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El Viejo y el Mar

viejo y mar

Reseña del libro de Ernest Hemingway

Ernest Hemingway, novelista estadounidense, nació  en 1899 y murió en 1961. Su estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y lacónicos, y por la descripción emocional sugerida. Su vida y obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras son consideradas clásicos de la literatura en lengua inglesa.

Nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois, en cuyo instituto estudió. Trabajó como reportero del Kansas City Star, pero a los pocos meses se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia, durante la Primera Guerra Mundial. Más tarde fue enviado al ejército italiano y resultó herido de gravedad. Tras la Guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias.

A partir de 1927, pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volvió a España durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra., cargo que también desempeñó en la Segunda Guerra Mindial. Más tarde fue reportero del primer ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas.

Después de la Guerra, se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Hemingway utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: En la Guerra Civil Española, cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel; en la Segunda Guerra Mundial, al chocar con un taxi durante los apagones de guerra; y en 1954, cuando su avión se estrelló en África. Murió en Ketchum el dos de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta, en un acto de suicidio.

La vida de Hemingway es apasionante, constituyendo ésta un reflejo fiel de su personalidad. En esta entrevista entre José Zepeda, periodista de Radio Nederland, y José María Gatti, biógrafo del novelista, se puede entender algo mejor a este gran creador.

En 1952 Hemingway publica El Viejo y el Mar, una novela corta, convincente y heroica con la que ganó el premio Pulitzer de literatura un año después. En 1954 le fue concedido el premio Nobel.

Su última obra publicada en vida fue Poemas Completos, en 1960. Dejó sin publicar 3 000 páginas de manuscritos.

Son varios los asuntos que hay que destacar en esta genial y profunda obra. En cuanto a la trama, en esta novela, Hemingway cuenta la historia de un viejo y entrañable pescador, Santiago, que dedica su vida por entero a esta sufrida tarea. Concretamente, hace ya mucho tiempo que intenta capturar un enorme pez. Sin embargo, hace ya ochenta y cuatro días que el protagonista sale a la mar y vuelve con las manos vacías. La gente del pueblo se encuentra muy pendiente de él. Los más jóvenes se ríen. A otros, a los mayores del lugar, que le conocen mejor y saben de lo que en otros tiempos era capaz de hacer, les da pena. Sólo un muchacho profesa su amistad al viejo. Éste le enseñó a pescar cuando tan sólo contaba cinco años, y, por ello, se tienen un cariño mutuo muy acusado.

Un buen día, Santiago se hace a la mar, y, tras algún esfuerzo y ofreciéndole mucha carnada, el colosal y ansiado pez pica el anzuelo. Es este ejemplar tan grande, que consigue matarlo después de estar algunos días luchando con él, y haciendo gala de un vigor propio del mismo Sansón. El viejo intenta subirlo a la barca, pero el gran peso del animal no se lo permite; así que se dirige al puerto, con él atado en la parte trasera. Atraídos por la sangre que desprende el pez, aparecen unos tiburones que pretenden devorarlo. Se desata entonces una titánica lucha entre el viejo y los hambrientos tiburones, que convierten la travesía en un arduo e interminable camino. Poco a poco, esos feroces depredadores acuáticos conseguirán llenar su estómago con la carne del animal, dejando de él únicamente su espina dorsal.

Durante esa particular guerra, el anciano descubre la admiración que siente por ese pez, que ha constituido su mayor desafío. Una parte del alma del pescador desaparecerá con él bajo el mar.

Se trata de una trama sencilla, pero nada simple. Es grandiosa la capacidad que tiene Ernest Hemingway para que una historia, en apariencia llana, se torne la más emocionante de las aventuras, y que, además, contenga la profundidad de la que goza esta historia: tanta como el espacio en el que se desarrolla la acción.

Este espacio es el mar, fundamentalmente. Santiago habita en un pueblo costero, y, aunque en parte de la acción se encuentre ahí con el muchacho, la mayor parte de la novela se desarrolla en la mar. De hecho, cuando está en el pueblo, sólo piensa en coger la barca y adentrarse en el gran azul.

En cuanto al tiempo, la acción se desarrolla en unos pocos pero intensos días. Aunque bien cierto es que el protagonista recuerda, y esto también forma parte de la acción y, por tanto, del tiempo; rememora  tiempos de su juventud en los que era más fuerte o más ágil. Esta historia tiene lugar en el siglo XX. Se la contaron a Hemingway en 1935. El protagonista era un viejo pescador cubano.

La acción nos viene dada de la mano de Santiago, un pez, unos tiburones y un muchacho. Pero, principalmente, existe acción gracias a su protagonista y a su relación con ese magnífico pez y tiburones con los que guerrea.

Esa lucha del hombre y el animal solos, frente contra frente, compone una parábola sobre el individualismo que extrae el pescador de su derrota ante las fuerzas de la naturaleza, del destino. Supone, además, la íntima convicción de que su denodado intento y su negativa a darse por vencido, a pesar de todo, crean ya una victoria. “Si un hombre hace frente con valor a su destino y lo acepta con entereza, luchando hasta el límite de sus fuerzas, nunca podrá considerarse derrotado; porque el hombre no está hecho para la derrota: Un hombre puede ser destruido (entiéndase en sentido físico), pero no derrotado”, nos dice Hemingway en boca de Santiago.

Santiago es muy vivo, no en el sentido de que demuestra una agilidad aplastante, sino que es vivo en cuanto que el autor ha creado verdadera vida con este personaje. Consigue que el lector se meta en la historia y se convierta en un nuevo acompañante de Santiago. El viejo pescador, con sus sabios y breves monólogos en la barca sobre asuntos de la mar y sobre otros tiempos, y con sus intentos de diálogo con el gran pez, hace que la acción de esta sencilla trama se convierta en majestuosa.

Otro factor que contribuye a formar la acción de la obra es la admirable capacidad que posee Hemingway para describir la realidad. Hoy día, en las novelas, esta facultad se ha perdido casi totalmente. Según Linda Seger, famosa escritora de guiones de cine, en filmes, libros, documentales… el autor debe introducir elementos sorpresivos y de suspense, continuamente, pero con intervalos de descanso. Todo ello, naturalmente, para conseguir enganchar al espectador, lector u oyente. No creo que nadie piense que sean negativos estos elementos en un escrito. Sin embargo, mantengo que el entendimiento y la forma de llevar a la práctica esta teoría son totalmente erróneos. No es menester, como se observa últimamente en libros y películas, la introducción de tales factores de manera robótica. Es decir, que no por meter más y mayores enredos, la obra va a ser mejor. Hemingway alcanzaba esos objetivos de los que hablaba Séger, sin recurrir a la inclusión de vulgares líos en la trama. Por el contrario, este magnífico autor sabía a la perfección describir, narrar; que es el don que se necesita para escribir bien.

Además, hay que señalar que esa impresionante y perfecta capacidad descriptiva va acompañada en todo momento por una inaudita amenidad y fluidez, digna, solamente, de los más grandes escritores.

En otro orden de factores, El Viejo y el Mar supone una obra sobre la psicología de un anciano y sobre la ambición de las personas. Hay gente que quiere poder, dinero… Santiago quería un pez. Un pez que le daría dinero, pero, sobre todo, plenitud, y, por qué no, orgullo. Un orgullo que necesitaba demostrar desde hacía ya un tiempo. Eso es lo que le llena. Ese animal encarna sus más preciados deseos, y, sin él, su vida no estaría completa. Trata, pues, el tema de los sueños. No sólo de los sueños que uno tiene durante la noche, que, por cierto, Santiago tiene muchos, sino de los sueños que todos ansiamos para realizarnos.

En el libro se relata la consecución de un sueño, y, en apariencia, también el desvanecimiento de éste. Sin embargo, ello no ocurre. No se ha cumplido el sueño de Santiago para después arrebatársele. Es cierto que él quería que todos admirasen su pez, pero no ocurre así, probablemente porque hubiese supuesto un elemento irreal en la historia (era imposible que no se acercasen los tiburones para comerse al pez). La gente puede ver, así y todo, la espina dorsal del animal. Él lo ha pescado y con eso basta. Más aún, si el autor del libro hubiese querido que ni siquiera esa espina hubiese llegado al puerto, la esencia de la historia hubiese sido la misma. Santiago habría pescado el pez, igualmente, que es lo verdaderamente importante. El hecho de que los demás no se hubiesen enterado nunca, daría igual. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el viejo no sólo quería pescar tal ejemplar, sino que formaba parte de su sueño enseñarlo a los demás, por ese orgullo que necesitaba demostrar desde hacía ya un tiempo. Santiago, la gente del pueblo y el lector; todos en definitiva, nos damos cuenta de que el viejo no ha perdido la batalla.

Me impresiona el dolor que sufre el viejo por capturar el pez, tanto físico como moral, aunque en mayor medida, el físico, y, por supuesto, cómo es descrito ese malestar, todo ese sufrimiento. El autor hace que sintamos el malestar del que habla en nuestra propia carne.

Acerca de los personajes, hay que decir que son dos los principales, sin contar al pez, que bien podría considerarse como otro más. Sin embargo, se trataría de uno muy secundario, aunque sólo por el mero hecho de no hablar, ya que, con su inagotable aguante, consigue crear la historia, junto con el viejo.

Continuando con este orden inverso de importancia de los personajes, y para dejar lo mejor para el final, hablaré del chico: Manolo. No hay mucho que decir de él, ya que son breves sus intervenciones en la obra. Sin embargo, todo lo que se debe contar sobre Manolo es positivo. Se trata de un muchacho educado, amable, servicial, responsable… Pero, sobre todo, lo más importante es que adora a Santiago. Estaría dispuesto a hacer lo que fuera por él, porque, en cierto modo, fue quien le dio la vida (al haberle enseñado cuanto sabía; al haberle mostrado ese maravilloso mundo de la pesca). Es, sobre todo, un muchacho agradecido, una cualidad difícil de encontrar, ya que, como dijo una vez Dostoyevski en palabras del hombrecillo del subsuelo: “El hombre es el ser ingrato por excelencia”.

Por último, Santiago. Hay un sinfín de cosas que decir sobre él. En primer lugar, se trata de un hombre muy sabio: esa inteligencia que proporciona la experiencia. Esto se demuestra en un gran número de circunstancias que se relatan en el libro. Por una parte, el viejo sabe que la gente del pueblo se ríe de él, pero va por la vida como si no lo supiese y no le importase; una actitud sabia y necesaria. Aunque lo cierto es que sí le molesta. Por ello es también por lo que quiere pescar el gran pez.

Santiago es la personificación de la experiencia, además, y esto se ve cuando habla o piensa en alta voz, ya que dice cosas con una seguridad y un sentido inauditos. Santiago es un hombre muy sensible. Esto lo demuestra, por ejemplo, cuando continuamente atribuye a los peces características propias de los humanos. Este antropomorfismo lo demuestra con frases como: “Los delfines son buena gente”. Demuestra, además, humildad al pensar que el pez tiene un plan, que es más hábil y más noble que él… Por otra parte, es curioso y divertido el hecho de que considere a los animales y a los astros como hermanos suyos, y, por el contrario, desprecie de alguna manera a esa gente del pueblo que no se porta bien con él. En una ocasión dice que su pez tiene una gran dignidad, y que mucha gente no sería digna de comerle.

Santiago es un hombre pasional, sin duda. Ello se demuestra en su actuación al pescar, en ese afán que tiene cuando se sube a su barca. Pescar es su vida, y lo sabe todo sobre tal arte. Es un privilegio ver (en la imaginación de uno) cómo disfruta con su trabajo. Un trabajo que a él no le supone como tal, sino que significa un auténtico honor: la felicidad.

Santiago es, además, un hombre sencillo. Pero lo que más caracteriza a nuestro viejo pescador es, sin asomo de duda, su fe, su esperanza, sus ánimos. En una conversación con el muchacho, se habla de la fe que tienen los dos. Se trata de una breve frase, pero que, a mi juicio, tiene una fuerza importante en la obra, ya que ella trata, principalmente, el tema de la fe en los sueños. El muchacho dice: “Papá no tiene mucha fe”, a lo que Santiago contesta: “No. Pero nosotros sí ¿verdad?”. “Sí”, responde el muchacho con rotundidad. En otra ocasión, el viejo Santiago recuerda un capítulo de su juventud en el que venció a un fuerte atleta negro y concluyen sus pensamientos con una sentencia, que estremece por la seguridad que encierra: “Decidí que podía derrotar a cualquiera, si lo quería de veras”.

Una frase que define a la perfección a Santiago, y que debería ser lo primero que todos dijésemos por la mañana. No tiene por qué entenderse con literalidad, sino que se puede tomar una variación de la sentencia, y con un sentido más positivo, aunque con la misma significación; es decir, se podría decir: “Decidí que podía conseguir cualquier cosa, si lo quería de veras”.

The old man and the sea, by Ernest Hemmingway

Ernest Miller Hemingway

Ernest Hemingway was born in 1899 in USA and died in 1961. He worked as a reporter during The First World War in his country and in Italy. After the war, he lived in Paris, Spain and Africa. He worked as a reporter again during the Spanish Civil War and in USA, as a first reporter during the Second World War. After that, he settled down in Cuba, where he heard the story of the old fisherman Santiago.

In 1953 he won the Pulitzer Prize for The Old Man and the Sea, a convincing, short and heroic novel. In 1954, Hemingway was awarded the Nobel Prize.

It is characteristic from his style the use of clear and laconic dialogues and emotional descriptions. His life and work made a strong impact on other American writers from his time, and a great deal of his books are considered classics of the English literature.

There are several important factors to be pointed out in this fabulous and deep novel.

Regarding the plot, Hemingway tells the story of a likeable old Cuban man, Santiago, who dedicates his whole life to fish, and puts all his soul on this consuming task.

Santiago has been trying to capture a gigantic fish for some time; at one point he has to return home with an empty net after 84 days at sea. People from the town are extremely curious about him. The youngest ones laugh at him; the elderly, who are aware of what he was capable of in the past, just feel pity. Only a boy is brave enough to be friends with him. Santiago taught him how to fish when he was only a 5-year-old child and that is why the young man really care about the old one.

One day Santiago put his boat out to sea and found the enormous fish that he had been chasing for a long time. Finally the fish takes the bait and after an almightily battle lasting days, Santiago is able to finally catch and kill him. Santiago tries to take it into the boat, but the specimen is so heavy that the old man simply cannot. Therefore, he sails towards the port with the fish attached to the stern.

On the way back to port a few sharks appear, attracted by the blood coming from the fish. A massive fight starts between the old man and the hungry animals, who convert his crossing in an arduous and almost endless journey. Slowly, these fierce aquatic predators will fill their stomach with the fish meat, leaving only his bones remaining.

During this particular battle, Santiago realises of his admiration for the fish, who has been his biggest challenge. A part of himself will disappear with the fish in the sea.

It is a non complicated plot, but neither simple. It is grandiose, the capacity Hemingway has got to make an unadorned story  become the biggest adventure, and that is because of his powerful ability to describe reality.

The story is developed in the sea. Santiago lives by the seaside and the main action happens in the ocean. Even when the old fisherman is in the coast, his thoughts are on the sea.

Regarding time, the action takes place in few but absolutely intense days. Although he spends quite a few time remembering previous years; a time when he was younger, agile and strong.

The action is created by Santiago, a fish and some sharks as secondary actors, appearing these ones to move the plot.

This fight between man and animal (first the fish, and then the sharks), alone, face to face, creates a parable about the individualism of the fisherman for his apparent defeat against the nature, the destiny.

However, his passionate attempt, his reluctance to be vanquished  becomes the true victory. If a man face his destiny with valour and accept it fighting till the end, he will never be defeated. “Destroyed but not defeated”, declares Hemingway in words of Santiago

Santiago is alive, because the author has created true life with this character. He makes it possible that the reader is part of the story and becomes Santiago’s companion. Through the old man’s wise and short monologues about the sea and conversations with the big fish a normal story becomes completely majestic.

Hemingway is admirable when describing the reality. Nowadays, this ability has been lost in novels.

Linda Seger, a famous American screenplay writer states that a writer should introduce surprising elements continuously to keep the reader’s attention. There is nothing wrong with the “keeping the attention” part. However, it is not necessary whatsoever to introduce these surprises in a mechanic way; for example, adding a problem each three or four pages, almost automatically. Hemmingway achieved that result without having to resort to that absurd rule. He knew how to describe everything naturally and make it real and exciting without having to append any complication to the story.

Besides, along with that magic capacity to describe he has got an incredible fluency and amenity, only typical of the most talented writers.

The Old Man and the Sea is about ambition, regrets and last wishes. Some people wants power or money. Santiago just wanted a fish. A fish which would give him money and would make him be in the prime of life, but above all, it would give him pride. A pride he needed to demonstrate everyone since a long time ago. That animal represents his biggest secrets and greatest wishes. Without him, his life would not be completed. The book talks about the dreams. Not only of the ones Santiago has during the night, but also about the ones he wants to become true.

In the story it seems that he does not achieve his dream, or either that he gets it but it is taken away from him later. It does not happen, however, this way. He wanted everybody in town to admire his fish. But that would have not been possible (Hemmingway used to fish himself and lived in Cuba, so it is the most realistic solution that the sharks came to him attracted by the bleeding fish). Besides, people in town can still see the immense bone he is bringing with him.

He caught it and that is quite enough. Moreover, if the author would have wanted Santiago to arrive at the coast without the bone, the essence would have been the same. Santiago finally caught the fish, his biggest enemy and also his best friend, and that was the heart of the matter. He knew that and it was enough.

However, part of Santiago’s dream was to show everyone the capture and that is a better decision from Hemmingway. A bit of good pride in life is not harmful, and Hemmingway knew about that.

Not only people in town, but also the reader and Santiago himself realise that the old man did not loose the battle.

The perseverance and determination Santiago has trying to catch this fish and keep it is impressive. He suffers a lot of pain during his adventure. Santiago is willing to sacrifice everything to catch the fish and the cold, hunger and shattered hands mean nothing to him if he gets it. Hemmingway  manages to make us suffer as if we were in that very same boat with Santiago, or even as if we were Santiago, feeling all that stress, tension, fear and concern.

There are only a few characters in this novel, and this is one of the reasons it is such a magic novel. It is very difficult to create a good story with just a few characters: Santiago, a fish and some sharks make the whole package. Of course, there is Manolo (the boy) and the people from town (to the ones he wants to demonstrate he is still very capable), but the really important characters are Santiago and the animals.

Santiago is a wise and knowledgeable man; he has got that intelligence given by the common experience and not by the books. He knows that everybody is laughing at him, but he pretends he does not know and acts accordingly to that. However, he puts all his energy in proving them wrong.

Also, when he is talking to himself he says very clever things. Santiago is a sensitive man. He attributes human characteristics to the animals. This anthropomorphism is seen in sentences like: “dolphins are kind”. And he demonstrates humility too when he thinks that the fish has got a plan and that he is more able, dexterous and noble than himself.

Besides that, it is also interesting that he considers the animals and the stars like his brothers, and on the contrary, spurns somehow those people in town who look down on him. On one occasion, he says that his fish has great dignity, and that lots of people would not deserve to eat his meat.

Santiago is a passionate man, no doubt. That becomes obvious when he is fishing, even before he goes into the boat. It is a privilege seeing how happy he is just thinking about fishing.

The old fisherman is also a simple man. However, what is most characteristic of Santiago is his faith, his hopes, his dreams.

In a conversation, the boy and him are talking about the faith they both have. It is a short dialogue but very intense and relevant in the book. Manolo says to Santiago:

“Daddy does not have a lot of faith”, to which Santiago responds: “No, but we do, don’t we?” “Yes”, replies Manolo firmly and without hesitation. In another occasion, the old man remembers a chapter of his childhood in which he won a fight against a black athlete, and his thoughts concluded with a sentence that make us shudder: “I decided that I could defeat anybody, if I really wanted”. A sentence that defines Santiago very precisely and one that everyone should say to themselves every morning. We would not need to take it necessarily this way; we could turn it positively: “I decided I could get whatever I wanted, if I really wished it”.

The fish and the sharks, the other characters in the novel, represent the complications that come across in life. They are secondaries, but without them there would not be story at all. The fish is his aim, Santiago’s dream; but the sharks take away his dream (only apparently, of course). Santiago first wants the fish, then he hates the fish, at the end he admires the fish and considers him superior (even after he wins the battle); and of course he hates the sharks, but understand them later, because they are part of the nature. And Santiago understands nature better than anybody else.

Manolo is maybe just a reflection of Santiago; someone who represents what was Santiago like in the past. And it is curious because they both have the same faith, dreams, hopes and exactly the same energy…. Perhaps the author only wanted to tell us that even after so many years Santiago is still the same passionate man he was once when he was just a child.

El viejo y el mar

Reseña del libro de Ernest Hemingway

Ernest Hemingway, novelista estadounidense, nació  en 1899 y murió en 1961. Su estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y lacónicos, y por la descripción emocional sugerida. Su vida y obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras son consideradas clásicos de la literatura en lengua inglesa.

Nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois, en cuyo instituto estudió. Trabajó como reportero del Kansas City Star, pero a los pocos meses se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia, durante la Primera Guerra Mundial. Más tarde fue enviado al ejército italiano y resultó herido de gravedad. Tras la Guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias.

A partir de 1927, pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volvió a España durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra., cargo que también desempeñó en la Segunda Guerra Mindial. Más tarde fue reportero del primer ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas.

Después de la Guerra, se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Hemingway utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: En la Guerra Civil Española, cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel; en la Segunda Guerra Mundial, al chocar con un taxi durante los apagones de guerra; y en 1954, cuando su avión se estrelló en África. Murió en Ketchum el dos de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta, en un acto de suicidio.

La vida de Hemingway es apasionante, constituyendo ésta un reflejo fiel de su personalidad. En esta entrevista entre José Zepeda, periodista de Radio Nederland, y José María Gatti, biógrafo del novelista, se puede entender algo mejor a este gran creador.

http://sites.rnw.nl/documento/GATTI%20HEMINGWAY%20(2).pdf

En 1952 Hemingway publica El Viejo y el Mar, una novela corta, convincente y heroica con la que ganó el premio Pulitzer de literatura un año después. En 1954 le fue concedido el premio Nobel.

Su última obra publicada en vida fue Poemas Completos, en 1960. Dejó sin publicar 3 000 páginas de manuscritos.

Son varios los asuntos que hay que destacar en esta genial y profunda obra. En cuanto a la trama, en esta novela, Hemingway cuenta la historia de un viejo y entrañable pescador, Santiago, que dedica su vida por entero a esta sufrida tarea. Concretamente, hace ya mucho tiempo que intenta capturar un enorme pez. Sin embargo, hace ya ochenta y cuatro días que el protagonista sale a la mar y vuelve con las manos vacías. La gente del pueblo se encuentra muy pendiente de él. Los más jóvenes se ríen. A otros, a los mayores del lugar, que le conocen mejor y saben de lo que en otros tiempos era capaz de hacer, les da pena. Sólo un muchacho profesa su amistad al viejo. Éste le enseñó a pescar cuando tan sólo contaba cinco años, y, por ello, se tienen un cariño mutuo muy acusado.

Un buen día, Santiago se hace a la mar, y, tras algún esfuerzo y ofreciéndole mucha carnada, el colosal y ansiado pez pica el anzuelo. Es este ejemplar tan grande, que consigue matarlo después de estar algunos días luchando con él, y haciendo gala de un vigor propio del mismo Sansón. El viejo intenta subirlo a la barca, pero el gran peso del animal no se lo permite; así que se dirige al puerto, con él atado en la parte trasera. Atraídos por la sangre que desprende el pez, aparecen unos tiburones que pretenden devorarlo. Se desata entonces una titánica lucha entre el viejo y los hambrientos tiburones, que convierten la travesía en un arduo e interminable camino. Poco a poco, esos feroces depredadores acuáticos conseguirán llenar su estómago con la carne del animal, dejando de él únicamente su espina dorsal.

Durante esa particular guerra, el anciano descubre la admiración que siente por ese pez, que ha constituido su mayor desafío. Una parte del alma del pescador desaparecerá con él bajo el mar.

Se trata de una trama sencilla, pero nada simple. Es grandiosa la capacidad que tiene Ernest Hemingway para que una historia, en apariencia llana, se torne la más emocionante de las aventuras, y que, además, contenga la profundidad de la que goza esta historia: tanta como el espacio en el que se desarrolla la acción.

Este espacio es el mar, fundamentalmente. Santiago habita en un pueblo costero, y, aunque en parte de la acción se encuentre ahí con el muchacho, la mayor parte de la novela se desarrolla en la mar. De hecho, cuando está en el pueblo, sólo piensa en coger la barca y adentrarse en el gran azul.

En cuanto al tiempo, la acción se desarrolla en unos pocos pero intensos días. Aunque bien cierto es que el protagonista recuerda, y esto también forma parte de la acción y, por tanto, del tiempo; rememora  tiempos de su juventud en los que era más fuerte o más ágil. Esta historia tiene lugar en el siglo XX. Se la contaron a Hemingway en 1935. El protagonista era un viejo pescador cubano.

La acción nos viene dada de la mano de Santiago, un pez, unos tiburones y un muchacho. Pero, principalmente, existe acción gracias a su protagonista y a su relación con ese magnífico pez y tiburones con los que guerrea.

Esa lucha del hombre y el animal solos, frente contra frente, compone una parábola sobre el individualismo que extrae el pescador de su derrota ante las fuerzas de la naturaleza, del destino. Supone, además, la íntima convicción de que su denodado intento y su negativa a darse por vencido, a pesar de todo, crean ya una victoria. “Si un hombre hace frente con valor a su destino y lo acepta con entereza, luchando hasta el límite de sus fuerzas, nunca podrá considerarse derrotado; porque el hombre no está hecho para la derrota: Un hombre puede ser destruido (entiéndase en sentido físico), pero no derrotado”, nos dice Hemingway en boca de Santiago.

Santiago es muy vivo, no en el sentido de que demuestra una agilidad aplastante, sino que es vivo en cuanto que el autor ha creado verdadera vida con este personaje. Consigue que el lector se meta en la historia y se convierta en un nuevo acompañante de Santiago. El viejo pescador, con sus sabios y breves monólogos en la barca sobre asuntos de la mar y sobre otros tiempos, y con sus intentos de diálogo con el gran pez, hace que la acción de esta sencilla trama se convierta en majestuosa.

Otro factor que contribuye a formar la acción de la obra es la admirable capacidad que posee Hemingway para describir la realidad. Hoy día, en las novelas, esta facultad se ha perdido casi totalmente. Según Linda Seger, famosa escritora de guiones de cine, en filmes, libros, documentales… el autor debe introducir elementos sorpresivos y de suspense, continuamente, pero con intervalos de descanso. Todo ello, naturalmente, para conseguir enganchar al espectador, lector u oyente. No creo que nadie piense que sean negativos estos elementos en un escrito. Sin embargo, mantengo que el entendimiento y la forma de llevar a la práctica esta teoría son totalmente erróneos. No es menester, como se observa últimamente en libros y películas, la introducción de tales factores de manera robótica. Es decir, que no por meter más y mayores enredos, la obra va a ser mejor. Hemingway alcanzaba esos objetivos de los que hablaba Séger, sin recurrir a la inclusión de vulgares líos en la trama. Por el contrario, este magnífico autor sabía a la perfección describir, narrar; que es el don que se necesita para escribir bien.

Además, hay que señalar que esa impresionante y perfecta capacidad descriptiva va acompañada en todo momento por una inaudita amenidad y fluidez, digna, solamente, de los más grandes escritores.

En otro orden de factores, El Viejo y el Mar supone una obra sobre la psicología de un anciano y sobre la ambición de las personas. Hay gente que quiere poder, dinero… Santiago quería un pez. Un pez que le daría dinero, pero, sobre todo, plenitud, y, por qué no, orgullo. Un orgullo que necesitaba demostrar desde hacía ya un tiempo. Eso es lo que le llena. Ese animal encarna sus más preciados deseos, y, sin él, su vida no estaría completa. Trata, pues, el tema de los sueños. No sólo de los sueños que uno tiene durante la noche, que, por cierto, Santiago tiene muchos, sino de los sueños que todos ansiamos para realizarnos.

En el libro se relata la consecución de un sueño, y, en apariencia, también el desvanecimiento de éste. Sin embargo, ello no ocurre. No se ha cumplido el sueño de Santiago para después arrebatársele. Es cierto que él quería que todos admirasen su pez, pero no ocurre así, probablemente porque hubiese supuesto un elemento irreal en la historia (era imposible que no se acercasen los tiburones para comerse al pez). La gente puede ver, así y todo, la espina dorsal del animal. Él lo ha pescado y con eso basta. Más aún, si el autor del libro hubiese querido que ni siquiera esa espina hubiese llegado al puerto, la esencia de la historia hubiese sido la misma. Santiago habría pescado el pez, igualmente, que es lo verdaderamente importante. El hecho de que los demás no se hubiesen enterado nunca, daría igual. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el viejo no sólo quería pescar tal ejemplar, sino que formaba parte de su sueño enseñarlo a los demás, por ese orgullo que necesitaba demostrar desde hacía ya un tiempo. Santiago, la gente del pueblo y el lector; todos en definitiva, nos damos cuenta de que el viejo no ha perdido la batalla.

Me impresiona el dolor que sufre el viejo por capturar el pez, tanto físico como moral, aunque en mayor medida, el físico, y, por supuesto, cómo es descrito ese malestar, todo ese sufrimiento. El autor hace que sintamos el malestar del que habla en nuestra propia carne.

Acerca de los personajes, hay que decir que son dos los principales, sin contar al pez, que bien podría considerarse como otro más. Sin embargo, se trataría de uno muy secundario, aunque sólo por el mero hecho de no hablar, ya que, con su inagotable aguante, consigue crear la historia, junto con el viejo.

Continuando con este orden inverso de importancia de los personajes, y para dejar lo mejor para el final, hablaré del chico: Manolo. No hay mucho que decir de él, ya que son breves sus intervenciones en la obra. Sin embargo, todo lo que se debe contar sobre Manolo es positivo. Se trata de un muchacho educado, amable, servicial, responsable… Pero, sobre todo, lo más importante es que adora a Santiago. Estaría dispuesto a hacer lo que fuera por él, porque, en cierto modo, fue quien le dio la vida (al haberle enseñado cuanto sabía; al haberle mostrado ese maravilloso mundo de la pesca). Es, sobre todo, un muchacho agradecido, una cualidad difícil de encontrar, ya que, como dijo una vez Dostoyevski en palabras del hombrecillo del subsuelo: “El hombre es el ser ingrato por excelencia”.

Por último, Santiago. Hay un sinfín de cosas que decir sobre él. En primer lugar, se trata de un hombre muy sabio: esa inteligencia que proporciona la experiencia. Esto se demuestra en un gran número de circunstancias que se relatan en el libro. Por una parte, el viejo sabe que la gente del pueblo se ríe de él, pero va por la vida como si no lo supiese y no le importase; una actitud sabia y necesaria. Aunque lo cierto es que sí le molesta. Por ello es también por lo que quiere pescar el gran pez.

Santiago es la personificación de la experiencia, además, y esto se ve cuando habla o piensa en alta voz, ya que dice cosas con una seguridad y un sentido inauditos. Santiago es un hombre muy sensible. Esto lo demuestra, por ejemplo, cuando continuamente atribuye a los peces características propias de los humanos. Este antropomorfismo lo demuestra con frases como: “Los delfines son buena gente”. Demuestra, además, humildad al pensar que el pez tiene un plan, que es más hábil y más noble que él… Por otra parte, es curioso y divertido el hecho de que considere a los animales y a los astros como hermanos suyos, y, por el contrario, desprecie de alguna manera a esa gente del pueblo que no se porta bien con él. En una ocasión dice que su pez tiene una gran dignidad, y que mucha gente no sería digna de comerle.

Santiago es un hombre pasional, sin duda. Ello se demuestra en su actuación al pescar, en ese afán que tiene cuando se sube a su barca. Pescar es su vida, y lo sabe todo sobre tal arte. Es un privilegio ver (en la imaginación de uno) cómo disfruta con su trabajo. Un trabajo que a él no le supone como tal, sino que significa un auténtico honor: la felicidad.

Santiago es, además, un hombre sencillo. Pero lo que más caracteriza a nuestro viejo pescador es, sin asomo de duda, su fe, su esperanza, sus ánimos. En una conversación con el muchacho, se habla de la fe que tienen los dos. Se trata de una breve frase, pero que, a mi juicio, tiene una fuerza importante en la obra, ya que ella trata, principalmente, el tema de la fe en los sueños. El muchacho dice: “Papá no tiene mucha fe”, a lo que Santiago contesta: “No. Pero nosotros sí ¿verdad?”. “Sí”, responde el muchacho con rotundidad. En otra ocasión, el viejo Santiago recuerda un capítulo de su juventud en el que venció a un fuerte atleta negro y concluyen sus pensamientos con una sentencia, que estremece por la seguridad que encierra: “Decidí que podía derrotar a cualquiera, si lo quería de veras”.

Una frase que define a la perfección a Santiago, y que debería ser lo primero que todos dijésemos por la mañana. No tiene por qué entenderse con literalidad, sino que se puede tomar una variación de la sentencia, y con un sentido más positivo, aunque con la misma significación; es decir, se podría decir: “Decidí que podía conseguir cualquier cosa, si lo quería de veras”.