realidad española, con la aparición de la opinión pública (que pasa a ocupar un papel clave en el funcionamiento del sistema político) y el movimiento obrero, y la prensa, por tanto, también empieza a evolucionar. Se trata de una época de alternancia en el poder, sin revoluciones; de debate público, sin armas. Los nuevos periódicos (prensa noticiera) convivieron durante años con los políticos (no ya de partido), aunque tuvieron sus orientaciones ideológicas concretas. Así, por ejemplo, en 1913, había “156 periódicos de información frente a 586 políticos” (Historia de la Prensa, de Alejandro Pizarroso Quintero. Centro de estudios Ramón Areces, 1994). Este fenómeno no se transforma en prensa de masas, como en el resto de Europa, pero sí se consigue una mayor difusión que en los años anteriores a la época de la Restauración.

En Navarra, es de destacar La Tradición Navarra, subtitulado “Diario Católico-político”, que apareció el 6 de octubre de 1894, y lo redactaba la Junta Regional del partido integrista en Navarra. Discrepaban de los que aceptaban la monarquía constituida, por ser estos liberales, ya que para los integristas ello significaba ser contrarios a sus principios religiosos, y se oponían también a los carlistas por advertir en ellos una caída en un oculto liberalismo. El antecesor de este periódico es El Tradicionalista, que cerró un año antes.

En la línea carlista, es de destacar uno de los diarios objeto de estudio de este ensayo: El Pensamiento Navarro, que surgió el 17 de octubre de 1897, y fue continuador de La Lealtad Navarra. El Pensamiento fue el órgano oficial del partido carlista en Navarra, fundado y dirigido por su Junta Regional. Surge con cierta originalidad, con unas características propias diferentes a las de los otros periódicos oficiales de partidos, y es que mantiene una preocupación por lo informativo, además de no insultar a sus rivales y saber evitar los aburridos editoriales tan propios de la época. “Se trata del primer periódico moderno de Navarra” (La Prensa Navarra a fines del XIX. Ana María Calzada. Universidad de Navarra, Instituto de Periodismo, 1964, Pamplona). Leyendo el propósito de El Pensamiento Navarro, queda bien claro cuáles son sus características en el plano político y religioso: El carlismo es la única fuerza capaz de restablecer España y terminar con las negativas consecuencias del liberalismo, el foralismo es fundamental en su programa y el catolicismo se aprecia en cada una de sus frases. Resulta increíble el tesón y la fuerza que se refleja en su programa, su apasionamiento por la causa que quieren defender. Ejemplos de sus ideas y de este ardor político y religioso son: “Soldados somos de la bandera carlista… energías…, entusiasmos…, corazón…, defenderemos…, combatiremos…, solicitar la censura eclesiástica…, se pone incondicionalmente a las órdenes de nuestro prelado…, hijo sumiso y fiel servidor…, ardores de su corazón…, sentimiento monárquico tradicional y fuerista…, luchar en la palestra…”.

Durante unos meses, salió a la calle con un título distinto, por una intentona carlista fallida en 1899, por la que el Gobierno suprimió todas las publicaciones afines al carlismo. La tirada de este diario era de 1800 ejemplares.

En esta época de finales y principios de siglo, adquirió especial relevancia la cuestión de la ortodoxia cristiana. En España surgieron, en esta línea, periódicos católicos como El Universo, La Verdad, La Gaceta del Norte, El Correo de Andalucía… Existía “la buena y la mala prensa”, siendo la católica la primera, y la liberal, la segunda. En Pamplona, se puede decir que no existía “mala prensa”, ya que casi todas las publicaciones eran católicas por encima de todo. Eustaquio Echave-Sustaeta, primer director de El Pensamiento Navarro, para demostrar este sentimiento católico navarro tan profundo, hizo esta comparación: “La moral de Pamplona está por encima del violín de Sarasate”. Los que conocían la admiración de los navarros por este músico “entendieron perfectamente lo que quería decir” (La Prensa Navarra a fines del XIX“. Ana María Calzada. Universidad de Navarra, Instituto de Periodismo, 1964).

Diario de Navarra nació el 25 de febrero de 1903, y parecía que tenía unas características diferentes respecto a la “buena prensa”. En su programa, se presenta una redacción original, distinta. Se le echaba en cara a esta publicación su elusión a la cuestión del Catolicismo; sin embargo, dice bien claro: “No tenemos por qué escuchar otras voces que las de la conciencia propia formada al calor de los principios de la religión católica“. Quizá no afirmaban esta idea diez veces, ni lo hicieron con el ardor de otros diarios, y ello fue suficiente para que les tachasen de anticatólicos. Desde luego, para este diario, la motivación religiosa no fue la primordial. Parece, también, leyendo sus principios editoriales, que aspiraba a llegar alto: “Venimos a informar a nuestros lectores de los sucesos del mundo“.  Y, por supuesto, algo fundamental es que se trataba de prensa noticiera y no de partido: “Ni escuelas ni partidos, imparcialidad, verdad, justicia…, respeto a las opiniones políticas, censura al opresor, voz al oprimido, libertad a la crítica…, principios morales…, no al personalismo…. no tenemos compromiso ni con la derecha ni con la izquierda…”.  Otros aspectos que se deben destacar de Diario de Navarra es su amor a Navarra: “Amor a nuestras leyes forales…, alma de todos los navarros“; y, por otra parte, su deseo de elevar el grado intelectual de la sociedad. Esto lo demuestran con sus palabras: “Poner al servicio de los lectores nuestro modesto esfuerzo, para orientar la opinión en sus desvaríos, buscando a veces con ella también corrección de los yerros propios”. Diario de Navarra tenía, pues, unas determinadas características. Era: “instructivo, informativo, religioso, independiente, conservador, navarrista e imparcial” (Los comienzos del Diario. José J. Sánchez Aranda. Ediciones y Libros, S.A. Pamplona, 1983)

Así pues, una vez descrita la situación de la prensa española a finales del XIX y principios del XX, y habiendo analizado brevemente los dos diarios objetos de estudio, señalando ambas idiosincrasias, sólo nos queda compararlos para comprobar cuáles son sus principales semejanzas y diferencias.

Como semejanzas, habría que señalar el interés por lo informativo, ese sentimiento de amor a la patria, Navarra, y a los fueros, que profesan los dos periódicos; y, por otra parte, su afinidad con la religión católica. Estos son los tres puntos en los que coinciden ambas publicaciones. Sin embargo, bien cierto es que, en una y otra, resultan diferentes los modos de expresar esa conformidad: ya se ha comentado la manera exaltada de la que hacía gala El Pensamiento Navarro, mientras que en Diario de Navarra el resultado se tradujo en un tono de calma y sosiego. Parece que uno sale a la calle con ansias de embriagadora lucha, de febril combate, de ríos de sangre, podríamos decir, y el otro, con deseos de pugna, pero una silenciosa contienda bien distinta: la lidia contra la ignorancia del pueblo. También es de destacar la consideración que de ellos mismos tienen estos diarios: El Pensamiento sale a la luz muy seguro, conocido (por sus ideas) “de toda la vida”, agresivo, chulo… En su propósito se dice: “Después de las anteriores manifestaciones de nuestras autoridades políticas, nos creíamos relevados a escribir estas líneas para presentarnos al público” y “No vemos la necesidad de hacer un minucioso trabajo para hacernos conocer ante el público”. Diario de Navarra lo hace con una fuerza mucho menor. Se trata de un proyecto nuevo, desconocido, diferente al resto de las publicaciones, y eso se nota. Además, a diferencia del otro diario, afirman y escriben con modestia: “Poner al servicio de los lectores nuestro modesto esfuerzoyerros propios“.    

En relación con las diferencias que se dan entre ambos diarios (aparte de las ya citadas), la primordial, en la que quizá se engloben las demás, sería que El Pensamiento pertenece al Carlismo, es decir, se trata de prensa política, de partido (aunque tratase también lo informativo); y Diario de Navarra se declara Periódico Independiente, imparcial, o sea, prensa noticiera. La pertenencia a un grupo u otro determina en buena medida ese tono, ese estilo de redacción del diario; los contenidos del mismo; sus aspiraciones…

 

Lo que queda bien patente tras el estudio es que ambas publicaciones han contribuido en suma medida a la historia del periodismo, a la evolución de un arte que, en aquellos tiempos, tanto necesitaba un cambio.

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