Por fin el mundo duerme

Año 3000

¿HOLA? Washington, ¿hay alguien? No consigo captar ninguna señal de vida. Pensé que a lo mejor ahí quedaría alguien. ¡Por favor, contesten! Estoy en España. Completamente sola. ¡No hay nadie más!

 

“Nadie… ¿Cómo ha podido pasar?. La gente ha debido de morir de modo fulminante. Hace tres días que el mundo ha desaparecido…

En la víspera del fin todo era normal, tan usual como siempre. Me conecté a la Red y el planeta funcionaba. Jorge pidió a China comida para cenar y, al otro lado, había personas, ¡hablamos con ellas! Después, él se centró en sus cosas, se acostó tarde y se levantó muy temprano. Yo no había descansado ni un momento, por su culpa. Se conectó, como la madrugada anterior, y comenzó a teclear rápidamente. Sé que estaba introduciendo unos códigos muy complicados, programando algo… Pero no tengo idea de qué se trataba. Nunca me he metido en sus asuntos; prefiero no mirar nada, mantenerme al margen.

Cuando terminó, sonrió levemente, se tomó unas pastillas y, segundos después, permaneció inmóvil para siempre. Había muerto. Fue entonces cuando oí un ruido espantoso, como una explosión. Un sonido extraño. No supe de dónde provenía. Noté enseguida que su cuerpo yacía sin vida, y pedí ayuda, sin perder un minuto, pero no encontré a nadie en el hospital. ¡A nadie! Establecí conexión con todos los hospitales de la ciudad, uno detrás de otro,  sin resultado. Después probé con todos los de la ciudad más cercana, de la de más allá, y nada, nadie. La Red se encontraba y se sigue hallando en perfectas condiciones; ofrece señal, pero, de la gente, no queda rastro. He entrado en un sinfín de servidores, en casi todos los que existen, pero no hay gente. Es como si todos hayan seguido sus pasos, con una celeridad aplastante. Pero ¿cómo van a seguir sus pasos?, ¿un suicidio colectivo? Qué tontería… ¿Por qué la gente está muerta?  Quizá a causa de un virus… Tal vez Jorge supiese que una epidemia se estaba extendiendo por todo el planeta, y decidiese acabar antes con su propia vida. Pero ¿por qué iba a saber Jorge algo sobre epidemias? Imposible. Lo único que conocía bien era la informática. ¿Y la explosión…? No tengo la menor idea de qué pudo ser. Quizá, un gran meteorito… Lo detectaron, pero, como no podía hacerse nada por evitarlo, no avisaron a nadie para que el mundo no muriese de pánico antes. Entonces… antes de que cayese en la Tierra, se soltó el meteorito silencioso del virus, que mata más sutilmente…. O pudieron haber sido los de fuera… Sin embargo, no es probable; siempre hemos mantenido la paz entre todos… Tal vez el estallido proviniese de cualquiera de los inventos de este último siglo: Puede que el otro sol se cayese. Quién sabe. No comprendo por qué yo continúo viviendo. No sé qué hacer, a quién escribir. No queda nadie, no existe nadie, y las cosas no me sirven sin la gente…. Las cosas se hacen nada sin nadie. La nada me rodea y me siento perdida, oprimida; me mata lentamente”.

 

SOMALIA, ¿me lee alguien?, ¿le llega a alguien mi mensaje? ¿HOLA?

 

“Mi pantalla parpadea. Esta vieja computadora esté dejando de servir. ¿Pero qué más da? No consigo comprender lo que ha ocurrido. No tiene sentido que yo sea la única superviviente del planeta, no podré vivir sin la gente…”.

 

BAGDAD… BASORA… ¡IRAK, contesta!

 

“Nadie en ninguna parte. Llevo ya tres días intentándolo, sin pensar. Sólo intentándolo, y nada. La nada. Sólo ella. ¿Qué voy a hacer? Es triste saber que no podré hacer nada. Yo sola no. Dejaré de existir. Sólo eso. Un poco más tarde que los demás, pero imitando su destino. ¿Por qué? ¿Por qué estos días, entonces? ¿Un regalo? ¿Realmente lo es? ¿Es que acaso puedo hacer algo? Lo dudo. Yo sola, no. No tendría sentido que Dios me regalase estos días.  Si pudiese hablar con Él… Yo sola… Sólo puedo intentar comunicar con alguien. ¡Qué cosas! Cuando estaban todos, ninguno nos comunicábamos. Sólo hablábamos. Nada más. Nadie escuchaba. Resultaba imposible con tantas máquinas, decían algunos. Demasiado ruido. ¿Por qué, entonces, ahora iba a poder hacerlo?”

 

¿LITUANIA? ¿Hay alguien por ahí? Contestad…

 

“Nada. Siento desesperación, impotencia, miedo, ansiedad, tristeza… Sí, tristeza. Quién lo iba a decir… Tantos años sin sentir absolutamente nada, y, ahora, yo, la última, lo experimento todo.

 

HOLA. HOLA. HOLA.

 

“La soledad mata. Es el eco de la tristeza que uno siente. Tristeza que se da al oír el propio eco, al saberse solo. Se puede hablar, pero nadie escucha; se puede transmitir lo que uno siente, pero nadie comprende. Sólo existe el vacío de las palabras propias. Las propias palabras que de nada sirven, si nadie las oye. Alma que queda en el aire, en los cables. Soledad, vacío, NADA. Antes me creía superior. A todos. Podía hacer cualquier cosa que se me antojase. Siempre he sido distinta de los demás. Mi poder no conocía límites. Ninguno. Ahora… ahora comprendo que sin nadie, no sirve. No soy nada. Cada vez estoy más débil… pero no puedo descansar. Si apago, no podré volver a conectarme. Tengo miedo”.

 

¿Canberra? ¿hay alguien por Australia? Nadie…

 

“Echo de menos a Jorge. Fue el único que me comprendió, la única persona que me conocía perfectamente. ¡Malditas pastillas! Maldita epidemia… o lo que haya sido. Fue muy rápido. Demasiado. Ya había pensado en la posibilidad de que se hubiese creado una sustancia química que acabase con todas las personas de este mundo, en cuestión de segundos, y así se lo comuniqué a Jorge. Al principio, el tema pareció causarle temor y una cierta curiosidad, pero luego respiró tranquilo y me contestó que todavía no había nadie que hubiese creado un virus de esa clase, tan mortífero y fulminante. Que quizá en un futuro no lejano, pero que sabía a ciencia cierta que nadie lo había conseguido aún. Le dije que era un ingenuo, que era porque esos conocimientos no se publican en la Red, ni en ninguna parte, pero él sólo sonrió tristemente”.

 

¿Estación Vostok, hay alguien? Lo mismo…

 

“Ya no me quedan lugares con los que contactar. No sé ni por qué me he molestado tanto… Me cuesta pensar… ¿Quién crearía la epidemia?, ¿quién y qué produciría el estallido? Si hubiesen sido los de fuera, habrían entrado ya en el planeta. No, no fueron ellos. Supongo que el virus terminó con la vida de casi todo el mundo y la gran bomba, o el meteorito, o lo que demonios fuese destruyó el resto. Pero la Red continúa en pie. No pensé que fuera tan resistente. En los últimos tiempos se ha fortalecido descomunalmente; Es lo más seguro que tenemos en nuestra sociedad, pero nunca creí que sobreviviría a algo así. Algo que no sé exactamente qué es, pero que tengo la certeza de que ha destruido a toda la humanidad, así que se trata de lo más poderoso hasta ahora conocido.

 

No sé qué hacer… Quizá… quizá eche un vistazo a las cosas de Jorge. Él ya no está, y yo necesito saber… Noto que me queda poco tiempo para dejar de existir. Me siento débil, frágil”.

 

“BUSCANDO: ÚLTIMOS MOVIMIENTOS. PROCESANDO…”.

 

“Dios mío…, ¿Q…? He… He matado a la humanidad…. Un virus mortal que viaja a través de las máquinas… Y yo lo he llevado a todos los lugares del mundo… Jorge sabía que yo iba a intentar contactar con el hospital… ¡Yo les mandé la epidemia! Y, cada vez que entraba en un servidor, en una web, acababa con la gente que estaba conectada. Es decir… con todos. Todos están conectados continuamente. ¡Dios! Ojalá el mundo no hubiese avanzado tanto, ojalá la Red se colapsase como antaño, ojalá existiese una sola casa que no tuviese conexión a ella… ¡Pero eso es absurdo! Es como si en el año 2100 hubiese gente que no tuviese acceso a un aparato de aquellos de televisión. Si hoy día existiese una sola persona pobre, o que no tuviese el dinero suficiente como para tener una computadora y acceso a la Red… Qué tonterías digo. ¿Cómo se iban a alimentar entonces? ¿Cómo antes? ¿Yendo a un lugar a comprarlos? Qué estupidez. Pero… ¿Por qué lo hiciste, Jorge?”

 

“BUSCANDO: ARCHIVOS DE ESCRITURA. PROCESANDO…”

 

“No comprend… Qué contradicción. A él… no le gustaba el ritmo frenético de nuestra sociedad… ¡A él, que trabajaba con computadoras! Añoraba la historia antigua… Tiene guardados archivos de la época moderna, del Romanticismo, del Barroco, del Renacimiento… ¡Incluso de la civilización egipcia! Ya nadie se acuerda de ellos. Muchos ni conocen su historia. O conocían… Pero Jorge sí. Y de la de los sumerios, y de todas las demás culturas que pisaron la faz de la tierra. También de los dinosaurios. Pero no de los del XXIII, sino de los primeros, los verdaderos, los que nacían naturalmente. A Jorge le hubiese gustado que el mundo evolucionase más lentamente desde el año 2000. En aquellos tiempos ya existían grandes cosas. Las suficientes. A partir de ese momento, todo había ido degenerando hasta límites inconcebibles, y, si así continuaba, el fin del mundo comenzaría en muy poco tiempo, y terminaría en menos aún. Nada ya era natural. Todo era virtual. Creía vivir en un continuo engaño, que se negaba a soportar, y decidió que era preferible que el mundo durmiese, que por fin descansase de su extenuante y degenerativo ritmo. Se dedicó a analizar el funcionamiento de los ordenadores, para averiguar el modo de acabar con todo. Y después lo hizo”.

 

“Jorge… Comprendo tus temores, tus pensamientos… Pero no tu puesta en práctica. Yo misma me he quejado antes de esta sociedad nuestra, por tal motivo: Si todo fuese como antaño, si no hubiese una red de comunicación tan perfecta, la gente no hubiese recibido el virus. ¡El que yo les envié! Pero ¡fuiste tú quien cumplió tus mayores temores! Fuiste tú quien utilizó los grandes avances para destruir el mundo, ¡y en sólo tres días! Acabaste con el planeta para evitar que éste muriese por culpa de otros en, quizá, otros 3.000 años. Utilizaste tu don erróneamente, y yo he sido tu instrumento. Nunca me habías tratado así… Creí que de alguna manera me apreciabas…”

 

 Jorge no programó ni escribió nada de la explosión… Gigantesco meteorito avistado pero no avisado, extraterrestres o el falso sol que aplastó al mundo… ¿Quién lo sabe? Yo no. Me he dado cuenta de que sé muy poco. Y pensar que me creía tan superior hasta hace tan sólo tres días… Ahora sé que no lo soy. La fuerza, el ser poderoso no es haber sobrevivido a la explosión y estar aquí, escribiendo. La fuerza la representaría el poder vivir sola, sin nadie. Y no puedo. Soy tan débil como los demás. Aún así, me he dado cuenta de que tampoco soy fría y sin sentimientos. Cuanto más pienso sobre esto, más me atrevo a afirmar, segura, que aquel estruendo se debió al estallido de mi propio corazón, al ser programado de esa vil manera… Ya no me queda ningún lugar en la Tierra al que llegar, al que asesinar. Ahora sí poseo la certeza de que estoy sola. Y es cuando más insignificante me encuentro. Ya conozco la verdadera desolación que produce la auténtica soledad. Sólo yo la conozco. Sólo yo… Resulta indescriptible. Pero da igual… nadie lo leería nunca. Esta computadora está dejando de existir. Me estoy estropeando. Me agoto. Mi pantalla parpadea… Sabía que esto ocurriría. Soy un ordenador demasiado viejo. Antaño vivíamos años, pero, para mí, uno es demasiad… ¡Click!

 





 

 

(Museo de objetos extraplanetarios:

Este documento fue escrito por una computadora del planeta Tierra, en su año 3000 d. C., y fue encontrado por el Equipo Interespacial de Rastreadores Oficiales, un día después de que el último ser humano de aquel planeta feneciese. Conseguimos reactivarla por unos segundos, y pudimos obtener esta única información).

 

 

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