A Ascensión Castaño García, La Invencible

 

Cuando murió mi abuela materna justo al comienzo del año 2001, decidí escribir una carta a La Nueva España, porque me apetecía dedicarle ese pequeño y modesto gesto de honor que estaba en mi mano. En el periódico enseguida se dieron cuenta de que Ascensión Castaño era dueña de la conocidísima Confitería La Playa, creada en Gijón en 1920, nada menos, por mi bisabuelo Fabián. Y elijo ese verbo porque esa confitería me parece una pequeña obra de arte, para qué voy a mentir. La carta se publicó inmediatamente, con una entradilla sobre quién era mi abuela, y algún que otro dato más sobre la confi.

 

Querida Abuela:

No sabía a dónde dirigir mi carta, así que opté por enviarla al periódico que tú acostumbrabas leer. Siempre me preguntabas que cuándo iba a escribir un cuento o una novela sobre tu vida, que estabas segura de que triunfaría en ese mundo y querías que fuese yo quien elaborase tu biografía. También me pedías que cantase algo para ti, que nunca me habías escuchado realizando tal ejercicio y que tenías muchas ganas. Me hubiese gustado  obedecerte cuando vivías, pero ahora es tarde. Escribiré esa novela, pero por el momento te escribo esta misiva con todo el cariño del mundo.

 

Te recordaremos, abuela, a cada momento. Poseías tantas cualidades, que cada vez que escuchemos algo sobre inteligencia, lucidez, actividad, alegría, generosidad coquetería…, pensaremos en ti de inmediato.

 

Recorriste un extenso y sinuoso camino, tranquilamente y sin ninguna dificultad. Y es que para ti no existían las contrariedades. Siempre estabas contenta, sonriente y contagiabas tal alegría a cuantos te rodeaban. Con tu inteligencia y listeza nos enseñaste, en buena medida, gran cantidad de cosas. Conseguías que la estupefacción nos afectase al comprobar tu vitalidad. Caminabas en un solo día lo que los demás recorríamos en una semana. Contigo los jóvenes nos sentíamos auténticos vejancones. Y todo ello, acompañado siempre de una coquetería suma, que te convertía en una simpática y elegante señora.

 

¿Y todo lo que hay que decir acerca de tu altruismo? No cabría en diez tomos. Creo que a Dios se le fue la mano y te roció con unas cuantas dosis más de las que debía. Eras excepcional. Tu felicidad hacía su aparición cuando la de tus seres queridos ya había hecho previamente lo propio:

 

“¡Nena, te veo triste! ¿No será por trabajo? A ver qué puedo hacer… ¿Dices que estás enamorada y no te hace caso? ¡Yo lo arreglo! ¿No quieres comer más? ¿Seguro? ¡No comiste nada! (Después de aperitivo, tres platos y tarta en abundancia). ¿Y los estudios? Todo sobresalientes, ¿verdad?

 

Siempre estabas preocupada por nuestros caminos, aun sabiendo que ellos eran más llanos que el que tú conociste, siempre queriendo dar y enseñar, y siempre encontrándonos (a todos tus nietos) estupendos, inteligentes sobremanera y guapísimos, confiando sin  ningún tipo de duda en nuestras posibilidades en el mundo laboral: “Tengo en mi familia a los mejores ingenieros, economistas, abogados, a la mejor publicista y a la mejor periodista. ¡Ya hará María publicidad de la confitería y tú, reportajes!, Nos decías”.

 

Por todo ello, te nomino “La Invencible”. Supongo que todos pensamos, por tu tremenda y arrolladora personalidad incapaz de ser  derogada, que físicamente también lo eras, pues además tu salud fue excelente.

 

Me despido ya de ti, mi muy querida abuela, con un abrazo descomunal de parte de todos cuantos te queríamos. Y recuerda que nosotros nunca te olvidaremos.

 

Un besazo y hasta siempre.

 

Era una carta simplona. Yo era joven y no buscaba darme tono literario. Así que entre lágrimas, salió aquello. El caso es que, como muchos ya sabéis y nunca me canso de decir, tocapelotas de los grandes los hay en todos lados. Son como las cucarachas, y por supuesto, en mitad de mi dolor, también apareció una, que decía representar a otro grupo de cucarachas. Digo… de tocapelotas.

 

Y es que a los dos o tres días de salir mi carta publicada, era ya 20 de enero, recibí yo una en casa anónima, en papel pequeño, con letra horrenda y con unas cuantas faltas de ortografía.

 

Decía:

 

Querida Rocio (sin tilde y con mentira):

 

Acabo de leer tu comentario (olé, ni siquiera le confería el valor de carta) sobre tu abuela y no puedo por menos de ponerte dos letras (desde luego, dos letras mal unidas),(con tilde, ¡¡toma!!) que con ellas me hago eco de varias personas que después (sin tilde) de leer lo susodicho han quedado tan estupefactas como yó (con tilde, ¡¡¡toma otra vez!!!).

(¡¡con tilde!!) comentario denota un complejo de inferioridad resultante del artículo que se publicó en “El Comercio” en el que se hablaba que tu bisabuelo trabajaba en el obrador y tú (con tilde otra vez, por si no había quedado clara tamaña falta) bisabuela vendía en la confitería. No creo que sea para avergonzarse el saber que tus antepasados fueron unas personas trabajadoras y que con su esfuerzo sacaron adelante un negocio y que tu abuela con su trabajo mantuvo hasta hoy. (No voy a hacer comments…)

 

¿A que (sin tilde) viene el autobombo (subrayado) sino (todo junto) de tus comentarios? Ingenieros, abogados, etc, las “copiosas” comidas, lo “geniales” que sois, etc. (ya sabemos con este tipo de comentarios, quién era la resentida con la sociedad circundante aquí…)

 

Ya sabemos (toma!! En plan secta!) que tienes pocos años, lo que nos extraña es que tus padres hayan consentido que mandes de periódico en periódico un articulo (sin tilde) tan ridiculo y patetico (ambas mal escritas también).

 

Por si te interesa, en el club no hay otro comentario, y no precisamente elogioso.

 

Tras la carta me quedé, todo hay que decirlo, traspuesta. Era tan claro el sentido de mis palabras, que no comprendo cómo alguien pudo malinterpretarlo de un modo tan radical. El caso es que, habiendo ido a un colegio del Opus Dei durante toda mi vida, era obvio que cuando decía “Club” se refería al club que tenían aquéllas en mi ciudad. Además, como la carta estaba escrita en papel pequeño, como de médico, enseguida pensé en la madre de una de clase, que, todo hay que decirlo, estaba bastante loca: iba vestida de colores llamativísimos con ropa del año de Matusalén, llevaba a sus hijas con el uniforme roto, los zapatos gastados, se le quedaba la mirada perdida mientras decía cosas sin sentido y con una voz desagradabilísima.. En fin, que tenía que ser ella, y si no había sido ésta, era la madre de otra individua de mi clase, que también había demostrado estar de atar el día que me dijo cuando yo tenía dieciséis años que cómo me atrevía a ir en biquini en plena piscina. Ahora le contesto: “porque podía permitírmelo, no como tú o tu hija. Y porque me salía del níspero, por otro lado”. Anyway, 8 años después de la misiva, sigo poniéndome de mal café, por que exista todavía gente que saca deficiente en comprensión escrita, como a estas tipejas les ocurrió con mi inocente y CLARA carta a mi querida abuela. Y como yo siempre contesto, pues contesté entonces en La Nueva España, de nuevo. Me hizo mucha ilusión que me la publicasen al día siguiente y a modo de artículo, y no en la sección de “cartas al director”, como era de esperar.

 

 

¿Quién es, Realmente, la Patética y Ridícula?

 

Recibí hace escaso tiempo una carta anónima para la que estuve buscando un calificativo adecuado. No es tan simple, ya que no existe uno lo suficientemente negativo para ella. Me decanté por “sangrante”, que se acerca en gran medida a la descripción que creo la correcta.

 

La epístola es sumamente desagradable. Con una espantosa letra y una cantidad desmesurada de faltas gramaticales (en especial, de ortografía), me dirige la desconocida (que por su vocabulario se delata en buena medida), y en nombre de un gran número de personas, un mensaje simple con relación a la carta que envié a mi abuela Ascensión Castaño, y fue publicada en este periódico el once de enero. La esencia del mensaje es éste: “No debo avergonzarme de que mi abuela y ascendentes hayan trabajado toda su vida en un obrador de confitería”.

 

¡Señoras! ¿Están seguras de que han comprendido la macroestructura (contenido, por si no se entiende) de mi carta? ¿Saben ustedes leer? Quien haya tenido oportunidad de leerla, sabrá que no dije semejantes barbaridades acerca de mis antepasados. Todo lo contrario ¿Qué cree usted que quiero expresar cuando digo que mi abuela se preocupaba por todos nosotros, aun sabiendo que su camino había sido más arduo que el de sus hijos y nietos? Pues una única cosa: que ella fue siempre una perfecta trabajadora y luchadora, mientras que nosotros lo tenemos casi todo hecho. Por otro lado, la información que salió publicada en distintos periódicos, fue proporcionada por mi padre. ¿O creían ustedes que esos diarios estaban descubriendo “el oscuro secreto de los Fuentes”? ¿Creen que eso significa avergonzarse? En ningún momento demuestro sofocarme por nadie, y ni por asomo, en ningún momento, demuestro auto bombo. ¿Es que comenté que yo era la mejor en Periodismo? NO. Dije, con una claridad extremada, que mi abuela siempre decía que éramos los mejores. Y el tema de las “copiosas” comidas, lo señalé para reflejar la generosidad de mi abuela en cuanto que siempre estaba pendiente y preocupada por nosotros.

 

Usted, señora, ha dicho que mi carta es “ridícula y patética”, demostrando ser usted la personificación de tales adjetivos, por entender un mensaje radicalmente distinto al que presenta la carta objetivamente; y, por otro lado, por entretenerse a su edad en tales  empresas (lamentables), como es el hecho de escribir un anónimo. Debería usted dar la cara. También ese patetismo del que habla, lo conoce usted bien, pues se hace notar en el poco respeto que demuestra al dirigirme semejantes palabras en un momento en el que la melancolía nos embarga a mí y a mi familia, por completo.

 

Ya por último querría explicarle [me comenta que les extraña a ustedes “las ociosas” que mis padres hayan permitido que yo enviase tal carta. Les diré, petardas, que ellos no dirigen mis actos; no me dedico a presentarles el programa del día, y ellos a dar el visto bueno. No sabían nada sobre mi carta, hasta que lo vieron en el periódico. Y después de leer el escrito se sintieron orgullosos de él.

 

Por otro lado, la madurez de una persona se demuestra con actos inteligentes, y aunque yo “tengo pocos años”, demuestro cordura. Usted no.  Les recomiendo que se compren agujas de lana y tricoten: Da mucho juego.

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One thought on “A Ascensión Castaño García, La Invencible

  1. ufffff lovely Rocío!!! bueno bueno lo primero, decirte que me parece una gran idea tu blog, tb me gusta mucho el diseño!!!.

    En esta primera y fugaz intromisión sobre tus escritos me he encontrado con la carta de la abuela y me parece muy fuerrrrrte la crítica que te hicieron. No me extraña que sigas traspuesta 8 años después. No tenía ni idea, me he reído mucho pero no me puedo contener. Más vale 8 años tarde que nunca, pues me parece muy osado juzgar un in memoriam!!!

    Haces un montón de guiños familiares y alguien ajeno a ellos, no podría comprender nunca el verdadero sentido de la carta.
    Aunque realmente , no hay que darle ninguna importancia. Simplemente eras una niña que exterioriza en forma de misiva toda la tristeza que sentías en aquel momento. Esa debería ser la lectura objetiva básica de cualquier persona.

    Bueno Rocío, seguiré leyendo historias más afortunadas, espero, sin críticas tan corrosivas!!

    Muchos Besos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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