Que me mate otro

Ayer también pasé la noche en vela intentando idear un nuevo método para acabar con mi sufrimiento.

 

Como me estaba costando tanto acabar con mi vida por mis propios medios, pensé que quizá otro podría hacerlo por mí. Primero se me ocurrió Paco. Podría iniciar una pelea con él, pero luego me di cuenta de que Paco nunca me mataría, le hiciese lo que le hiciese. Aunque hacerle… Veamos ¿qué podría hacerle yo? ¡Nada!, vista mi ineptitud para llevar a término los atentados contra mi propia vida. En fin, Paco nunca me mataría. Me dejaría de lado, pero nunca me mataría.

 

Sin embargo… podría iniciar una pelea en la calle. En la calle todos son unos salvajes. A la mínima ya te estás creando problemas. Así que me levanté decidido a provocar que otros hiciesen el trabajo sucio de acabar con mi vida. Tardé  unas cuantas horas hasta que encontré lo que buscaba. Ahí estaba: un tipo grande, negro, con pinta de duro. Buscaba pelea, no cabía duda. Ése iba  a ser el momento: mi asesinatomanipuladoguiónsuicidio.

 

Me acerqué lentamente, le miré a los ojos, y…le lamí la cara. Así, como lo oís. Le chupé media cara, de arriba abajo. Eso cabrea a cualquiera ¿no? Bueno, pues va el tipejo y no se le ocurre otra que chuparme a mí la mía, con cara de placer. ¡Será guarro! ¿Es que ya no hay decencia en el mundo? Me fui de allí cagando melodías, como decía una de mi pueblo. Intento número… ya no llevo ni la cuenta… fallido. Mierda.

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